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domingo, 17 de octubre de 2021

ÉPICA SÁNSCRITA. TAMBIÉN EN EL SIGLO V... ¡ Y EN EL XXI !

Durante el rojo Sacrificio que fue la batalla - el arco era el estandarte, la ira, el fuego, el campo de batalla, las brasas, los gritos de los valientes soldados, los cantos védicos, las flechas, las palabras y los reyes eran la madera - Parasurama sacrificó a Sahasarjuna como si se tratase de una inmolación.

A pesar de su obvia sonoridad épica, este texto no pertenece a ningún poema antiguo como los a menudo comentados en estas Cartas. Se trata, por el contrario, de un breve fragmento del Shribhargavaraghavi, una de las popularísimas obras del prolífico autor contemporáneo Rambhadracharya, sobre Rama y Parasurama, dos de los grandes protagonistas del conocido Ramayana, que es, como sabemos, uno de los gigantescos poemas del sánscrito clásico.  

GRANDES POEMAS

Los literatos de esta lengua, conservada sorprendentemente invariada durante más de tres mil años, parecen abducidos, ya desde el principio de sus trayectorias individuales, por la poderosa literatura que les ha precedido y toman a menudo episodios de la misma como núcleo de sus propias obras.

Un claro ejemplo de ello es el autor del siglo V Kalidasa, uno de los grandes escritores de todos los tiempos, de quien se conservan tres obras de teatro, dos largos poemas de temática diversa y dos narraciones épicas compuestas en verso, todo ello inspirado en personajes, hechos y situaciones provenientes de los Vedas, del Ramayana y del Mahabharata.

Así, afortunadamente, podemos seguir leyendo textos como:

Tenía el Sol un halo enfermizo a su alrededor.  
Enrollándose en su interior, los ojos asustados podían ver               
Grandes serpientes retorcidas y alegres,                                            
Porque la muerte del demonio pronto tendría lugar. 

Esta práctica literaria es extraordinariamente prolífica y encontramos numerosos ejemplos anteriores y posteriores a Kalidasa y hasta las publicaciones actuales.

En la obra de todos estos autores destacan narraciones y poemas que retoman con ojos de todos los tiempos y también de los siglos XX y XXI temas inspirados en los clásicos más clásicos y que se conocen genéricamente como "mahakavya", palabra compuesta por "maha" (grande, como "mahatma", por ejemplo) y "kavya" (poema), es decir, obviamente, "gran poema". 

EL CASO RAMBHADRACHARYA
 
Rambhadracharya, el autor de la cita que encabeza esta Carta, es uno de estos autores, pero su actividad supera ampliamente la literatura ya que, además de poeta y autor teatral, es también un destacado líder espiritual, educador, estudioso de la lengua y de la literatura sánscritas, crítico literario, filósofo, compositor, cantante, bailarín y director de ballet.
 
Autor de más de 150 libros de todos los géneros, Rambhadracharya, además de la obra citada, ha escrito otros tres mahakavyas en los que podemos leer, por ejemplo:
 
Señor omnipotente, que eliminas la angustia de tus devotos, protégeme, que estoy siendo consumido por el feroz fuego de las penas que cae sobre el mundo, que carece de protector, que es ignorante y está atado a las cadenas del engaño.
 
PROFUNDO DESEO
 
El abanico de textos es amplísimo y otra estrofa de Rambhadracharya acerca a lectoras y lectores a ideas más inmediatas, a temas más cercanos a nuestros grandes deseos:
 
Quienes así cantan, llegan a los pies de Vishnu, la divinidad del equilibrio,
y nunca caen en el pozo del nacimiento y de la muerte. 
    

   

lunes, 14 de septiembre de 2020

ALGUNOS PENSAMIENTOS EN EL BOSQUE

 

Como un hombre abrazado por su amada, que no percibe nada, ni dentro ni fuera de él mismo, tampoco quien es escogido por el Ser infinito se da cuenta de nada, ni externo ni interno.

Esta es su forma verdadera, aquella en la que se han cumplido todos los deseos que eran anhelos del Ser. En ella no hay ni afanes ni sufrimientos.

(Brihadaranyaka Upanishad, IV, 3, 21.)

 

El texto anterior es un brevísimo fragmento del Brihadaranyaka Upanishad - literalmente el Gran Upanishad del Bosque, abreviado con las siglas BrUp -, probablemente el primero de la larga serie de textos filosófico-doctrinales que destiló la cultura sánscrita entre los siglos VII aC y XV dC y que, como sabemos y disfrutamos, continúan enriqueciéndonos.

 El Brihadaranyaka es, de hecho, la recuperación de algunas secciones del Satapatha Brahmana (una recopilación de rituales religiosos que incluye numerosos mitos sobre la Creación y el Diluvio), una parte a su vez de uno de los cuatro grandes textos fundacionales del hinduismo, el Yajur Veda, centrado igualmente en ceremonias y sacrificios, pero también con importantes textos de carácter más global.  

Como delata su propio nombre, el Brihadaranyaka pertenece a la tradición de los textos "Aranyaka" - es decir "del bosque" - que, con afán rupturista, dejan claro con su denominación genérica que se trata de reflexiones hechas lejos de las corrientes clásicas de cada época.

El Brihadaranyaka es uno de los textos fundamentales de las creencias hinduistas ya que explora las teorías del Vedanta (usualmente traducido como "Culminación de los Vedas" o también, y probablemente mejor, "Cumbre de la Sabiduría") y trata muchos conceptos tempranos y teorías primordiales para este conjunto de convicciones.   


CADA PERSONA ES EL UNIVERSO (Y EL UNIVERSO CADA PERSONA)

Como la mayoría de textos sánscritos, el Brihadaranyaka Upanishad está ordenado en libros, capítulos y finalmente estrofas que son las encargadas de exponer los temas propuestos, ya se trate de una narración - como es el caso de Ramayana, por ejemplo - o bien un contenido doctrinal, como este upanishad o el Bhagavad Gita, que ya conocemos.

El Brihadaranyaka incluye himnos sobre todo tipo de aspectos de la existencia humana, como, por ejemplo, la ética o el conocimiento de la realidad.

Según tu deseo es tu voluntad, según tu voluntad son tus actos, según tus actos es tu destino.

Eres bueno si haces cosas buenas, malo si cometes maldades. Siempre obtienes lo que haces.

(BrUp, IV. 4. 5)

De la irrealidad, condúceme a la realidad; de la oscuridad, condúceme a la luz; de la muerte, condúceme a la inmortalidad.

(BrUp, I. 3. 28)

También presenta enseñanzas sobre la creación del Universo, la naturaleza de lo percibido, el alma humana y su relación con Atman (el Yo, entre muchas otras posibles traducciones), la relación con el resto de almas y también sobre las premisas de la liberación, la realización de sí mismo y, lógicamente, Braman (el Absoluto).

Y, además de multitud de otros temas doctrinales y ontológicos, incluye reflexiones en torno a las características e indivisibilidad de las almas, de hecho una sola, inmanente y trascendente, y su unidad con todo el universo a través de los seres orgánicos e inorgánicos. 

 

UNA PERMANENTE INVITACIÓN

En la historia de las religiones y de la cultura indias, los upanishads juegan un papel esencial. Sus propuestas desarrollan las ideas espirituales dominantes y provocan e indican el paso desde el ritualismo védico a nuevos parámetros doctrinales y nuevas instituciones.

Se conocen 108 upanishads de los que los más tempranos fueron memorizados durante siglos por sucesivas generaciones y transmitidos oralmente.

Los primeros son anteriores a nuestra Era y, del resto, 95 forman parte del canon compuesto desde los últimos siglos del primer milenio aC y hasta el siglo XV. Los nuevos upanishads fueron recogidos en épocas más recientes y tratan a menudo temas no directamente conectados com los vedas.

Este Universo es una trinidad y está hecho de nombre, forma y acción. Los tres son uno: el Espíritu de Vida. Todo es uno y también los tres. 

El Inmortal está oculto por lo real. El Espíritu de Vida es el Inmortal. El nombre y la forma son lo real y ambos ocultan el Espíritu.

(BrUp, I. 6. 1)

Cuando creemos en la dualidad entre el sí mismo y el no sí mismo, lo que se ve, huele, saborea, percibe, escucha, toca y conoce parece otro.

Pero cuando todo es el Sí Mismo no hay conciencia de nada más que el propio Sí Mismo.

(BrUp, IV. 5. 15)  


  




jueves, 17 de noviembre de 2016

RV 10.146: PASEANDO POR EL BOSQUE CON LOS VEDAS, AHORA MISMO.



El bosque siempre nos está llamando. Allí buscamos riquezas y misterios. Y los encontramos.


Cada árbol, cada arbusto, cada matorral es el preámbulo de nuevas sorpresas y, a menudo, como luminosas chispas cruzando la noche, inesperados y fugaces movimientos delatan el paso de sigilosos animales o de veloces pájaros.



Y, en realidad, riquezas y misterios son lo que - según el himno 146 del décimo mandala del Rig Veda y nuestros propios paseos - hemos ido descubriendo:



Arayani, Aliento del Bosque

que pareces inmóvil,

¿porque no buscas morada?

¿no tienes miedo a nada?



Cuando el canto de los pájaros

acompaña al de los grillos,

paseas alegre,

como una Reina al son de los cascabeles.



Pero, en el atardecer,

parece que un rebaño pasta entre las sombras,

o que hay una casa al final del sendero,

y cada crujido intimida,



Se diría que alguien llama a su ganado,

o que corta leña con el hacha.

Quien se demora en el bosque

cree que cada sonido es un grito.



El Aliento del Bosque es benigno

(¡A menos que alguien se oculte!).

Allí se comen los frutos más dulces

y cada rincón es el mejor lecho.



Te alabo Selvática Madre.

¡Perfumada con ricos aromas,

regalas las cosechas

más sabrosas!



Este himno del Rig Veda - único dedicado al bosque y a su divinización entre los 1.028 que nos brinda - preludia el uso de estos parajes por los rishis védicos como lugares para sus búsquedas religiosas y espirituales.



Los resultados de estas especulaciones llevan el nombre de Aranyaka (literalmente, "hecho en el bosque") que, conjuntamente con los cuatro vedas y las meditaciones conocidas con el nombre de Upanishads, conforman los textos "shruti" o escuchados directamente de - o revelados por - las divinidades y empezados a recopilar hacia el 2000 aC.



Desde entonces los bosques (si convenimos en que la literatura, en el fondo, dice siempre la verdad) nunca han dejado de acoger curiosos soñadores de todas las condiciones. Los valores que los vedas identifican se nos revelan permanentes y universales.



Últimamente, por ejemplo, grupos y caminantes solitarios, llenos de expectativas de salud integral, peregrinamos por las numerosísimas arboledas de nuestras para tomar lo que eufemísticamente llamamos "baños de bosque".



¡Que Arayani - la diosa de todos los florestas, de todos los tiempos y de todas partes - nos guíe y nos acompañe en nuestros paseos!



(Y - ya que estamos en ello y si no es pedir demasiado- también en nuestras lecturas...)

miércoles, 19 de octubre de 2016

SHANTI, SHANTI, SHANTI. CANTAR A LA PAZ, EN PAZ



Se  trata de una realidad empírica que - más allá de teorías y de creencias - puede ser comprobada ahora mismo por el lector de este texto: repetir lentamente, tres veces, con plena conciencia, ya sea en voz alta o mentalmente, la palabra "shanti", llena el corazón de paz y la mente de calma.


En efecto, la palabra sánscrita shanti significa paz, y también tranquilidad, serenidad, calma, quietud y el resto de conceptos asociados a estas palabras. Su triple repetición tiene un origen antiquísimo puesto que ya se encuentra recogido, por primera vez, en las upanishads, los tratados filosóficos que, a partir del siglo X aC, desarrollan los vedas y examinan, con máxima profundidad y desde todos los puntos de vista, la unidad entre Brahma (el Absoluto) y Atman (el Ser).

Esta repetición es una práctica que ha llegado muy viva hasta nosotros y que numerosos practicantes de yoga y de meditación recitan en la actualidad, precediéndola o no de la sílaba "om", antes y/o después de sus sesiones.


Convertida así en mantra - es decir, en fórmula sonora considerada capaz de producir efectos tangibles -, ninguno de sus elementos está incluida por azar y, por lo tanto, cada una de las tres palabras de la repetición, a pesar de ser idéntica al resto, tiene como intención superar un ámbito específico de los obstáculos que separan de la serenidad y del equilibrio:

- El primero shanti ayuda a vencer los fenómenos negativos que provienen del exterior, ya sea humanos (guerras, discusiones y otras agresiones ), naturales (tormentas, terremotos, huracanes, inundaciones, etc.) o animales.

- El segundo aleja los daños supuestamente surgidos en áreas sobrenaturales, como la mala suerte, las maldiciones, los malos espíritus y otras manifestaciones negativas con apariencia de inexplicables.

- Finalmente, el tercer shanti permite triunfar sobre las propias limitaciones, ya sean físicas, emocionales o mentales (enfermedades, malos hábitos, desequilibrios...)

Así, una vez pronunciado en su totalidad, el mantra pretende haber establecido un nivel de armonía más profundo e integral.

Sea como fuere, este mantra, parece oportuno en todo momento y también ahora mismo, durante la lectura de este texto.

(Lógicamente aprovecho la oportunidad para desear al lector: ¡shanti, shanti, shanti!)

miércoles, 14 de octubre de 2015

EL SÁNSCRITO O LOS PELIGROS DE LAS NOCHES DE VERANO

Es preferible dejarlo bien claro desde ahora mismo: la lengua sánscrita representa un riesgo para quienes nos adentramos en ella.

Más aún: es un peligro.

Lo experimentamos cada día los que frecuentamos sus textos, usamos su gramática o utilizamos su léxico: el sánscrito muestra toda la complejidad - la riqueza real - de todo lo que rodea a sus valientes lectoras y a sus temerarios lectores. Peor todavía: nos pone ante nosotros mismo, sin concesiones, no ya a la piedad sino ni siquiera a la indulgencia. Nos cambia, nos incita a evolucionar, nos hace más y más humanos.


Acercarse a la enormidad de la literatura sánscrita significa acceder a un cúmulo de informaciones y opiniones, reunido a lo largo de miles de años, que examina todo a lo que puede enfrentarse cualquier persona en cualquier circunstancia: la propia existencia, la realidad, el amor, el deber, el matrimonio, la guerra, el sexo, la muerte, la violencia, la risa, la belleza, la divinidad, el Universo, la percepción, la Naturaleza, la anatomía, la política, la urbanidad, los rituales, el planeta, el humos, el deseo, la comida, el propósito, la familia, el significado del lenguaje o la agricultura, entre cientos de temas tratados.    

Tras conocer estos textos, la opinión que se tiene de todo ello resulta más global, más profunda. Y el lector queda transformado.

Pero es que, además, para cada uno de estos conceptos, el sánscrito dispone a menudo de docenas de palabras que los definen desde puntos de vista distintos y con matices diferentes. 

Así, por ejemplo, para decir "amor" en sánscrito no tenemos más remedio que elegir entre más de cincuenta términos. Diremos "snehala" si queremos expresar nuestra ternura y nuestro cariño, pero usaremos "kama" si nos referimos a una atracción erótica, o "prema" cuando sentimos una respetuosa estima, o "rati" cuando buscamos diversión, o "priti" para declarar un amor sincero, pero también alegre y divertido. La lista podría continuar, pero ya se ve que antes de decir en sánscrito que sentimos amor por alguien, debemos examinarnos sinceramente y en detalle y tomar conciencia de cuáles son, exactamente nuestros propios sentimientos. Es decir debemos crecer, ser más nosotros mismos.

Esta exigencia de precisión queda también reflejada en la gramática.

Recordemos que en sánscrito disponemos de tres géneros (masculino, femenino y neutro), de tres números (singular, dual y plural), de una declinación de los nombres con ocho casos - ya que añade un llamado "instrumental" a los del latín - y que la conjugación de los verbos es también más amplia que la de las lenguas románicas (como el castellano) o germánicas (como el inglés).

Es lógico pues que, si pudiéramos mirar lo que nos rodea y examinar nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones "pensando en sánscrito", tendríamos una percepción más intensa, matizada, diversa y precisa. Más real. Resultaríamos renovados. (1)

El poeta, ensayista y filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson (2) al referirse al Rig Veda - el primer libro de poemas conservado en una lengua indoeuropea -, mediante un pensamiento extensible a toda la cultura sánscrita, lo expresaba así:

Cada vez que leo los Vedas, siento que me ilumina un resplandor sobrenatural y desconocido. En la gran enseñanza de los Vedas no hay lugar para el sectarismo. Pertenece a todas las Edades, filosofías y nacionalidades y es el mejor camino para alcanzar el Gran Conocimiento.

Cuando los leo, siento que estoy bajo los cielos estrellados de una noche de verano.   


(1) Los practicantes asiduos de yoga tenemos de todo ello - modestamente y salvando todas las distancias - una cierta experiencia. Los nombres de los asanas - o posturas - y el canto de los mantras que entonamos durante nuestras sesiones nos acercan a realidades difícilmente compartibles con quienes no tienen el placer de disfrutas de estas vivencias.

(2) Ralph Aldo Emerson (1803-1882) fue un ensayista, conferenciante y poeta acérrimo defensor del individualismo y de la Naturaleza. Fue amigo y admirador de Henry David Thoreau y de Walt Whitman y conoció el Hindusimo a través del gran hindólogo, filólogo y fundador de la mitología comparada, de origen alemán, Max Müller.

 

lunes, 31 de agosto de 2015

"EVITA ESTAS SEIS ESPADAS Y VIVIRÁS CIEN AÑOS."

Cada lectura confirma la veracidad de los que se afirma del Mahabharata. Efectivamente, en sus páginas podemos encontrar, literalmente, de todo: desde una grandiosa batalla en la que se enfrenta, de hecho, toda la Humanidad y, por tanto, cada uno de nosotros consigo mismo, hasta breves episodios, a primera vista tangenciales, protagonizados por personajes aparentemente secundarios.

Un sucinto comentario durante una conversación mantenida entre Dhritarashtra - el trágico rey, simbólicamente ciego, tío y padre de los protagonistas del conflicto - y Vidura - uno de los consejeros del monarca - ofrece uno de estos inesperados interludios, que llevan al lector a ratificar su irreprimible y placentera adicción a las bibliotecas y - ¡ay! - a las librerías.

En este caso, el episodio plantea una de las cuestiones nucleares de la vida humana: su duración.

El fragmento, al que le bastan tres estrofas (*) para desplegar todo el ingenio y el sentido común de la sabiduría intemporal, lo expone así:

Dijo Dhritarashtra:

Afirman los Vedas que el hombre tiene que vivir cien años. ¿Porqué pues no todos lo consiguen?

Y Vidura respondió:

El exceso de orgullo, el hablar demasiado, la falta de moderación, la ira, el deseo de placeres y las desavenencias en casa...

Estas son las seis espadas que recortan una y otra vez los años de vida dados a cada hombre.

Son ellas las que terminan matándolo antes de tiempo, y no la muerte.

¡Tenlo en cuenta y sé bendito, o rey! 

Hasta aquí el episodio. Y la pizca de literatura. 

Pero unas notas aclaratorias ayudarán quizás a disfrutar de ella con más intensidad.

Notemos que la pregunta del rey denota una mitificación de los Vedas, ya que no determinan en ninguna parte cuál debe ser la duración de la vida humana. Lo que si expresan -en el Rig Veda, por ejemplo - es el deseo de disfrutar de una vida muy larga, de la que cien años son sinónimo.

La distancia temporal - ¿2.000, 3.000 años? - entre la recopilación de los libros considerados sagrados por los hindúes y la época en la que transcurre el Mahabharata parece haber difuminado el contenido real de las obras, convirtiéndolo en brumosas informaciones más o menos legendarias.

Cabe destacar también que la enumeración de las seis amenazadoras espadas es cercana - si no se es estérilmente riguroso y literal - a los siete pecados capitales de la doctrina judeocristiana: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

La diferencia fundamental entre una y otra es que los pecados de la tradición semita ponen énfasis en el sentimiento de culpa y en el castigo cruel por desobedecer leyes presumiblemente divinas, mientras la lista de Vidura cita transgresiones de códigos éticos individuales y colectivos - es decir, en la dimensión social del dharma, resumen de las leyes naturales, presentes tanto en la persona como en el cosmos - con consecuencias claramente más limitadas.

Estos aspectos añaden al fragmento del Mahabharata una dimensión literaria - y cultural - más completa y enriquecedora.

Pero, en todo caso, siempre nos queda la utilidad inmediata del consejo implícito en las palabras de Vidura: una vida virtuosa y, sobre todo, un día a día tranquilo son los ingredientes indispensables del elixir para alcanzar los cien años de edad. Como mínimo...

(Y si, además, estos años se aprovechan para continuar leyendo el Mahabharata, el espectáculo de las estaciones se irá desplegando ante el lector - y también en su interior - de manera ordenada, cíclica y serena, opina, modestamente, el autor de este artículo.)


(*) De la 9ª a la 11ª del capítulo 37 del Udyoga Parva o Libro del Esfuerzo, el quinto de los dieciocho del Mahabharata. El volumen narra el regreso de los Pandava de su injusto exilio, sus esfuerzos por recuperar su reino y los afanes provocados por la preparación de la inevitable guerra de Kurushetra.

 

  

 

miércoles, 18 de marzo de 2015

UPANISHADS: ¿DÓNDE ESTÁ LA LUZ?


(ENTONCES)
 
Nos encontramos en el siglo VII aC, en la India. 

Los valores de la civilización védica ya no se corresponden con los modos de vivir de la sociedad. Los feroces pastores transhumantes, llegados hace miles de años desde las estepas del Asia Central, se han ido convirtiendo en ganaderos y agricultores e, incluso, urbanizados, en comerciantes y artesanos. Y se han asimilado con los habitantes autóctonos.

Pero su politeismo de base naturalista se ha mantenido prácticamente igual y, como los fieles están lejos del sentido primigenio de los himnos védicos, las funciones sacerdotales de los brahmanes se han convertido en preeminentes. Hay que aclarar el significado de los textos, interpretarlos, traducirlos a los nuevos tiempos. Lo que luego será identificado como literatura védica ha añadido a los cuatro primeros vedas (el Rig, el Yajur, el Atharva y el Sama), los Brahmanas que los expican y amplian y los Aranyakas (o Libros del bosque; aranyaka significa bosque) que profundizan en sus enseñanzas.

Sin embargo, a pesar de estos intentos de continuidad, la evolución que de todos modos se ha producido ha sido insuficiente. Hay excesiva distancia entre las preguntas vivas de los creyentes y las mecánicas y repetitivas respuestas de la tradición brahmánica. Hay que ir más allá.


(CUMBRES)

Para acomodarse a la nueva situación han surgido, rechazando las doctrinas establecidas, y casi simultáneamente, el jainismo y el budismo. Y, desde dentro del propio brahmanismo, la evolución de los Aranyakas ha cristalizado en nuevas corrientes de pensamiento que pretenden atender plenamente a los anhelos reales de la sociedad.


Los textos que exploran la nueva realidad se llaman "Upanishads" y esta denominación confirma la voluntad de comprensión que, en realidad, expresan. En efecto, la palabra upanishad es un compuesto formado por "upa" (a los pies) y "nishad" (sentarse debajo) y denota claramente el contacto directo entre el discípulo y el maestro. Sin intermediarios.

Unos versos de una de las primeras de estas nuevas obras deja clara la insatisfacción de partida y cuál se pretende que sea la respuesta:

Desde el error, llévanos a la Verdad,
desde la oscuridad, llévanos a la Luz,
desde la muerte, llévanos a la Eternidad.
(Brihadaranyaka Upanishad)


Los nuevos textos desarrollan reflexiones y doctrinas metafísicas, espirituales y filosóficas que preludian el Hinduismo y que continúan, ahora mismo, tan actuales como siempre. Además, los upanishads se agrupan bajo el nombre colectivo de "Vedanta", es decir el fin (anta) de los vedas, de los que son la última etapa y su culminación.

Los más antiguos, anteriores a la aparición de la escritura en la India, son transmitidos oralmente hasta ser transcritos, probablemente, hacia el siglo III aC, de manera definitiva. Y se escriben más. Al terminar el proceso, conforman un corpus de 108 upanishads de aceptación general, a pesar de que su número puede considerarse mayor si no se es ni muy estricto ni partidario de la ortodoxia. 

Sea como fuere, se ha convenido en resumirlos en cuatro "mahavakyas" (maha, grande; vakya, frase) que, centrando la atención en el eje Brahma-Atman, es decir, en el reflejo de lo Absoluto en la esencia individual y viceversa, condensan las nuevas doctrinas:

- prajñanam brahma (Brahma es el Conocimiento)
  (Aitareya Upanishad)

- ayam atma brahma (Soy la esencia individual, que es Brahma)
  (Mandukya Upanishad)

- tat tvam asi (Tú eres eso)
  (Chandogya Upanishad)

- aham brahmasmi (Soy Brahma)
  (Brihadaranyaka Upanishad)


(CAMINOS)

Los nuevos caminos ya han sido abiertos. Comienza una nueva manera de ver, de buscar, de ir más allá.

En Occidente, la primera edición de los Upanishads se hizo en latín, en Francia, a primeros del siglo XIX. La siguió inmediatamente una traducción parcial en inglés. La versión en alemán se publicó a mediados del mismo siglo. La obra terminó de incorporarse a nuestros cimientos culturales cuando Max Müller, el fundador de la mitología comparada, llevó a cabo una edición en inglés pocos años después.

Pero la sistematización de los intemporales principios upanishádicos vino de la mano de Schopenhauer, que los calificaba de "fruto de la más elevada sabiduría humana" e incorporaba sus conceptos básicos a su obra magna "El mundo como voluntad y representación". Después, otros filósofos, como el también alemán Schelling o los norteamericanos Emerson y Thoreau, continuaron su estudio y su difusión. 

En el siglo XX, personalidades tan diversas como T. S. Eliot, en "La tierra baldía", o el premio Nobel de Física Erwin Schrödiger son ejemplos de intelectuales cautivados por los Upanishads.

Las vías hacia la Verdad, la Luz y la Eternidad invitan a la lectura. Y a la exploración.


¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE?