lunes, 16 de febrero de 2015

EL HOMBRE ES EL ORIGEN. Y EL TODO. RV.190 - PURUSHA SUKTA

Aunque encontramos menciones ocasionales a lo largo de los mandalas (libros) dos a nueve del Rigveda, no es hasta su décima y última parte que los lectores podemos disfrutar de textos específicos sobre la Creación del Universo.

Una de estas composiciones ya ha sido comentada en este blog (1). Cada una de las restantes aporta versiones distintas (2) sobre el Génesis. Es obvio que no existe "una" doctrina. 

El notable Purusha Sukta (Himno del Hombre Cósmico) demuestra claramente esta riqueza de perspectivas. Las dieciséis estrofas del himno - de las que se incluye aquí una selección - contemplan, desde la óptica védica, algunos de los mitos compartidos con otros pueblos indoeuropeos.

Las primeras estrofas muestran a un Purusha gigantesco, pariente innegable tanto de los Titanes griegos - las colosales divinidades primordiales que precedieron a los dioses en el Olimpo - como del resto de seres de características similares de las mitologías escandinava i báltica.

Purusha tiene mil cabezas,
mil ojos, mil pies.
Cubre la Tierra por todos sus lados
y la sobrepasa diez dedos.
(1)

Él es todo esto,
y todo lo que ya ha sido, y todo lo que será.
Él es el Señor de la inmortalidad
y crece más allá incluso de los alimentos.
(2)

El siguiente grupo de versos introduce el concepto también compartido en el ámbito indoeuropeo del sacrificio, pero, en un gesto integrador de lo humano y de lo trascendente, introduce la singularidad de utilizar al propio Purusha como ofrenda. La eficacia de la ceremonia es absoluta ya que genera las estaciones, convertidas así en elementos del propio sacrificio, y la Sabiduría cristalizada en los tres primeros Vedas.

Cuando los dioses celebraron el Sacrifico
con Purusha como ofrenda,
la Primavera fue la bebida sagrada,
el verano, la tea y el otoño la oblación.
(6)

De este Sacrificio, en el que todo fue ofrecido,
nacieron los himnos y cánticos del Rigveda,
los versos del Samaveda
y las fórmulas sagradas del Yajurveda.
(9)

Las estrofas recogidas a continuación confirman la adopción de la herencia indoeuropea y su adaptación a las circunstancias de la sociedad védica.

El concepto de fragmentación de un gigante para utilizar sus miembros como otras tantas partes del mundo es característico de Purusha pero también de Ymir, su mítico pariente escandinavo de quién, según su propia tradición, surgieron las nubes, la tierra, las rocas... y el resto de elementos de la Naturaleza.

Por otra parte, como ya se mencionó en otro lugar de este mismo blog (3), la estructuración de la sociedad en estamentos según sus funciones (religiosas, militares o productivas) es compartida por el pueblo védico con otros, como, por ejemplo, el germánico, y está también presente en las ideas platónicas, expresadas en la República.

¿Cuando dividieron al Hombre,
en cuántas partes lo trocearon? 
¿Qué hicieron son su boca? ¿Y con sus brazos?
¿Cómo llamaron a sus muslos? ¿Y a sus pies?
(11)

Su boca se convirtió en el Brahman,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos fueron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Sirvientes.
(12)

La última estrofa completa la descripción del Sacrificio iniciada en la sexta con una sucesión de conceptos también comunes.

Por un lado, mediante un juego de palabras en torno a los diversos significados del sacrificio, reúne en una sola idea ceremonia y ofrenda, rito y Purusha. En segundo lugar, convierte al nuevo ritual en acceso a los Sadhyas, unas divinidades antiquísimas, similares a los Titanes mencionados más arriba. Finalmente, como resultado de este proceso, hace del Hombre el eje de la Creación.

Los dioses sacrificaron el Sacrificio al Sacrifico;
éstos fueron los primeros ritos.
Éstos grandes poderes llegaron al cielo,
donde viven los Sadhyas, los dioses antiguos.
(16)

Las raíces comunes de los pueblos indoeuropeos que este himno pone de relieve, así como el resto de composiciones ancestrales a la que nos invita el Rigveda, son tan evidentes como profundas.

Afortunadamente, su Humanismo y su concepción holística del Universo continúan presentes.

Aunque sea a través de su lectura.


(1) Se trata del artículo "Génesis védica: RV 10.190".

(2) La serie completa incluye los himnos 10.72, 10.81-2, 10.90, 10.121, 10.129, 10.130 y 10.190.

(3) El artículo se titula "Estamentos, colores, funciones... otro legado que perdura". La traducción de la duodécima estrofa que figura aquí es la misma que en aquel texto. 


 
 

 
 


 



domingo, 4 de enero de 2015

¡ EN EL MAHABHARATA... O EN NINGUNA PARTE !

Cuando se hace referencia al Mahabharata, es frecuente citar el verso:

Lo que no está en este poema no se encuentra en ningún otro lugar.

Se ponen así de relieve dos aspectos fundamentales de este extraordinario poema épico de la literatura sánscrita.

Por un lado, se alude a la sorprendente extensión de la obra: doscientos mil versos conforman, mediante un millón ochocientas mil palabras, una narración contenida en dieciocho libros que incluyen, a su vez, un número variables de otros libros menores. El resultado es un volumen gigantesco: diez veces la Ilíada y la Odisea juntas, o bien cuatro Biblias seguidas, una detrás de otra.  

Su contenido es también maravillosamente rico: un núcleo de protagonistas, formado por una veintena de reyes y reinas, guerreros, sacerdotes, sabios y dioses, un centenar de importantes otros personajes y más de un millar de caracteres auxiliares, desarrollan un dramático argumento principal que es acompañado por todo tipo de narraciones secundarias y de tratados sobre las materias más diversas - entre ellos el deslumbrante fulgor espiritual del Bhagavad Gita -, cada uno de ellos merecedores, por separado y méritos propios, de una lectura atenta y placentera.

Pero la cita - que corresponde a la estrofa 53 del capítulo LXIII del Adi Parva (1) - no es completa. El texto íntegro de dicha estrofa afirma:

Todo lo dicho hasta ahora sobre la virtud, la riqueza, el placer y la liberación (2) se puede encontrar en otros lugares, pero... ¡lo que no está en este poema no está en ningún otro sitio!

En efecto, a través de los variadísimos textos que contiene, el poema muestra los conflictos, virtudes, vicios y demás circunstancias y afanes de hombres y mujeres, a lo largo de los tiempos y en todas partes. El Mahabharata nos revela, con todo detalle y crudeza, lo que hemos convenido en denominar la Condición Humana.

Otras estrofa del mismo Adi Parva (la 385 del Capítulo II) lo confirma:

Así como los pensamientos tienen su base en los sentidos, esta narración establece los cimientos de los deberes y virtudes de la Humanidad.


 Pero el Mahabharata tiene un tercer nivel ya que va más allá del relato propiamente dicho y de una primera interpretación de los hechos que describe. Su lectura aclara el sentido profundo de los acontecimientos e incrementa la capacidad para comprender su significado más profundo: 

Así como el Sol dispersa la oscuridad, las palabras de este poema sobre el deber, el provecho, el deseo y las trascendencia diluyen la ignorancia.

Así como la Luna llena,
con su tenue resplandor, abre los capullos del nenúfar, la luz de este poema despliega los pétalos de la inteligencia humana.

(Estrofas 85 y 86 del Capítulo I del ya mencionado Adi Parva.)

La realidad es - sus lectores lo experimentamos una y otra vez - las páginas del Mahabharata abren la mente, templan la sensibilidad, aumentan la capacidad de analizar y comprender y, por lo tanto, ayudan a que la cotidianidad sea más rica, consciente y feliz.

Porque, para decirlo sin duda mejor con palabras del propio Adi Parva (I.84):

En un mundo rodeado por las tinieblas de la ignorancia. este poema - como si fuera un remedio contra la ceguera - abre los ojos al Conocimiento (3).


(1) Buena parte del Adi Parva, o Libro del Comienzo (Adi: Comienzo, Parva: Libro) describe el contenido y la intención del propio Mahabharata; se trata, muy probablemente, del primer ejemplo del metaliteratura, o de literatura sobre ella misma. La citas de este artículo provienen de dicho libro.

(2) Estos cuatro objetivos de la vida de las personas constituyen el "purusharta" (finalidad humanas) : dharma (virtud), artha (riqueza), kama (placer) y moksha (liberación). Son una de las bases del hinduismo. Más abajo, en la versión de las estrofas 85 y 86 del Capítulo I, se proponen traducciones alternativas: deber, provecho, deseo y trascendencia.

(3) ¿Puede haber mejor propósito para el 2015 que leer - o releer - el Mahabharata? Además de la ediciones disponibles en librerías y bibliotecas, el texto también es accesible en internet, ya sea en versiones íntegras o resumidas, en inglés y francés, pero gratuitas.  







        

 


miércoles, 10 de diciembre de 2014

SAPTARISHIS. EL PERMANENTE ANHELO DE SABIDURÍA

Cada vez que miramos la Osa Mayor, además de tener el placer de contemplar las siete grandes estrellas de esta constelación tan conocida, estamos viendo una gigantesca alegoría de los legendarios Siete Sabios de la tradición sánscrita (1).

Los Saptarishis (sapta: siete; rishi: sabio), representados para siempre en el firmamento, son los siete sabios primordiales, de existencia aceptada de manera incuestionable por sus creyentes y con una presencia implícita y más o menos dispersa en la literatura védica y sánscrita, ya desde el temprano Rig Veda.  

Venerados como grandes patriarcas y conocedores de las Escrituras, compositores de numerosos libros e himnos védicos, descubridores de mantras, formuladores del Ayurveda i fundadores de los primeros linajes, los nombres de los Saptarishis se repiten a lo largo de los milenios, como un eco interminable: Gotama, Bharadvaja, Vishvamitra, Jamadagni, Vashista, Kashyapa, Atri...

En realidad, estos nombres son únicamente los del actual y decimocuarto grupo de Saptarishis, ya que, según la desmesurada y abisal perspectiva temporal de la cultura védica, a cada Manvantara, o período de 4.320.000 años en el que reina y legisla uno de los sucesivos Manus - o metafóricos progenitores de las sucesivas Humanidades -, corresponde un grupo de siete rishis específicos.

Sea como sea, se considera que todos y cada uno de los Sabios ha nacido directamente de la mente de Brahma, fruto de su pura voluntad, sin ninguna intervención ajena, y comparte con la gran divinidad que expresa la Creación, su inteligencia creativa.

En el Rig Veda, las tangenciales menciones de los Siete Sabios nos los muestran benévolos, clarividentes y poderosos:

Los sabios abrieron un camino para las vacas que estaban dentro de la cueva; los siete sacerdotes, con la fuerza de sus pensamientos, las obligaron a avanzar... (RV 3.31.5).

Los dioses y los siete sabios, que se establecieron en el ascetismo durante los tempos antiguos, hablaron de la mujer del bramán... (RV 10.109.4).

Y en el Bhagavad Gita, cuando Krishna describe y se identifica con el Universo, proclama su personificación en Bhrigu, un de los Saptarishis más antiguos:

De los grandes sabios, yo soy Bhrigu... (BG 10.12) (2).

Pero rastros literarios a parte, es en el cielo donde quizás se pueda buscar - e incluso encontrar - cada noche, brillando, reflejado en la precisa mecánica de los astros, el anhelo por la sabiduría más serena.



(1) La creencia en los Siete Sabios es compartida en la India por hindús, sijs y jainistas, pero aparece también entre los griegos y los romanos, así como, en ámbitos no indoeuropeos, como el hebreo o el chino e incluso, inesperadamente y ahora mismo, en el popular videojuego Pokemon.

(2) En el décimo libro del Bhagavad Gita, que incluye las palabras citadas, Krishna se describe él mismo como la causa última de todas las realidades materiales y espirituales.

El texto completo de la vigésimoquinta estrofa es el siguiente:

De los grandes sabios, yo soy Bhrigu;
de las vibraciones, yo soy el Om trascendente;
de los sacrificios, yo soy el canto de los nombres sagrados;
de las realidades inamovibles, yo soy el Himalaya.         


sábado, 15 de noviembre de 2014

PURANAS: LO QUE SABEMOS DEL MUNDO

No puede haber creación sin relación entre los opuestos. No puede existir creación impulsada sólo por Shiva o únicamente por la Naturaleza. La unión del perceptor con lo percibido, de quien disfruta y del objeto del disfrute, de un principio activo con otro pasivo es esencial para que la creación tenga lugar.  

Esta cita proviene del Shiva Purana, uno de los libros más antiguos de la cultura védica y, por lo tanto, de la Humanidad, concretamente del que está dedicado al dios del mismo nombre, símbolo divinizado del principio regenerador del Universo.

Los puranas - purana significa antiguo en védico (y en sánscrito) - son textos de carácter religioso, dedicados a las divinidades que supuestamente los han promulgado. Contienen relatos mitológicos, descripciones de cultos y de peregrinaciones y todo tipo de creencias con un trasfondo histórico, de imposible comprobación, y también cosmogonías, metafísica, filosofía, ciencia, música, medicina o gramática, entre muchos otros temas.

Son considerados el quinto veda, ya que completan y complementan la información subyacente o sobreentendida en el Rig Veda - el primer texto conservado en cualquier lengua indoeuropea - y en los otros tres que, de hecho, lo glosan y lo amplían. Los puranas pertenecen a la tradición "smriti", es decir, recordada tal como fue transmitida por los sabios, y no "shruti", o revelada directamente por los dioses.



La composición de los puranas es atribuida a Vyasa, el mismo autor legendario del Mahabharata, y su fijación escrita, hecha sin duda para asegurar su conservación plenamente fiel al original, más allá de su transmisión oral, se inició en el s. IV aC y se prolongó durante diez siglos.

Escritos en rimas de un sánscrito sencillo y directo, son fácilmente memorizables y comprendidos. Su difusión ha ido fundamentalmente a cargo de bramanes ambulantes que los declaman por templos y monasterios, con la intención de estimular la devoción hacia ellos.

Así pues, los puranas son un nexo claro entre las raíces culturales de la India - como la mayoría de sus lenguas, de profunda filiación indoeuropea - y las sucesivas generaciones, ahora ya afortunadamente globales.

Como muestra la siguiente minúscula selección, ofrecen una visión de la realidad, a la vez diversa y permanente.

Del Vishnu Purana (1):

- Vishnu es la mayor y más inmediata energía de Brahma, el Creador. Él es Brahma encarnado, totalmente formado por Brahma. En él está tejido y entretejido todo este Universo. Él es el mundo y el mundo está en él. Vishnu, el Señor que consiste en lo que es mortal y en lo que es inmortal, lo sostiene todo, tanto el Espíritu como la materia, tanto en sus aspectos positivos, como en los negativos.

- Quien habla con sabiduría, moderación y compasión accede a las fuentes de la felicidad perpetua.

- La defensa de la tierra es llevada a cabo por la autoridad de quienes han controlado sus pasiones y se mantienen libres del deseo, de la codicia y de la ira.

Del Garuda Purana (2):

- Nadie debe tener una inclinación excesiva por nadie. Si el propio cuerpo es sólo un sueño, ¿qué es el de los demás?

- Los buenos alimentos tomados por la mañana ya han sido destruidos por la noche. ¿Cómo puede haber permanencia en un cuerpo sostendi por estos alimentos?

Más allá del exotismo de un mundo antiguo y lejano y de la fascinación que puede despertar, los puranas son una verdadera enciclopedia de todo lo que hemos sabido en un momento y en un lugar dados, pero que denota, sobre todo, lo que permanece inalterable.

Son, a fin de cuentas, lo que sabemos del mundo.


(1) Vishnu es la gran divinidad protectora y su purana explica, básicamente, sus diez reencarnaciones.

(2) El Garuda Purana expone el sentido de la vida y de la muerte. Es un diálogo entre Vishnu y Garuda, el rey de los pájaros.

miércoles, 15 de octubre de 2014

PANCHAKANYA. VÍRGENES SAGRADAS, MUJERES LIBRES

La tradición popular india mantiene viva la devoción a un grupo de cinco mujeres legendarias, protagonistas de varios episodios de la narrativa épica del subcontinente. 

Tres de ellas - Ahalya, Tara y Mandodari - llegan a nosotros partiendo de los versos del Ramayana. Las otras dos - Kunti y Draupadi - provienen de las páginas del Mahabharata.

Las Panchakanya - pancha: cinco, kanya: virgen -, como son conocidas, siguen siendo hoy veneradas como mujeres ejemplares, más allá de maridos, hijos, padres, poliandrias o adulterios, además de los trágicos acontecimientos de los que son protagonistas.

Estos iconos de la perenne identidad femenina sobrepasan el papel de hijas, esposas o madres de personajes masculinos relevantes y despliegan sus propios destinos individuales, admirables por parte de todos, en todas las épocas.  


Ramayana. Impulso centrípeto

Ahalya, por ejemplo, joven esposa de Gautama - uno de los ancianos Siete Sabios de la tradición hindú - es seducida por Indra, personificación del soberano de la jerarquía celestial. Maldita por adúltera y condenada a ser invisible . o, tal vez, a convertirse en guijarro - recupera toda su dignidad debido a su devoción a Rama, una de las encarnaciones de Vishnu, el principio benefactor divinizado.

Las otras dos kanya del Ramayana tienen intervenciones destacadas en los hechos que las rodean.

Tara, la esposa del rey Vali - ambos cónyuges simios humanizados - supuestamente viuda, es forzada a casarse con su cuñado, precipitadamente nombrado nuevo monarca. Cuando Vali regresa, sólo la inteligencia y bondad de Tara evitan, en parte al menos, un venganza bélica literalmente fratricida.



Por su parte, Mandodari, la esposa del demoníaco rey Ravana, el raptor de Sita que desencadena con su delito la guerra emprendida por su legítimo marido. A pesar de no conseguir la liberación de Sita, el amor incondicional de Mandodari por su esposo permanece como ejemplo de afecto conyugal.


Mahabharata. Más arriba, más lejos

A su vez, Kunti y su nuera Draupadi comparten parentesco, escenario literario en el Mahabharata y poliandria, además de destierros y las consecuencias de una guerra de exterminio.

Kunti tiene cuatro hijos naturales, pero permanece inmaculada después de cada fecundación. El primero - ilegítimo - con el dios Surya, es decir el símbolo del Sol, y los otros tres, mientras está formalmente casada con el rey Pandu - condenado a no tener descendencia biológica -, con otros tantos divinizaciones: Dharma (el Deber), Vayu (el Viento) e Indra. Adopta también a los dos gemelos de la segunda mujer del marido, que consta así como padre formal de cinco hijos, conocidos como Pandava.

Draupadi, finalmente, se casa simultáneamente con los cinco hermanos acabados de mencionar y, el igual que su suegra, recupera la virginidad después de estar con cada uno de ellos. Su íntima fidelidad a cada uno de sus maridos y, sobre todo, a ella misma la convierten en objeto de todo tipo de humillaciones y agresiones que no consiguen doblegar su majestuosa dignidad.

En cualquier caso, ambas son, por su sabiduría y autoridad, las verdaderas - aunque secretas - cabezas de familia de sus respectivos hogares y resultan decisivas en las vidas de los hombres que las rodean.


Dignidad imperturbable

Pero por encima de todas estas intrincadas trayectorias personales, las kanya comparten claros rasgos comunes que son, en definitiva, lo que las convierte en arquetipos.

Ninguna de ellas tiene, por motivos diversos, un modelo materno que les muestre el pretendido rol social de las mujeres y todas sufren pérdidas familiares graves (hijos, maridos, padres...) y el maltrato, a menudo físico, de una sociedas ferozmente discriminatoria. Sin embargo, cuestionan el concepto tradicional de matrimonio y maternidad, que confina a la mujer a funciones puramente biológicas, van más allá y se convieten en ejemplos éticos colectivos.

Permanecen vírgenes, puesto que su pureza se asienta en el hecho de no romper ningún código humano, excepto las injustas ortodoxias de las sociedades patriarcales. Esta es la razón por la que nunca pierden su verdadera integridad.

Distinguen lo correcto del error. Persisten en sus convicciones a pesar de todos los obstáculos. Muestran siempre una profunda sabiduría, un conocimiento superior del sentido real de la vida. Demuestran una imperturbable fortaleza espiritual.

Es, sin duda, por este motivo que su testimonio - y su mantra - continúan tan presentes:

El recuerdo de las cinco vírgenes sagradas
- Ahalya, Draupadi, Kunti, Tara y Mandodari -
vence incluso a las mayores dificultades.   



     



sábado, 13 de septiembre de 2014

ESTAMENTOS, COLORES, FUNCIONES... OTRO LEGADO QUE TAMBIÉN PERDURA

Ya desde el principio, los pueblos indoeuropeos consideramos que la sociedad está compuesta por diversos estamentos, cada uno de los cuales tiene una función específica, distinta de la de los demás.

El propio Rigveda - la colección de himnos de los indo-arios, recopilada alrededor de 1700 aC, pero que incluye referencias a fenómenos astronómicos ocurridos hacia 4000 aC - recoge este punto de vista.

El poema Purushasukta (Himno de Purusha), que narra la creación del universo por el mítico Hombre Cósmico, proclama:

Su boca se convirtió en el Brahmán,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos formaron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Siervos.
(RV 10.90.12)

Esta división de la sociedad según las funciones - llamadas varna (color en sánscrito) - desarrolladas por los humanos fue codificada no mucho más tarde por el legendario sabio Manu que, a través de sus Leyes, asignó unas tareas determinadas a cada tipo de persona.

El brahmán, es decir, el sacerdote, estudia y enseña las Escrituras, celebra sacrificios y hace y recibe ofrendas; el kshatriya, o guerrero, tiene el deber de proteger a los demás; el vaishya, agricultor o comerciante, debe cuidar el ganado, cultivar la tierra o hacer negocios; por último, el shudra, o criado, tiene como función servir a los tres anteriores.

La doctrina según la cual cada uno nace en uno u otro estamento - y tiene, por tanto, unas obligaciones y no otras - depende de su karma o, dicho de otro modo y simplificando mucho, de las acciones buenas o malas llevadas a cabo durante la existencia, que modelan su consciencia y condicionan sus vidas futuras. 

El Bhagavad Gita - uno de los textos más populares del hinduismo y muy leído en todo el mundo, que insta al cumplimiento del propio deber - deja claro qué determina el dharma - o conjunto de cometidos - de cada uno:

Los deberes de los brahmanes,
los kshatriyas, los vaishyias y los shudras
están distribuidos según las cualidades
que surgen de su propia naturaleza.
(BG 18.41)

Las tres estrofas que siguen a la anterior detallas cuáles son las virtudes correspondientes a cada varna:

Serenidad, autodominio, austeridad, pureza,
tolerancia, honestidad, conocimiento, sabiduría y fe.
Estos son los deberes innatos 
con los que cumplen los brahmanes.

Heroismo, poder, determinación, destreza en la batalla,
valentía, generosidad y autoridad.
Estos son los deberes innatos
con los que cumplen los kshatriyas.

La agricultura, la ganadería y el comercio
son los deberes innatos de los vaishya,
mientras que el servicio
es el de los shudra.

La estructuración de la sociedad en estamentos es una idea ampliamente compartida. El antropólogo francés Georges Dumézil localizó estos mismos conceptos en, entre otros, los antiguos pueblos iranios, las ideas platónicas sobre la república y en la mitología romana.

Pero no hay porqué ir tan lejos.    

La caída del Imperio Romano de Occidente y la subsiguiente eclosión de la sociedad feudal propició la aparición de formas de organización social y política más adaptadas al nuevo estadio histórico y emergieron - ¿o reaparecieron? - colectivos con funcione similares a las desarrolladas anteriormente en distintos lugares del espacio indoeuropeo.

Estas instituciones, o sus equivalentes, permanecen plenamente vigentes ahora mismo: subsisten algunas monarquías, jerarquías religiosas siguen teniendo presencia institucional, peso social y, a menudo, influencia política y cúpulas militares siguen formando parte de las estructuras de muchos estados.

El legado indoeuropeo va más allá de los ámbitos lingüístico y literario. Se trata de un conjunto de valores que ha moldeado nuestra sociedad a lo largo de la historia y que sigue conformándola.  
    
(E incluso, muy probablemente, nuestras propias creencias y comportamientos individuales.)


 



domingo, 20 de julio de 2014

POSTALES DE RAMA

Leer un buen libro es hacer - literal y literariamente - un gran viaje o, incluso, si así se desea, un Gran Viaje.

Esta afirmación, conocida y reiterativa, es, sin embargo, en el caso del Ramayana - uno de los dos grandes poemas épicos de la literatura sánscrita y objeto de este texto - sorprendentemente exacta: "Rama" es el nombre del protagonista y "ayana", en sánscrito y en este contexto, significa viaje. Ramayana equivale pues a "El viaje de Rama". 

La obra describe, básicamente, la historia de Rama - una de las diez encarnaciones del dios Vishnu - y de Sita, su esposa que resulta raptada por Ravana, rey de Lanka. De hecho, el argumento sirve para describir toda la gama de situaciones de la vida de una persona e ilumina sus deberes en distintos cometidos: padre o madre, hijo o hija, esposo o esposa, hermano o hermana, etc.


Desde hace mucho más de tres mil años, los afortunados que escuchamos o leemos este absorbente caudal de historias nos vemos a menudo deslumbrados por versos o incluso estrofas especialmente resplandecientes que se convierten así en mensajes singulares, aparentemente dirigidos a cada uno. 

Estas imaginarias postales, enviadas por alguno de los numerosos protagonistas del Ramayana desde los lugares, en los momentos y con los motivos más dispares, podrían contener textos como los siguientes, extraídos de las páginas del propio libro:

- Los pájaros están hechos para volar, los ríos para fluir y cada uno para cumplir con su deber.

- La vida y la muerte, la alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida... Estas dualidades no pueden evitarse... Aprendamos a aceptar aquello que no podemos cambiar.

- Los hombres saludamos la salida del sol con alegría, a causa del retorno de la luz, pero no nos damos cuenta de que cada instante de cada día determina el resto de nuestra vida.

- Sólo los débiles dejan las cosas en manos del destino. Los que confían en sí mismos nunca se fían de la suerte.

- El sabio prevé los infortunios y toma medidas para evitarlos y, si es necesario, para superarlos.

- El tronar de las nubes que ha derramado toda su agua no causa ni una sola gota de lluvia. Los valientes de verdad no hablan en vano; muestran su valor por medio de la acción.

El gran tema del Ramayana es de los valores humanos y, como acabamos de ver, los conceptos que propone siguen plenamente vigentes. Sus páginas muestran la condición humana en toda su diversidad, extensión y profundidad; nos muestra a nosotros mismos.

Los lectores nos convertimos así en viajeros por un universo interminable, en privilegiados receptores de una sabiduría permanente.