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miércoles, 7 de septiembre de 2016

INDRA. EL REY DE LOS DIOSES, EN LOS LABERINTOS HUMANOS



Doscientos ochenta y nueve de los mil veintidós himnos del Rig Veda tienen a Indra - el rey de los dioses - como único protagonista.



Como afirma el eminente sanscritista Arthur Macdonell (1):



"Indra es invocado de manera individualizada en la cuarta parte de los himnos del Rig Veda, mucho más a menudo que los dirigidos a cualquier otra deidad. Se trata del dios preferido nacional de los pueblos védicos."



Macdonell completa su comentario con precisiones sobre el perfil de la divinidad:


"Por otra parte, su aspecto es el más antropomórfico de los miembros del panteón y también el que más investido está de rasgos mitológicos.



Indra es, por encima de todo, un dios de la tormenta, que vence a los demonios de la sequía y de la oscuridad, libera las aguas y conquista la luz. En segundo término es el dios de las batallas que ayuda a los victoriosos arios a vencer a los enemigos aborígenes. "



El breve himno 171 del décimo mandala completa el retrato de un Indra en constante contradicción, tanto con el resto de los dioses y de los humanos como con él mismo y las prácticas ceremoniales (2):



Por el amor a Itatí, que exprime el jugo, empujaste su carruaje. Sentiste la llamada del oferente de Soma.



Has separado la cabeza de la piel del rebelde Sacrificio y lo llevaste a la casa del oferente de Soma.



O Indra, en un instante, cuando pensaste en ello, perdiste al mortal Venya por el devoto Astrabudhna.



Lleva de nuevo al Sol al Este ahora que está en el Oeste, o Indra. ¡Incluso contra la voluntad de los dioses!



Las virtudes de Indra, heredadas como sabemos por toda suerte de divinidades sucesivas, algunas todavía vigentes, parecen una proyección de los anhelos más básicos de sus súbditos humanos: conseguir seguridad y riquezas.



En cualquier caso, los enfrentamientos territoriales de los recién llegados arios con los multi-étnicos habitantes del subcontinente indio fueron dejando paso a una sincrética convivencia.



A pesar de la aparición de una visión polifacética de la realidad, representada por Brahma, Vishnu y Shiva, el culto a Indra y la perspectiva maniquea de los contactos entre diferentes colectivos humanos ( "nosotros" somos ejemplo de civilización; "ellos", en cambio, una pandilla de salvajes) nunca ha dejado de estar presente.



A lo largo de los milenios, los grandes desplazamientos de población y las colisiones que generan han demostrado ser inherentes a la evolución de la Humanidad.



Siempre se han producido, a menudo acompañados de situaciones inaceptablemente trágicas. A pesar del crecimiento de una conciencia de la globalidad de problemáticas y soluciones, lo estamos viviendo - ¡todavía! - ahora mismo.



Los laberintos humanos en los que Indra busca una urgente salida parecen seguir formando parte de nuestra cotidianidad.









(1) Arthur Anthony Macdonell (1854 hasta 1930), legendario catedrático de sánscrito en Oxford, es autor de numerosos e indispensables trabajos sobre védico y sánscrito. La cita proviene de la introducción al estudio sobre Indra en "A Vedic reader for students".



(2) Como sucede a menudo en los himnos del Rig Veda, el texto del poema 10.171 da por conocidos personajes, situaciones y prácticas ceremoniales. Afortunadamente, los contextos de cada composición son a menudo suficientes para captar su sentido y su belleza. Recordemos, en todo caso, que el soma es una bebida de origen desconocido, imprescindible en los sacrificios védicos.

miércoles, 27 de abril de 2016

DOS PÁJAROS VÉDICOS EN EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO (RV I.164. 20-22 )

Dos pájaros, amigos fieles, 
se alojaron en el mismo árbol.
Uno de ellos come la fruta madura;
el otro lo mira y ayuna.

Mientras el pájaros, incansables, celebran cantando
su fragmento de Inmortalidad entre los Sabios,
el poderoso Pastor del Universo,
el más Sabio de todos, penetra en el ignorante. 

Los pájaros que toman miel
y anidan en este árbol
dicen que es en las ramas más altasdonde están los mejores frutos,
pero que sólo come quien conoce al Padre.



La mayoría de los 1.028 himnos que recoge el Rig Veda (1) muestran una elaborada interpretación poética y espiritual de la Naturaleza o del entorno humano del o de sus autores. Algunos, sin embargo, son complejas especulaciones y ricas asociaciones de conceptos teológicos y filosóficos que constituyen verdaderos laberintos.

Entre estos últimos se encuentra el I.164 (2), que muestra una extraordinaria acumulación de símbolos, símiles e imágenes, la mayoría cruzados y entrecruzados entre ellos, hasta proponer un enigma irresoluble, al menos para los lectores posteriores.

Sus estrofas 20 a 22 (con claros ecos del bíblico Árbol del Bien y del Mal) son un buen ejemplo.

La versión ofrecida más arriba intenta trasladar este clima literario y intelectual a sus lectores de aquí, hoy.  

¡Buen vuelo! 


(1) "Los versos (rig) del conocimiento (veda)", es una colección de himnos religiosos y filosóficos, pero también profanos, recogidos entre los siglos XV a XX aC. Se trata de los textos indoeuropeos conservados más antiguos.


(2) El Rig Veda - convencionalmente abreviado con la sigla formada por las iniciales R y V - está organizado en diez libros (o "mandalas", palabra que, según el contexto, también puede significar "círculo", "esfera", "órbita" , etc.), identificados con números romanos o arábigos. Los himnos incluidos en cada mandala y las estrofas dentro de cada himno se determinan por su número de orden, escritos con numeración arábiga.