Leer un buen libro es hacer - literal y literariamente - un gran viaje o, incluso, si así se desea, un Gran Viaje.
Esta afirmación, conocida y reiterativa, es, sin embargo, en el caso del Ramayana - uno de los dos grandes poemas épicos de la literatura sánscrita y objeto de este texto - sorprendentemente exacta: "Rama" es el nombre del protagonista y "ayana", en sánscrito y en este contexto, significa viaje. Ramayana equivale pues a "El viaje de Rama".
La obra describe, básicamente, la historia de Rama - una de las diez encarnaciones del dios Vishnu - y de Sita, su esposa que resulta raptada por Ravana, rey de Lanka. De hecho, el argumento sirve para describir toda la gama de situaciones de la vida de una persona e ilumina sus deberes en distintos cometidos: padre o madre, hijo o hija, esposo o esposa, hermano o hermana, etc.
Desde hace mucho más de tres mil años, los afortunados que escuchamos o leemos este absorbente caudal de historias nos vemos a menudo deslumbrados por versos o incluso estrofas especialmente resplandecientes que se convierten así en mensajes singulares, aparentemente dirigidos a cada uno.
Estas imaginarias postales, enviadas por alguno de los numerosos protagonistas del Ramayana desde los lugares, en los momentos y con los motivos más dispares, podrían contener textos como los siguientes, extraídos de las páginas del propio libro:
- Los pájaros están hechos para volar, los ríos para fluir y cada uno para cumplir con su deber.
- La vida y la muerte, la alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida... Estas dualidades no pueden evitarse... Aprendamos a aceptar aquello que no podemos cambiar.
- Los hombres saludamos la salida del sol con alegría, a causa del retorno de la luz, pero no nos damos cuenta de que cada instante de cada día determina el resto de nuestra vida.
- Sólo los débiles dejan las cosas en manos del destino. Los que confían en sí mismos nunca se fían de la suerte.
- El sabio prevé los infortunios y toma medidas para evitarlos y, si es necesario, para superarlos.
- El tronar de las nubes que ha derramado toda su agua no causa ni una sola gota de lluvia. Los valientes de verdad no hablan en vano; muestran su valor por medio de la acción.
El gran tema del Ramayana es de los valores humanos y, como acabamos de ver, los conceptos que propone siguen plenamente vigentes. Sus páginas muestran la condición humana en toda su diversidad, extensión y profundidad; nos muestra a nosotros mismos.
Los lectores nos convertimos así en viajeros por un universo interminable, en privilegiados receptores de una sabiduría permanente.
domingo, 20 de julio de 2014
sábado, 14 de junio de 2014
PANCHATANTRA. LOS LOROS, LAS GRULLAS Y EL RESTO DE LA FAMILIA
Los loros, como siempre hablan,
atraen al cazador.
Las grullas, que no abren el pico,
viven en libertad.
Estos cuatro versos pertenecen al Panchatantra, una divertida recopilación de fábulas, la gran mayoría protagonizadas por animales con comportamientos humanos, atribuida a Vishnu Sharma y escrita en sásnscrito hacia el s. III aC, pero que bien podría haber sido compuesta en época muy anterior.
Presentado como un manual para instruir a tres príncipes especialmente cortos de mollera, el libro explica en cinco capítulos (de ahí su nombre: pancha, cinco; tantra: en este contexto, libro) y más de doscientas historias como conseguir salir airoso de las situaciones más diversas.
Se trata de una obra muy popular en la India, donde se ha utilizado ininterrumpidamente para educar e instruir, pero también, incluso, en la actualidad, para establecer modelos de gestión empresarial.
Más o menos coetáneo con las fábulas de Esopo, el Panchatantra ha tenido una larga trayectoria, con una primera traducción al persa en el s. IV, con el nombre de Kalila wa Dimna, de la que derivan versiones en árabe que, a su vez, dieron origen a versiones en la mayoría de las lenguas europeas.
Existe también una versión refundida en la propia India en el s. XII con el nombre de Hitopadesha y multitud de resúmenes, selecciones e imitaciones.Ramón Llull recogió su espíritu en su famoso Libro de las Bestias.
Este fecundo proceso queda bien reflejado en otra de sus estrofas:
Quien tiene la mente estrecha
piensa: "ésto es mio, ésto es suyo",
pero, para una persona de gran corazón,
todos son como de la familia.
atraen al cazador.
Las grullas, que no abren el pico,
viven en libertad.
Estos cuatro versos pertenecen al Panchatantra, una divertida recopilación de fábulas, la gran mayoría protagonizadas por animales con comportamientos humanos, atribuida a Vishnu Sharma y escrita en sásnscrito hacia el s. III aC, pero que bien podría haber sido compuesta en época muy anterior.
Presentado como un manual para instruir a tres príncipes especialmente cortos de mollera, el libro explica en cinco capítulos (de ahí su nombre: pancha, cinco; tantra: en este contexto, libro) y más de doscientas historias como conseguir salir airoso de las situaciones más diversas.
Se trata de una obra muy popular en la India, donde se ha utilizado ininterrumpidamente para educar e instruir, pero también, incluso, en la actualidad, para establecer modelos de gestión empresarial.
Más o menos coetáneo con las fábulas de Esopo, el Panchatantra ha tenido una larga trayectoria, con una primera traducción al persa en el s. IV, con el nombre de Kalila wa Dimna, de la que derivan versiones en árabe que, a su vez, dieron origen a versiones en la mayoría de las lenguas europeas.
Existe también una versión refundida en la propia India en el s. XII con el nombre de Hitopadesha y multitud de resúmenes, selecciones e imitaciones.Ramón Llull recogió su espíritu en su famoso Libro de las Bestias.
Este fecundo proceso queda bien reflejado en otra de sus estrofas:
Quien tiene la mente estrecha
piensa: "ésto es mio, ésto es suyo",
pero, para una persona de gran corazón,
todos son como de la familia.
jueves, 8 de mayo de 2014
LOS 108 NOMBRES DEL SOL
Cuando, preocupado por alimentar a los numerosos súbditos que le acompañaban al exilio, Yudhisthira pidió consejo al sabio Dhaumya, éste, habiendo meditado largamente, le explicó como el Sol aspiraba el agua de la tierra y la convería en vapor que luego transformaba en nubes y, posteriormente, en lluvia. La lluvia, a su vez, fecundaba a los vegetales con los que se alimentan todos los seres vivos (1).
Concluyó su respuesta afirmando:
Así pues, en última instancia, el alimento que sostiene la vida es el propio Sol. Él es el padre de todos los seres. Es en él en quien tienes que guarecerte.
A continuación, Vaishampayana, el narrador del Mahabharata, se dirigió al lector y le dijo:
Oh, alma devota, escucha los 108 nombres del Sol (2) tal y como fueron dichos por Dhaumya al ilustre Yudhisthira:
Surya, Aryaman, Bhaga, Twastri, Pusha, Arka, Savitri, Ravi, Gabhastimat, Aja, Kala, Mrityu, Dhatri, Prabhakara, Prithibi, Apa, Tja, Kha, Vayu, Parayana, Soma, Vrihaspati, Shukri, Budha, Angaraka, Indra, Vivaswat, Diptanshu, Suchi, Sauri, Sanaichara, Brahma, Vishnu, Rudra, Skanda, Vaisravana, Yama, Vaidyutagni, Jatharagni, Aindhna, Tejasampati, Dharmadhwaja, Vedkartri, Vedanga, Vedavahana, Krita, Treta, Dwapara, Kali, Kala, Kastha, Muhurtta, Kshapa, Yama, Ikshana, Samvatsara-kara, Aswattha, Kalachakra, Bibhavasu, Purusha, Saswata, Yogui, Vyaktavyakta, Sanatana, Kaladhyaksha, Prajadhyaksha, Viswakarma, Tamounda, Varuna, Sagara, Ansu, Jimuta, Jivana, Arihan, Bhutasraya, Bhutapati, Srastri, Samvartaka, Vanha, Sarvati, Alioplupa, Ananta, Kapila, Bhanu, Kamada, Sarvatomukha, Jaya, Visalia, Varada, Manas, Suparna, Bhutadi, Sighraga, Prandharana, Dhanwantari, Dhumaketu, Adideva, Aditisuta, Dwandasatman, Aravindaksha, Pitri, Matri, Pitamaha, Swargadara, Projadwara, Mokshadara, Prasanatma, Viswatma, Vishwatamukha, Characharatman, Sukshatma y el misericordioso Maitra (3).
El propio Dhaumya complementó esta lista explicando a su interlocutor los beneficios de todo tipo que supone invocar al Sol:
Quien recita con devoción este himno al levantarse el Sol obtiene consorte, descendencia, riqueza y el recuerdo de sus vida anterior. También consigue paciencia y memoria, queda protegido contra toda aflicción y obtiene todo lo que desea tal y como lo desea.
(1) Este episodio figura en el tercer capítulo del Araniaka Parva, que forma parte, a su vez, del tercer libro (Vana Parva) del Mahabharata.
(2) Además de aparecer en el Mahabharata, la cifra 108, está también presente en muchos otros contextos,desde la Odisea la budismo, así como los deportes, el manga, Stonehenge, la numerología hebrea, etc.
(3) Esta relación incluye 113 nombres en lugar de los 108 anunciados. Otras listas presentan otros totales (112, 115...) y algunos nombres de dioses distintos. Se trata, sin duda, de diferencias entre las diversas tradiciones en las que se venera el Sol.
Concluyó su respuesta afirmando:
Así pues, en última instancia, el alimento que sostiene la vida es el propio Sol. Él es el padre de todos los seres. Es en él en quien tienes que guarecerte.
A continuación, Vaishampayana, el narrador del Mahabharata, se dirigió al lector y le dijo:
Oh, alma devota, escucha los 108 nombres del Sol (2) tal y como fueron dichos por Dhaumya al ilustre Yudhisthira:
Surya, Aryaman, Bhaga, Twastri, Pusha, Arka, Savitri, Ravi, Gabhastimat, Aja, Kala, Mrityu, Dhatri, Prabhakara, Prithibi, Apa, Tja, Kha, Vayu, Parayana, Soma, Vrihaspati, Shukri, Budha, Angaraka, Indra, Vivaswat, Diptanshu, Suchi, Sauri, Sanaichara, Brahma, Vishnu, Rudra, Skanda, Vaisravana, Yama, Vaidyutagni, Jatharagni, Aindhna, Tejasampati, Dharmadhwaja, Vedkartri, Vedanga, Vedavahana, Krita, Treta, Dwapara, Kali, Kala, Kastha, Muhurtta, Kshapa, Yama, Ikshana, Samvatsara-kara, Aswattha, Kalachakra, Bibhavasu, Purusha, Saswata, Yogui, Vyaktavyakta, Sanatana, Kaladhyaksha, Prajadhyaksha, Viswakarma, Tamounda, Varuna, Sagara, Ansu, Jimuta, Jivana, Arihan, Bhutasraya, Bhutapati, Srastri, Samvartaka, Vanha, Sarvati, Alioplupa, Ananta, Kapila, Bhanu, Kamada, Sarvatomukha, Jaya, Visalia, Varada, Manas, Suparna, Bhutadi, Sighraga, Prandharana, Dhanwantari, Dhumaketu, Adideva, Aditisuta, Dwandasatman, Aravindaksha, Pitri, Matri, Pitamaha, Swargadara, Projadwara, Mokshadara, Prasanatma, Viswatma, Vishwatamukha, Characharatman, Sukshatma y el misericordioso Maitra (3).
El propio Dhaumya complementó esta lista explicando a su interlocutor los beneficios de todo tipo que supone invocar al Sol:
Quien recita con devoción este himno al levantarse el Sol obtiene consorte, descendencia, riqueza y el recuerdo de sus vida anterior. También consigue paciencia y memoria, queda protegido contra toda aflicción y obtiene todo lo que desea tal y como lo desea.
(1) Este episodio figura en el tercer capítulo del Araniaka Parva, que forma parte, a su vez, del tercer libro (Vana Parva) del Mahabharata.
(2) Además de aparecer en el Mahabharata, la cifra 108, está también presente en muchos otros contextos,desde la Odisea la budismo, así como los deportes, el manga, Stonehenge, la numerología hebrea, etc.
(3) Esta relación incluye 113 nombres en lugar de los 108 anunciados. Otras listas presentan otros totales (112, 115...) y algunos nombres de dioses distintos. Se trata, sin duda, de diferencias entre las diversas tradiciones en las que se venera el Sol.
sábado, 12 de abril de 2014
BHAGAVAD GITA: EL LIBRO QUE LEÍA GANDHI
Los lectores de Gandhi nos encontramos a menudo con esta cita literal de sus palabras:
Cuando las dudas me persiguen y las decepciones me miran fijamente, cuando no veo ni un ápice de esperanza, me dirijo al Bhagavad Gita y siempre encuentro algún verso que me consuela.
Entonces comienzo a sonreir en medio de la tristeza.
Luego, a medida que la lectura continúa, las frecuentes referencias al Gita confirman la predilección del Mahatma por esta breve obra maestra sobre el comportamiento ético que, felizmente, el sánscrito nos ha legado.
En su autobiografía, Gandhi explica cómo el poema se convirtió en su libro de cabecera. Para ilustrar como la obra le ayudó en numerosos momentos cruciales, reproduce diversas estrofas:
Los placeres de los sentidos
se diluyen cuando se les abandona,
pero el deseo continúa.
Ahora bien, incluso el deseo desaparece
para quien ha visto el Absoluto.
2.59
En quien piensa en los objetos de los sentidos
surge la atracción hacia ellos;
la atracción crea deseo
y del deseo nace la cólera.
La cólera lleva al error,
del error nace la incapacidad de razonar;
la incapacidad de razonar
conduce a la muerte.
2.62-63
Otros comentarios de Gandhi confirman que su relación con el Bhagavad Gita fue especialmente estrecha e insisten en que se trataba de su "diccionario de uso cotidiano", de su "infalible guía de conducta".
Los elogios del Mahatma se añaden a las alabanzas de Huxley, Oppenheimer, Thoreau, Hesse, Einstein...
El Gita - que incluye, además, fragmentos de gran belleza poética y una síntesis de las filosofías hinduistas - es una lectura verdaderamente recomendable, tal vez, incluso, imprescindible.
Cuando las dudas me persiguen y las decepciones me miran fijamente, cuando no veo ni un ápice de esperanza, me dirijo al Bhagavad Gita y siempre encuentro algún verso que me consuela.
Entonces comienzo a sonreir en medio de la tristeza.
En su autobiografía, Gandhi explica cómo el poema se convirtió en su libro de cabecera. Para ilustrar como la obra le ayudó en numerosos momentos cruciales, reproduce diversas estrofas:
Los placeres de los sentidos
se diluyen cuando se les abandona,
pero el deseo continúa.
Ahora bien, incluso el deseo desaparece
para quien ha visto el Absoluto.
2.59
En quien piensa en los objetos de los sentidos
surge la atracción hacia ellos;
la atracción crea deseo
y del deseo nace la cólera.
La cólera lleva al error,
del error nace la incapacidad de razonar;
la incapacidad de razonar
conduce a la muerte.
2.62-63
Otros comentarios de Gandhi confirman que su relación con el Bhagavad Gita fue especialmente estrecha e insisten en que se trataba de su "diccionario de uso cotidiano", de su "infalible guía de conducta".
Los elogios del Mahatma se añaden a las alabanzas de Huxley, Oppenheimer, Thoreau, Hesse, Einstein...
El Gita - que incluye, además, fragmentos de gran belleza poética y una síntesis de las filosofías hinduistas - es una lectura verdaderamente recomendable, tal vez, incluso, imprescindible.
lunes, 24 de marzo de 2014
BHAGAVAD GITA; AHORA MISMO, EXACTAMENTE AQUÍ
Para decirlo en contraste con la fórmula inicial de una famosa serie de películas de ciencia ficción (*) - y como sabemos sus lectores -, el Bhagavad Gita no es un libro situado ni en algún momento del pasado, ni en ninguna galaxia.
En realidad, desde las primeras palabras de la primera estrofa ("En el campo del deber..."), queda claro que la narración se desarrolla de manera permanente en el tiempo y está, por lo tanto, dotada de la sorprendente capacidad de activarse y convertirse en pertinente en cada una de sus lecturas:
En el campo del deber,
en el país de los Kuru,
qué hacen, beligerantes,
mis hijos y los Pandava,
pregunta Dhritarashtra a Sanjaya.
(1.1)
En el resto de esta breve pero intensa obra maestra de la literatura sánscrita, y más allá de simbologías efímeras, los valores que el dios Krishna transmite al desorientado héroe Arjuna - que duda si combatir o no contra parientes, maestros y amigos - tienen una validez universal y se revelan especialmente útiles cuando, en cualquier esfera de los quehaceres humanos, hay que elegir entre alternativas aparentemente equivalentes.
En muy somero resumen, para resolver las dudas, el Bhagavad Gita aconseja actuar de manera desinterasada, siendo siempre fiel a uno mismo y teniendo en cuenta que la acción siempre es preferible a la inacción:
Céntrate en la acción,
no en sus consecuencias.
No creas tampoco que eres la causa
de ningún resultado.
(2.47)
Cumple con tu deber.
Nada puede ser más bienvenido
que un acción acorde con la propia naturaleza.
Vacilar ante este dilema es inútil.
(2.31)
Ni por un momento puede un hombre
estar sin actividad.
Todos somos conducidos a la acción
por las fuerzas de la naturaleza.
(3.5)
El propio Bhagavad Gita destaca la utilidad permanente de los valores que preconiza, sobre todo en momentos de crisis:
Cuando la virtud duda
y la incertidumbre reina,
mi espíritu
aparece sobre la Tierra.
(4.7)
Explorar las páginas del Bhagavad Gita es explorar un camino de serenidad y plenitud. Se trata de un camino posible... ahora mismo, exactamente aquí.
(*) La guerra de las galaxias: "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...".
En el campo del deber,
en el país de los Kuru,
qué hacen, beligerantes,
mis hijos y los Pandava,
pregunta Dhritarashtra a Sanjaya.
(1.1)
En el resto de esta breve pero intensa obra maestra de la literatura sánscrita, y más allá de simbologías efímeras, los valores que el dios Krishna transmite al desorientado héroe Arjuna - que duda si combatir o no contra parientes, maestros y amigos - tienen una validez universal y se revelan especialmente útiles cuando, en cualquier esfera de los quehaceres humanos, hay que elegir entre alternativas aparentemente equivalentes.
En muy somero resumen, para resolver las dudas, el Bhagavad Gita aconseja actuar de manera desinterasada, siendo siempre fiel a uno mismo y teniendo en cuenta que la acción siempre es preferible a la inacción:
Céntrate en la acción,
no en sus consecuencias.
No creas tampoco que eres la causa
de ningún resultado.
(2.47)
Cumple con tu deber.
Nada puede ser más bienvenido
que un acción acorde con la propia naturaleza.
Vacilar ante este dilema es inútil.
(2.31)
Ni por un momento puede un hombre
estar sin actividad.
Todos somos conducidos a la acción
por las fuerzas de la naturaleza.
(3.5)
El propio Bhagavad Gita destaca la utilidad permanente de los valores que preconiza, sobre todo en momentos de crisis:
Cuando la virtud duda
y la incertidumbre reina,
mi espíritu
aparece sobre la Tierra.
(4.7)
Explorar las páginas del Bhagavad Gita es explorar un camino de serenidad y plenitud. Se trata de un camino posible... ahora mismo, exactamente aquí.
(*) La guerra de las galaxias: "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...".
lunes, 3 de marzo de 2014
GÉNESIS VÉDICO: RV 10.190
Los casos extremos de esta característica son los 289 himnos dedicados a Indra (el rey de los dioses y dios, a su vez, de las tempestades) cada uno de los cuales describe aspectos complementarios, o los 218 referidos a los poderosos y cambiantes reflejos del fuego, deificado en Agni.
Es lógico que sea así puesto que sus compiladores fueron, como mínimo, tantos como los miembros de las diez familias a las que se atribuyen tradicionalmente cada uno de los libros - o mandalas - en los que se ordena la recopilación.
Por otra parte, su composición, llevada a cabo según los cálculos más conservadores, alrededor de 2000 aC, se prolongó durante más de 500 años.
Afortunadamente, las matizaciones, las desigualdades e, incluso, las contradicciones son inevitables, frecuentes y, sobre todo, enriquecedoras.
Las respuestas al enigma planteado por la Creación participan de esta diversidad.
Además de menciones ocasionales a lo largo de los libros dos a nueve, los himnos centrados en el origen del Universo se encuentras en el décimo, considerado el más reciente - si es que una obra compuesta hace cuatro mil años puede considerarse reciente... - se afirma que por maduración del pensamiento védico durante los siglos anteriores. Se trata de algo más de media docena de composiciones que examinan el Inicio desde todas las perspectivas.
La profunda visión cosmogónica del sintético himno 10.190 puede ser un buen ejemplo de todos ellos:
El Orden y la Verdad
nacieron del calor convertido en llama.
De allí surgió la Noche,
de allí el rizado Océano.
Del rizado Océano
emergió el Año
que estableció los días y las noches
regentes de todo lo que parpadea.
Dhatar, el dios ordenador,
situó en su lugar al Sol y a la Luna,
al Cielo y a la Tierra
y al Reino del Espacio que hay entre ambos.
De esta respuesta - con tantos ecos bíblicos - brotan, fecundas, nuevas preguntas.
Quizás la más sorprendente sea si el "calor convertido en llama" del segundo verso prefigura - o no - una referencia (intuitiva...) al Big Bang.
miércoles, 5 de febrero de 2014
DE LOS VEDAS A BOLLYWOOD... LA PARADIGMÁTICA VIDA DE SHAKUNTALÁ
La imprescindible lectura de la literatura sánscrita obtiene su sustento en la vigencia de sus obras y, sobre todo, en la empatía que despiertan sus protagonistas.
Shakuntalá es uno de estos personajes intemporales que, a partir de sus orígenes en la cultura védica, nos acompaña a lo largo de los siglos, modulándose a ella misma según donde y cuando sale a nuestro encuentro. La sorprendente acumulación de situaciones míticas que jalonan los sucesivos relatos de su vida aparece en las ficciones de todo el mundo.
La historia básica es simple, con rasgos fácilmente identificables, a pesar de las variantes con poca incidencia en el esquema central de la narración.
Shakuntalá es fruto de la seducción de un asceta por una diablesa. La recién nacida es abandonada a orillas de un río y alimentada por los pájaros - de aquí, obviamente, su nombre, ya que Shakuntalá significa 'protegida por los pájaros, 'shakunta' es pájaro en sánscrito -, hasta que un bramán la encuentra, la recoge y la adopta.
Cuando Shakuntalá crece, se convierte en una muchacha bellísima, lo que causa que un rey cazador se enamore de ella. Cuando la chica queda embarazada y el rey se va, éste le da un anillo como muestra de su amor y prueba de su paternidad.Cuando Shakuntalá va a la corte, pierde el anillo al cruzar otro río y, al llegar a su destino, el rey no la reconoce.
Más tarde, el anillo aparece en la barriga de un pez y cuando, finalmente, la joya llega al rey, éste lo recuerda todo, manda a buscar a Shakuntalá y reconoce a su hijo.
(Añadamos que este hijo se llama Bharata y que es el primero del legendario linaje creador de la India.)
Probablemente, la primera noticia sobre este historia se encuentra en el Padma Purana. Los Puranas ('purana' significa antiguo) son recopilaciones históricas, religiosas y legendarias de la tradición hindú, consideradas una actualización de los Vedas.
La popularidad de Shakuntalá proviene del Adi Parva (capítulos LXIX a LXXXIV), el primero de los dieciocho libros del Mahabharata y, sobre todo, de Kalidasa, literato del siglo V dC, autor de celebradísimas obras de poesía lírica y épica y de obras de teatro que, en un lenguaje que con él adquiere su máxima madurez, hace un retrato preciso de personajes y situaciones. Shakuntalá es considerada su obra maestra.
Es lógico pues que fuera ésta una de las primeras obras sánscritas traducidas a una lengua occidental, concretamente al inglés, por parte de William Jones, en 1789. La admiración que se inicia entonces despertó el entusiasmo de Goethe y, con él, de un gran número de escritores, lingüistas y filósofos.
Música para ballet y óperas han utilizado en los siglos XIX y XX a Shakuntalá como fuente de inspiración y, a partir de 1961, Bollywood a difundido repetidamente su historia en el Sudeste Asiático y en todo el mundo.
Es fácil deducir que la paradigmática vida de Shakuntalá seguirá cautivando, por razones sutiles, imperceptibles y utilizando medios insospechados - como, por ejemplo, tal vez, este blog -, los corazones de mujeres y hombres de todo el mundo.
Este hecho confirmaría, por cierto, una vez más, la afirmación del propio Mahabharata sobre sus contenidos (Adi Parva, capítulo LXII, estrofa 53) de la que propongo esta versión:
Todo lo que se encuentra en este libro también está en otros lugares... pero lo que no está, no se halla en ningún otro sitio.
Shakuntalá es uno de estos personajes intemporales que, a partir de sus orígenes en la cultura védica, nos acompaña a lo largo de los siglos, modulándose a ella misma según donde y cuando sale a nuestro encuentro. La sorprendente acumulación de situaciones míticas que jalonan los sucesivos relatos de su vida aparece en las ficciones de todo el mundo.
La historia básica es simple, con rasgos fácilmente identificables, a pesar de las variantes con poca incidencia en el esquema central de la narración.
Shakuntalá es fruto de la seducción de un asceta por una diablesa. La recién nacida es abandonada a orillas de un río y alimentada por los pájaros - de aquí, obviamente, su nombre, ya que Shakuntalá significa 'protegida por los pájaros, 'shakunta' es pájaro en sánscrito -, hasta que un bramán la encuentra, la recoge y la adopta.
Cuando Shakuntalá crece, se convierte en una muchacha bellísima, lo que causa que un rey cazador se enamore de ella. Cuando la chica queda embarazada y el rey se va, éste le da un anillo como muestra de su amor y prueba de su paternidad.Cuando Shakuntalá va a la corte, pierde el anillo al cruzar otro río y, al llegar a su destino, el rey no la reconoce.
Más tarde, el anillo aparece en la barriga de un pez y cuando, finalmente, la joya llega al rey, éste lo recuerda todo, manda a buscar a Shakuntalá y reconoce a su hijo.
(Añadamos que este hijo se llama Bharata y que es el primero del legendario linaje creador de la India.)
Probablemente, la primera noticia sobre este historia se encuentra en el Padma Purana. Los Puranas ('purana' significa antiguo) son recopilaciones históricas, religiosas y legendarias de la tradición hindú, consideradas una actualización de los Vedas.
La popularidad de Shakuntalá proviene del Adi Parva (capítulos LXIX a LXXXIV), el primero de los dieciocho libros del Mahabharata y, sobre todo, de Kalidasa, literato del siglo V dC, autor de celebradísimas obras de poesía lírica y épica y de obras de teatro que, en un lenguaje que con él adquiere su máxima madurez, hace un retrato preciso de personajes y situaciones. Shakuntalá es considerada su obra maestra.
Es lógico pues que fuera ésta una de las primeras obras sánscritas traducidas a una lengua occidental, concretamente al inglés, por parte de William Jones, en 1789. La admiración que se inicia entonces despertó el entusiasmo de Goethe y, con él, de un gran número de escritores, lingüistas y filósofos.
Música para ballet y óperas han utilizado en los siglos XIX y XX a Shakuntalá como fuente de inspiración y, a partir de 1961, Bollywood a difundido repetidamente su historia en el Sudeste Asiático y en todo el mundo.
Es fácil deducir que la paradigmática vida de Shakuntalá seguirá cautivando, por razones sutiles, imperceptibles y utilizando medios insospechados - como, por ejemplo, tal vez, este blog -, los corazones de mujeres y hombres de todo el mundo.
Este hecho confirmaría, por cierto, una vez más, la afirmación del propio Mahabharata sobre sus contenidos (Adi Parva, capítulo LXII, estrofa 53) de la que propongo esta versión:
Todo lo que se encuentra en este libro también está en otros lugares... pero lo que no está, no se halla en ningún otro sitio.
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