Los lectores de Gandhi nos encontramos a menudo con esta cita literal de sus palabras:
Cuando las dudas me persiguen y las decepciones me miran fijamente, cuando no veo ni un ápice de esperanza, me dirijo al Bhagavad Gita y siempre encuentro algún verso que me consuela.
Entonces comienzo a sonreir en medio de la tristeza.
Luego, a medida que la lectura continúa, las frecuentes referencias al Gita confirman la predilección del Mahatma por esta breve obra maestra sobre el comportamiento ético que, felizmente, el sánscrito nos ha legado.
En su autobiografía, Gandhi explica cómo el poema se convirtió en su libro de cabecera. Para ilustrar como la obra le ayudó en numerosos momentos cruciales, reproduce diversas estrofas:
Los placeres de los sentidos
se diluyen cuando se les abandona,
pero el deseo continúa.
Ahora bien, incluso el deseo desaparece
para quien ha visto el Absoluto.
2.59
En quien piensa en los objetos de los sentidos
surge la atracción hacia ellos;
la atracción crea deseo
y del deseo nace la cólera.
La cólera lleva al error,
del error nace la incapacidad de razonar;
la incapacidad de razonar
conduce a la muerte.
2.62-63
Otros comentarios de Gandhi confirman que su relación con el Bhagavad Gita fue especialmente estrecha e insisten en que se trataba de su "diccionario de uso cotidiano", de su "infalible guía de conducta".
Los elogios del Mahatma se añaden a las alabanzas de Huxley, Oppenheimer, Thoreau, Hesse, Einstein...
El Gita - que incluye, además, fragmentos de gran belleza poética y una síntesis de las filosofías hinduistas - es una lectura verdaderamente recomendable, tal vez, incluso, imprescindible.
Para decirlo en contraste con la fórmula inicial de una famosa serie de películas de ciencia ficción (*) - y como sabemos sus lectores -, el Bhagavad Gita no es un libro situado ni en algún momento del pasado, ni en ninguna galaxia.
En realidad, desde las primeras palabras de la primera estrofa ("En el campo del deber..."), queda claro que la narración se desarrolla de manera permanente en el tiempo y está, por lo tanto, dotada de la sorprendente capacidad de activarse y convertirse en pertinente en cada una de sus lecturas:
En el campo del deber,
en el país de los Kuru,
qué hacen, beligerantes,
mis hijos y los Pandava,
pregunta Dhritarashtra a Sanjaya.
(1.1)
En el resto de esta breve pero intensa obra maestra de la literatura sánscrita, y más allá de simbologías efímeras, los valores que el dios Krishna transmite al desorientado héroe Arjuna - que duda si combatir o no contra parientes, maestros y amigos - tienen una validez universal y se revelan especialmente útiles cuando, en cualquier esfera de los quehaceres humanos, hay que elegir entre alternativas aparentemente equivalentes.
En muy somero resumen, para resolver las dudas, el Bhagavad Gita aconseja actuar de manera desinterasada, siendo siempre fiel a uno mismo y teniendo en cuenta que la acción siempre es preferible a la inacción:
Céntrate en la acción,
no en sus consecuencias.
No creas tampoco que eres la causa
de ningún resultado.
(2.47)
Cumple con tu deber.
Nada puede ser más bienvenido
que un acción acorde con la propia naturaleza.
Vacilar ante este dilema es inútil.
(2.31)
Ni por un momento puede un hombre
estar sin actividad.
Todos somos conducidos a la acción
por las fuerzas de la naturaleza.
(3.5)
El propio Bhagavad Gita destaca la utilidad permanente de los valores que preconiza, sobre todo en momentos de crisis:
Cuando la virtud duda
y la incertidumbre reina,
mi espíritu
aparece sobre la Tierra.
(4.7)
Explorar las páginas del Bhagavad Gita es explorar un camino de serenidad y plenitud. Se trata de un camino posible... ahora mismo, exactamente aquí.
(*) La guerra de las galaxias: "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...".
Uno de los aspectos de mayor interés del Rigveda es la exposición de diversos puntos de vista sobre unos mismos temas.
Los casos extremos de esta característica son los 289 himnos dedicados a Indra (el rey de los dioses y dios, a su vez, de las tempestades) cada uno de los cuales describe aspectos complementarios, o los 218 referidos a los poderosos y cambiantes reflejos del fuego, deificado en Agni.
Es lógico que sea así puesto que sus compiladores fueron, como mínimo, tantos como los miembros de las diez familias a las que se atribuyen tradicionalmente cada uno de los libros - o mandalas - en los que se ordena la recopilación.
Por otra parte, su composición, llevada a cabo según los cálculos más conservadores, alrededor de 2000 aC, se prolongó durante más de 500 años.
Afortunadamente, las matizaciones, las desigualdades e, incluso, las contradicciones son inevitables, frecuentes y, sobre todo, enriquecedoras.
Las respuestas al enigma planteado por la Creación participan de esta diversidad.
Además de menciones ocasionales a lo largo de los libros dos a nueve, los himnos centrados en el origen del Universo se encuentras en el décimo, considerado el más reciente - si es que una obra compuesta hace cuatro mil años puede considerarse reciente... - se afirma que por maduración del pensamiento védico durante los siglos anteriores. Se trata de algo más de media docena de composiciones que examinan el Inicio desde todas las perspectivas.
La profunda visión cosmogónica del sintético himno 10.190 puede ser un buen ejemplo de todos ellos:
El Orden y la Verdad
nacieron del calor convertido en llama.
De allí surgió la Noche,
de allí el rizado Océano.
Del rizado Océano
emergió el Año
que estableció los días y las noches
regentes de todo lo que parpadea.
Dhatar, el dios ordenador,
situó en su lugar al Sol y a la Luna,
al Cielo y a la Tierra
y al Reino del Espacio que hay entre ambos.
De esta respuesta - con tantos ecos bíblicos - brotan, fecundas, nuevas preguntas.
Quizás la más sorprendente sea si el "calor convertido en llama" del segundo verso prefigura - o no - una referencia (intuitiva...) al Big Bang.
La imprescindible lectura de la literatura sánscrita obtiene su sustento en la vigencia de sus obras y, sobre todo, en la empatía que despiertan sus protagonistas.
Shakuntalá es uno de estos personajes intemporales que, a partir de sus orígenes en la cultura védica, nos acompaña a lo largo de los siglos, modulándose a ella misma según donde y cuando sale a nuestro encuentro. La sorprendente acumulación de situaciones míticas que jalonan los sucesivos relatos de su vida aparece en las ficciones de todo el mundo.
La historia básica es simple, con rasgos fácilmente identificables, a pesar de las variantes con poca incidencia en el esquema central de la narración.
Shakuntalá es fruto de la seducción de un asceta por una diablesa. La recién nacida es abandonada a orillas de un río y alimentada por los pájaros - de aquí, obviamente, su nombre, ya que Shakuntalá significa 'protegida por los pájaros, 'shakunta' es pájaro en sánscrito -, hasta que un bramán la encuentra, la recoge y la adopta.
Cuando Shakuntalá crece, se convierte en una muchacha bellísima, lo que causa que un rey cazador se enamore de ella. Cuando la chica queda embarazada y el rey se va, éste le da un anillo como muestra de su amor y prueba de su paternidad.Cuando Shakuntalá va a la corte, pierde el anillo al cruzar otro río y, al llegar a su destino, el rey no la reconoce.
Más tarde, el anillo aparece en la barriga de un pez y cuando, finalmente, la joya llega al rey, éste lo recuerda todo, manda a buscar a Shakuntalá y reconoce a su hijo.
(Añadamos que este hijo se llama Bharata y que es el primero del legendario linaje creador de la India.)
Probablemente, la primera noticia sobre este historia se encuentra en el Padma Purana. Los Puranas ('purana' significa antiguo) son recopilaciones históricas, religiosas y legendarias de la tradición hindú, consideradas una actualización de los Vedas.
La popularidad de Shakuntalá proviene del Adi Parva (capítulos LXIX a LXXXIV), el primero de los dieciocho libros del Mahabharata y, sobre todo, de Kalidasa, literato del siglo V dC, autor de celebradísimas obras de poesía lírica y épica y de obras de teatro que, en un lenguaje que con él adquiere su máxima madurez, hace un retrato preciso de personajes y situaciones. Shakuntalá es considerada su obra maestra.
Es lógico pues que fuera ésta una de las primeras obras sánscritas traducidas a una lengua occidental, concretamente al inglés, por parte de William Jones, en 1789. La admiración que se inicia entonces despertó el entusiasmo de Goethe y, con él, de un gran número de escritores, lingüistas y filósofos.
Música para ballet y óperas han utilizado en los siglos XIX y XX a Shakuntalá como fuente de inspiración y, a partir de 1961, Bollywood a difundido repetidamente su historia en el Sudeste Asiático y en todo el mundo.
Es fácil deducir que la paradigmática vida de Shakuntalá seguirá cautivando, por razones sutiles, imperceptibles y utilizando medios insospechados - como, por ejemplo, tal vez, este blog -, los corazones de mujeres y hombres de todo el mundo.
Este hecho confirmaría, por cierto, una vez más, la afirmación del propio Mahabharata sobre sus contenidos (Adi Parva, capítulo LXII, estrofa 53) de la que propongo esta versión:
Todo lo que se encuentra en este libro también está en otros lugares... pero lo que no está, no se halla en ningún otro sitio.
En el prólogo a su libro sobre las Leyes de Manu, la eminente sancritista Wendy Doniger, autora, entre otros excelentes trabajos, de una selección y traducción del Rig Veda, nos dice con ingenio y humor:
"Se ha dicho que cada palabra sánscrita designa su sentido básico, pero también su contrario, una palabra para referirse a un tipo específico de elefante, el nombre de un dios y una postura sexual."
Se trata, evidentemente, de una caricatura, pero que, como todo exageración, denota un hecho real: la lengua sánscrita es particularmente proclive a las palabras con una extensa gama de significados, es decir, presenta una notable abundancia de términos polisémicos.
En español, y en muchísimas otras lenguas, también se da este fenómemo. Un banco puede ser un tipo de asiento. un gran grupo de peces o una entidad, digamos, financiera; la palabra ratón se refiere o bien a un animal o bien a un dispositivo para mover el cursor en la pantalla del ordenador; una copa puede ser de árbol o un recipiente para beber. Etcétera.
Pero los estudiosos están de acuerdo en que en el sánscrito la frecuencia de este fenómeno es muy alta y la abundancia de significados notablemente mayor que en el restos de idiomas.
En la palabra compuesta "pranayama" hay que distinguir "prana" - que significa respiración y también aliento, aire, viento, vida, existencia, fuerza, vigor, vitalidad, esencia, ser, alma y principio vital - de "ayama" que tiene el sentido de control e igualmente de retención, restricción e incluso de expansión y ampliación. Según que acepciones se elijan la palabra puede significar un montón de conceptos distintos.
Hay muchos más ejemplos posibles.
La palabra "asana" designa las posturas que se adoptan cuando se practica yoga, y también parada, acampada, morada, asiento y algunos otros términos.
El término "sandhi" se refiere las más de las veces a la combinación eufónica entre una palabra de una frase y las contiguas pero también se utiliza con el sentido de juntura, articulación, límite, transición, asociación, punto de contacto, espacio entre el cielo y la tierra, unión del día y la noche, amanecer, crepúsculo, vagina, agujero, brecha, costura y pliegue, entre otras posibilidades.
De hecho, en general, la polisemia es el resultado de utilizar una misma palabra en situaciones muy diversas y con connotaciones distintas, es decir, por un cambio de aplicación del término (el ratón del ordenador recuerda al roedor) o por su uso metafórico (una copa de árbol tiene, a menudo, un forma similar al utensilio para beber).
Y tanto una posibilidad como la otra - además de alguna más, menos frecuente, se da en abundancia en la lengua sánscrita: miles y miles de obras escritas en este idioma, a lo largo de un sinfín de siglos, sin que la lengua haya experimentado cambios significativos, han propiciado este uso intensivo y extensivo del léxico.
El profesor Michael Coulson, conocido por un método de aprendizaje del sánscrito particularmente útil, entre otros trabajos destacables, nos comenta el hecho con estas palabras:
"Debido a la larga historia de la lengua y de las numerosas fuentes de las que extrae su vocabulario, muchas palabras sásncritas tienen muchos significados diferentes."
Sea como sea, los multiples estratos de significación de las palabras sánscritas evocan un tesoro conceptual variado y abundante.
¿Cómo no sentirse más y más interesado, progresivamente más y más rico, a medida que se va descubriendo la exuberante fertilidad de la lengua y de la literatura sánscritas?
"Ahimsa paramo dharma" es una expresión sánscrita que significa: la no-violencia (ahimsa) es el deber (dharma) más alto (paramo). La frase, convertida en consigna, fue popularizada por Gandhi en su larga lucha por la libertad de su pueblo y resume de manera clara, corta y directa el pensamiento pacifista.
De hecho, a pesar de que su difusión ha tenido lugar en una época relativamente reciente, el concepto de no-violencia está presente en los textos sánscritos desde antes de que la lengua adoptara este nombre. Ya el Rig Veda - la primera colección de textos literarios en una lengua de la familia indoeuropea, en este caso, el védico, y compilado unos 3.000 años aC - recogió su espíritu:
Que comunes sean nuestros pensamientos
y como uno solo canten nuestros corazones.
Que unidos estén nuestros espíritus
y siempre haya acuerdo entre nosotros.
RV 10.191.4.
La divulgación del concepto de ahimsa y de sus múltiples dimensiones tiene en el Mahabharata - la enorme epopeya con la que la literatura sánscrita ha enriquecido a la cultura universal, con fragmentos que se remontan al siglo IX aC - su potentísima base de lanzamiento:
La no-violencia es el deber más alto. La no-violencia es el autocontrol más alto. La no-violencia es el regalo más alto. La no-violencia es la penitencia más alta. La no-violencia es el sacrificio más alto. La no-violencia es el poder más alto. La no-violencia es el amigo más alto. La no-violencia es la felicidad más alta. La no violencia es la verdad más alta. La no-violencia es el mensaje divino más alto.
Anusasana Parva CXVII. 37-40.
En el Bhagavad Gita, Krishna engloba repetidamente a la no-violencia entre las virtudes que deben mostrar quienes, como Arjuna, quieren vencer en su lucha personal:
El respeto a dioses, brahmanes, maestros y sabios,
la pureza, la rectitud,
la continencia y la no-violencia
conforman la acción justa.
BG 17.14.
También Patañjali incluye la no-violencia en su recopilación de aforismos sobre la práctica del yoga:
Cuando la no-violencia está firmemente asentada, cesa la hostilidad.
YS 02.35.
Afortunadamente, más allá de estas raíces expresadas en sánscrito, la idea - y la aplicación - de la no-violencia se ha extendido por todo el planeta y en todas las lenguas e ilumina el camino de una Humanidad cada día más humana.
Una de las facetas más llamativas del hatha yoga es la serie de posturas - o asanas - que adoptan sus practicantes al cultivar esta disciplina.
Cada una de estas posturas tiene su propio nombre, compuesto siempre por, como mínimo, una palabra seguida del término asana.
Muchas veces estos nombres remiten a animales que corresponden, a su vez, a menudo, a la forma que adopta el cuerpo cuando se practican las asanas:
- bakasana: postura de la grulla,
- bhekasana: postura de la rana,
- bhujangasana: postura de la serpiente,
- garudasana: postura del águila,
- kapotasana: postura de la paloma,
- kukkutasana, postura del gallo,
- kurmasana: postura de la tortuga,
- makarasana: postura del delfín,
- matsyasana: postura del pez,
- mayurasana: postura del pavo real,
- shalabhasana: postura del langosta,
- simhasana: postura del león,
- ushtrasana: postura del camello,
- vrishchikasana: postura del escorpión...
Para algunos estudiosos, cada uno de estos nombres indica, sobre todo, un principio - o un impulso - evolutivo y, por tanto, su alcance va mucho más allá de la simple descripción.
Quizás cada asana es, además de una postura, un camino abierto para penetrar más profundamente en la naturaleza (y, en consecuencia, en uno mismo).