Nublado, el Rey de los cuervos, estaba muy preocupado: cada noche, cuando se ocultaba el sol, aparecía Feroz, el monarca de las lechuzas que, acompañado por algunos de sus súbditos, atacaba a los cuervos que vivían con él y que, en la oscuridad, no podían defenderse.
Harto, decidió consultar a sus ministros.
"Haz las paces con las lechuzas", le aconsejó Nuevavida, "ya que:"
Si quieres saber lo que pienso
nunca luches contra el fuerte.
¿Quién ha visto a una nube
avanzar contra el viento?
Pero Vuelvealavida le recomendó hacer lo contrario:
Con quien falta a la verdad
nunca se debe hacer una alianza.
Aunque se comprometa
su malicia le hará romper cualquier pacto.
Vivelavida tenía una opinión muy distinta:
Retirarse es lo mejor
ya que te abre dos puertas:
salvar la vida
y prepararse para ganar.
El criterio de Miralavida era también otro:
Un solo hombre, firme en su puesto,
puede combatir a cien enemigos,
por poderosos que sean.
Jamás abandones tu país.
Largavida añadió otro punto de vista:
Aunque sea débil una caña
con las otras coge y de fuerza
para resistir malostratos,
como hacen los reyes unidos contra un enemigo.
En último lugar, Vidafirme también dió su opinión:
Mira con desconfianza
las medidas de paz y de guerra.
Busca tus objetivos
haciendo siempre lo que más convenga.
Sin saber qué era lo mejor, Nublado se dirigió a Vidafuerte, el antiguo consejero de su padre, que, después de escucharle atentamente, le dijo:
Las vacas ven por el olfato,
las Escrituras sirven a los brahmanes
y las gentes usan los ojos.
El Rey percibe gracias a los espías.
Y, como nos cuenta el Panchtantra, así fue como - después de seguir la recomendación del ministro paterno y enviar espías a todas partes - el Rey de los cuervos supo lo que debía hacer.
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lunes, 7 de mayo de 2018
jueves, 7 de septiembre de 2017
PANCHATANTRA. LA FÁBULA DE LA LIEBRE Y EL LEÓN (*)
- ¿Os ha quedado claro? - dijo el león Bhasuraka a los animales que habían ido a parlamentar con él. Y añadió: - A partir de ahora, cada mediodía sin falta, me mandáis a uno de vosotros para el almuerzo.
Resignados, desde aquel día, ciervos, jabalíes, búfalos y los demás animales del bosque, suministró, por turno, a uno de ellos para satisfacer las exigencias del león.
Cuando le llegó el turno a la liebre, mientras iba hacia la guarida en la que la esperaba el sacrificio, no dejaba de cavilar:
¿En qué puede la inteligencia no prevalecer?
¿En qué puede fracasar la determinación?
¿Qué puede no ser dominado un reto bien pensado?
¿Qué puede no ser vencido por el coraje?
Cuando llegó ante Bhasuraka ya tenía pensada la solución, pero, en cuanto la vio, el león le dijo con voz feroz: - ¿Crees que éstas son horas de postrarte ante mi? ¡Me estoy muriendo de hambre! Además, eres tan pequeña que contigo no tengo ni para el aperitivo.
La liebre les respondió: - Perdonad, Majestad! Como soy tan poca cosa, los demás animales me han enviado ante Vos con cinco compañeras más, pero, a medio camino, nos ha salido al paso un colega vuestro.
- ¿Dónde vais? - nos ha preguntado. - Somos el almuerzo de Bhasuraka - hemos respondido.
Entonces aquel león se ha comido a mis cinco compañeras y me ha gritado: - Este reino me pertenece a mi. Ves a buscarme a ese Bhasuraka. ¡Que venga aquí ahora mismo! ¡Ya le enseñaré yo quién manda aquí!
- He venido enseguida, Alteza, pero el encuentro me ha retrasado y por eso...
Mientras la liebre hablaba, Bhasuraka se iba enfureciendo más y más, hasta que, dando voces y gesticulado, la interrumpió:
- Llévame donde está impostor. ¡Ya! Él pagará por todos vosotros. Le voy a enseñar quien manda aquí ahora mismo, porque todo el mundo sabe que:
Quien no aplasta al nacer
enfermedad o enemigo,
por eso que deja crecer
pronto será destruido.
La liebre recordó la sentencia:
El guerrero que,
en loco deseo por la batalla,
no compara las fuerzas enfrentadas,
caerá como polilla entre las llamas.
pero, lógicamente, no dijo nada y condujo a Bhasuraka hasta un pozo que conocía.
- Está aquí dentro - le dijo, señalando su interior.
Entonces, Bhasuraka se asomó con un gran rugido. Viendo su propio reflejo en el agua del fondo y, escuchando el eco de su propio bramido, creyó que su rival le retaba, se precipito dentro del pozo para matarle y él solo se ahogó.
Y así es como una modesta liebre, con su ingenio, venció a un enemigo mucho mayor, porque ya lo dice y lo repite el dicho:
Quien es listo, es fuerte;
pero, ¿pueden juntarse furia y cordura?
La liebre utilizó la rabia sin control
para llevar al león hasta la muerte.
(*) Esta narración proviene de la obra escrita en sánscrito en el siglo III aC, conocida como Panchatantra. La obra recopila un par de centenares de divertidas fábulas interconectadas que muestran y proponen soluciones a los comportamientos propios de las relaciones humanas.
Resignados, desde aquel día, ciervos, jabalíes, búfalos y los demás animales del bosque, suministró, por turno, a uno de ellos para satisfacer las exigencias del león.
Cuando le llegó el turno a la liebre, mientras iba hacia la guarida en la que la esperaba el sacrificio, no dejaba de cavilar:
¿En qué puede la inteligencia no prevalecer?
¿En qué puede fracasar la determinación?
¿Qué puede no ser dominado un reto bien pensado?
¿Qué puede no ser vencido por el coraje?
Cuando llegó ante Bhasuraka ya tenía pensada la solución, pero, en cuanto la vio, el león le dijo con voz feroz: - ¿Crees que éstas son horas de postrarte ante mi? ¡Me estoy muriendo de hambre! Además, eres tan pequeña que contigo no tengo ni para el aperitivo.
La liebre les respondió: - Perdonad, Majestad! Como soy tan poca cosa, los demás animales me han enviado ante Vos con cinco compañeras más, pero, a medio camino, nos ha salido al paso un colega vuestro.
- ¿Dónde vais? - nos ha preguntado. - Somos el almuerzo de Bhasuraka - hemos respondido.
Entonces aquel león se ha comido a mis cinco compañeras y me ha gritado: - Este reino me pertenece a mi. Ves a buscarme a ese Bhasuraka. ¡Que venga aquí ahora mismo! ¡Ya le enseñaré yo quién manda aquí!
- He venido enseguida, Alteza, pero el encuentro me ha retrasado y por eso...
Mientras la liebre hablaba, Bhasuraka se iba enfureciendo más y más, hasta que, dando voces y gesticulado, la interrumpió:
- Llévame donde está impostor. ¡Ya! Él pagará por todos vosotros. Le voy a enseñar quien manda aquí ahora mismo, porque todo el mundo sabe que:
Quien no aplasta al nacer
enfermedad o enemigo,
por eso que deja crecer
pronto será destruido.
La liebre recordó la sentencia:
El guerrero que,
en loco deseo por la batalla,
no compara las fuerzas enfrentadas,
caerá como polilla entre las llamas.
pero, lógicamente, no dijo nada y condujo a Bhasuraka hasta un pozo que conocía.
- Está aquí dentro - le dijo, señalando su interior.
Entonces, Bhasuraka se asomó con un gran rugido. Viendo su propio reflejo en el agua del fondo y, escuchando el eco de su propio bramido, creyó que su rival le retaba, se precipito dentro del pozo para matarle y él solo se ahogó.
Y así es como una modesta liebre, con su ingenio, venció a un enemigo mucho mayor, porque ya lo dice y lo repite el dicho:
Quien es listo, es fuerte;
pero, ¿pueden juntarse furia y cordura?
La liebre utilizó la rabia sin control
para llevar al león hasta la muerte.
(*) Esta narración proviene de la obra escrita en sánscrito en el siglo III aC, conocida como Panchatantra. La obra recopila un par de centenares de divertidas fábulas interconectadas que muestran y proponen soluciones a los comportamientos propios de las relaciones humanas.
miércoles, 24 de junio de 2015
"LA UNIÓN HACE LA FUERZA", DICEN LAS PALOMAS DEL PANCHATANTRA
Cuando aquella mañana, Chitragriva (Cuello Irisado), el rey de las palomas, buscaba el desayuno para sus súbditos, descubrió un montón de granos de arroz bajo un árbol.
Se puso muy contento, pero no sabía que se trataba de una trampa: un cazador quería atrapar con sus redes a todos los pájaros que fueran a alimentarse.
Por eso, cuando las palomas comían satisfechas, quedaron aprisionadas por las mallas.
Pero Chitragriva mantuvo el ánimo firme y, tras pensar unos minutos, tranquilizó a su séquito:
Quien, en las dificultades,
conserva la cabeza clara,
con la ayuda de su inteligencia
vence todas las dificultades.
Entonces, cada paloma, al tiempo que las demás, cogió un trozo de hilo con el pico y levantó la red por encima de sus cabezas.
Así, todas juntas, consiguieron escapar.
Las cosas pequeñas, cuando se juntan,
se hacen más fuertes.
Los hilos de algodón, cuando se trenzan,
son imposibles de romper.
Esta historia proviene del Panchatantra, un recopilación de antiquísimas fábulas de animales, recopiladas en la India, en sánscrito, en el siglo III aC.
Traducido y versionado desde entonces en todo el mundo, a veces íntegramente, a veces de forma parcial, el Panchatantra, con éste o con algún otro título, jamás ha dejado de contarse.
Y siempre con los mismos propósitos: distraer, divertir, instruir...
Se trata de una verdadera enciclopedia de sabiduría popular.
¡Incluso las palomas lo saben!
Se puso muy contento, pero no sabía que se trataba de una trampa: un cazador quería atrapar con sus redes a todos los pájaros que fueran a alimentarse.
Por eso, cuando las palomas comían satisfechas, quedaron aprisionadas por las mallas.
Pero Chitragriva mantuvo el ánimo firme y, tras pensar unos minutos, tranquilizó a su séquito:
Quien, en las dificultades,
conserva la cabeza clara,
con la ayuda de su inteligencia
vence todas las dificultades.
Entonces, cada paloma, al tiempo que las demás, cogió un trozo de hilo con el pico y levantó la red por encima de sus cabezas.
Así, todas juntas, consiguieron escapar.
Las cosas pequeñas, cuando se juntan,
se hacen más fuertes.
Los hilos de algodón, cuando se trenzan,
son imposibles de romper.
Esta historia proviene del Panchatantra, un recopilación de antiquísimas fábulas de animales, recopiladas en la India, en sánscrito, en el siglo III aC.
Traducido y versionado desde entonces en todo el mundo, a veces íntegramente, a veces de forma parcial, el Panchatantra, con éste o con algún otro título, jamás ha dejado de contarse.
Y siempre con los mismos propósitos: distraer, divertir, instruir...
Se trata de una verdadera enciclopedia de sabiduría popular.
¡Incluso las palomas lo saben!
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