lunes, 27 de abril de 2015

HANUMAN. UN SUPERHÉROE EN EL MUNDO REAL

En lo más alto del cielo, se oyó un trueno profundo y potente. Era Indra, el rey de los dioses y también de las tormentas, que decía: "A partir de ahora, Hanuman, el joven hijo de Vayu, el monarca del viento, será invulnerable a mis rayos."

A continuación, Martanda, la resplandeciente divinidad solar entre los hermanos Aditiás, añadió: "Doy a este muchacho una centésima parte de mi inmenso brillar. Y, además, le adiestraré en el arte de la elocuencia."

Mientras tanto, reinando en las aguas, el divino Varuna afirmaba: "Ni en una miríada de años, ni el lazo con el que ahogo ni ninguna de mis aguas le podrán causar la muerte."

"A partir de ahora, será invulnerable a mi cetro y ajeno a toda enfermedad.", añadió Yama, el dios de la muerte, y concluyó: "Con mi poder, le otorgo el privilegio de ignorar para siempre el desánimo en el campo de batalla."

Incluso Dasagriva, el guerrero de las diez cabezas, anunció: "Mi maza no lo abatirá en el combate". A continuación, Shiva, el dios del cambio, rehusó al poder de destruirlo y Vishvakaram, el gran arquitecto de este Universo, dijo: "No morirá golpeado por mis armas divinas y disfrutará de una larga vida."

Por último, Brahma, el Creador, lo confirmó: "Ninguna de mis armas lo destruirá" y, dirigiéndose a Vayu, añadió: "Tu hijo, gracias a su invencibilidad, será el terror de sus enemigos y la tranquilidad de sus amigos; podrá cambiar de forma a voluntad, comportarse como quiera y viajar sin límites, según sus deseos; distinguido como el mayor saltador, esquivará cualquier obstáculo y será célebre hasta el final de los Tiempos. Para destruir a Ravana y satisfacer a Rama, llevará a cabo hazañas que sorprenderán a todos."     

Esta serie de profecías, que podemos leer en el último de los siete Libros del Ramayana (*), ya se han ido desplegando anteriormente ante los ojos del lector a través de los hechos que se narran en los seis Cantos precedentes y explican el origen de los sorprendentes superpoderes de Hanuman, uno de los personajes centrales de este gran poema épico de la literatura sánscrita y universal.     

En sus páginas, Hanuman, un simio humanizado, valiente y leal, defensor del Bien y enemigo del Mal, llevado por sus impulsos adolescentes, se ha metido en un lío de verdadero alcance cósmico; después - armado con las extraordinarias capacidades enunciadas más arriba por los respectivos dioses, propias de los superhéroes de todos los tiempos y lugares - se convierte en un factor clave en el desarrollo de la narración.    

El libro, del que se conocen más de doscientas versiones, todas ellas de la misma validez, y de permanente actualidad durante, como mínimo, los tres o cuatro mil años en todo el Sudeste Asiático y hoy, afortunadamente, en todo el mundo, va más allá de la conocida leyenda indoeuropea de la esposa raptada valientemente rescatada por su marido, que conocemos también a través de la Ilíada.

El Ramayana, además de describir el gran circo de las ambiciones humanas - y todo lo que de sublime y abyecto somos capaces de hacer para conseguirlas - retrata un mundo en el que conviven símbolos perennes en forma de dioses y semidioses, alegóricos seres celestiales e infernales, todo tipo de animales humanizados y hombres y mujeres de toda clase, capacidad y condición. Es decir, una sociedad, salvando las enormes distancias culturales, como la nuestra, ahora.

Se trata pues del mundo real, en su totalidad. 

Mientras tanto, nos seguimos dirigiendo - convencidos de que nos entienden y por su propio nombre - a animales domésticos de todas las especies, aunque usamos a otros en humillantes y a menudo crueles espectáculos, algunos, incluso, vergonzosamente sanguinarios.

La diferencia está en que el Ramayana es mucho más divertido y variado, resulta inofensivo para todos y, sobre todo, está admirablemente escrito.

¡Que la Lectura nos acompañe!


(*)  Concretamente en el capítulo XXXVI.





miércoles, 18 de marzo de 2015

UPANISHADS: ¿DÓNDE ESTÁ LA LUZ?


(ENTONCES)
 
Nos encontramos en el siglo VII aC, en la India. 

Los valores de la civilización védica ya no se corresponden con los modos de vivir de la sociedad. Los feroces pastores transhumantes, llegados hace miles de años desde las estepas del Asia Central, se han ido convirtiendo en ganaderos y agricultores e, incluso, urbanizados, en comerciantes y artesanos. Y se han asimilado con los habitantes autóctonos.

Pero su politeismo de base naturalista se ha mantenido prácticamente igual y, como los fieles están lejos del sentido primigenio de los himnos védicos, las funciones sacerdotales de los brahmanes se han convertido en preeminentes. Hay que aclarar el significado de los textos, interpretarlos, traducirlos a los nuevos tiempos. Lo que luego será identificado como literatura védica ha añadido a los cuatro primeros vedas (el Rig, el Yajur, el Atharva y el Sama), los Brahmanas que los expican y amplian y los Aranyakas (o Libros del bosque; aranyaka significa bosque) que profundizan en sus enseñanzas.

Sin embargo, a pesar de estos intentos de continuidad, la evolución que de todos modos se ha producido ha sido insuficiente. Hay excesiva distancia entre las preguntas vivas de los creyentes y las mecánicas y repetitivas respuestas de la tradición brahmánica. Hay que ir más allá.


(CUMBRES)

Para acomodarse a la nueva situación han surgido, rechazando las doctrinas establecidas, y casi simultáneamente, el jainismo y el budismo. Y, desde dentro del propio brahmanismo, la evolución de los Aranyakas ha cristalizado en nuevas corrientes de pensamiento que pretenden atender plenamente a los anhelos reales de la sociedad.


Los textos que exploran la nueva realidad se llaman "Upanishads" y esta denominación confirma la voluntad de comprensión que, en realidad, expresan. En efecto, la palabra upanishad es un compuesto formado por "upa" (a los pies) y "nishad" (sentarse debajo) y denota claramente el contacto directo entre el discípulo y el maestro. Sin intermediarios.

Unos versos de una de las primeras de estas nuevas obras deja clara la insatisfacción de partida y cuál se pretende que sea la respuesta:

Desde el error, llévanos a la Verdad,
desde la oscuridad, llévanos a la Luz,
desde la muerte, llévanos a la Eternidad.
(Brihadaranyaka Upanishad)


Los nuevos textos desarrollan reflexiones y doctrinas metafísicas, espirituales y filosóficas que preludian el Hinduismo y que continúan, ahora mismo, tan actuales como siempre. Además, los upanishads se agrupan bajo el nombre colectivo de "Vedanta", es decir el fin (anta) de los vedas, de los que son la última etapa y su culminación.

Los más antiguos, anteriores a la aparición de la escritura en la India, son transmitidos oralmente hasta ser transcritos, probablemente, hacia el siglo III aC, de manera definitiva. Y se escriben más. Al terminar el proceso, conforman un corpus de 108 upanishads de aceptación general, a pesar de que su número puede considerarse mayor si no se es ni muy estricto ni partidario de la ortodoxia. 

Sea como fuere, se ha convenido en resumirlos en cuatro "mahavakyas" (maha, grande; vakya, frase) que, centrando la atención en el eje Brahma-Atman, es decir, en el reflejo de lo Absoluto en la esencia individual y viceversa, condensan las nuevas doctrinas:

- prajñanam brahma (Brahma es el Conocimiento)
  (Aitareya Upanishad)

- ayam atma brahma (Soy la esencia individual, que es Brahma)
  (Mandukya Upanishad)

- tat tvam asi (Tú eres eso)
  (Chandogya Upanishad)

- aham brahmasmi (Soy Brahma)
  (Brihadaranyaka Upanishad)


(CAMINOS)

Los nuevos caminos ya han sido abiertos. Comienza una nueva manera de ver, de buscar, de ir más allá.

En Occidente, la primera edición de los Upanishads se hizo en latín, en Francia, a primeros del siglo XIX. La siguió inmediatamente una traducción parcial en inglés. La versión en alemán se publicó a mediados del mismo siglo. La obra terminó de incorporarse a nuestros cimientos culturales cuando Max Müller, el fundador de la mitología comparada, llevó a cabo una edición en inglés pocos años después.

Pero la sistematización de los intemporales principios upanishádicos vino de la mano de Schopenhauer, que los calificaba de "fruto de la más elevada sabiduría humana" e incorporaba sus conceptos básicos a su obra magna "El mundo como voluntad y representación". Después, otros filósofos, como el también alemán Schelling o los norteamericanos Emerson y Thoreau, continuaron su estudio y su difusión. 

En el siglo XX, personalidades tan diversas como T. S. Eliot, en "La tierra baldía", o el premio Nobel de Física Erwin Schrödiger son ejemplos de intelectuales cautivados por los Upanishads.

Las vías hacia la Verdad, la Luz y la Eternidad invitan a la lectura. Y a la exploración.


¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE?      


 

 

 

lunes, 16 de febrero de 2015

EL HOMBRE ES EL ORIGEN. Y EL TODO. RV.190 - PURUSHA SUKTA

Aunque encontramos menciones ocasionales a lo largo de los mandalas (libros) dos a nueve del Rigveda, no es hasta su décima y última parte que los lectores podemos disfrutar de textos específicos sobre la Creación del Universo.

Una de estas composiciones ya ha sido comentada en este blog (1). Cada una de las restantes aporta versiones distintas (2) sobre el Génesis. Es obvio que no existe "una" doctrina. 

El notable Purusha Sukta (Himno del Hombre Cósmico) demuestra claramente esta riqueza de perspectivas. Las dieciséis estrofas del himno - de las que se incluye aquí una selección - contemplan, desde la óptica védica, algunos de los mitos compartidos con otros pueblos indoeuropeos.

Las primeras estrofas muestran a un Purusha gigantesco, pariente innegable tanto de los Titanes griegos - las colosales divinidades primordiales que precedieron a los dioses en el Olimpo - como del resto de seres de características similares de las mitologías escandinava i báltica.

Purusha tiene mil cabezas,
mil ojos, mil pies.
Cubre la Tierra por todos sus lados
y la sobrepasa diez dedos.
(1)

Él es todo esto,
y todo lo que ya ha sido, y todo lo que será.
Él es el Señor de la inmortalidad
y crece más allá incluso de los alimentos.
(2)

El siguiente grupo de versos introduce el concepto también compartido en el ámbito indoeuropeo del sacrificio, pero, en un gesto integrador de lo humano y de lo trascendente, introduce la singularidad de utilizar al propio Purusha como ofrenda. La eficacia de la ceremonia es absoluta ya que genera las estaciones, convertidas así en elementos del propio sacrificio, y la Sabiduría cristalizada en los tres primeros Vedas.

Cuando los dioses celebraron el Sacrifico
con Purusha como ofrenda,
la Primavera fue la bebida sagrada,
el verano, la tea y el otoño la oblación.
(6)

De este Sacrificio, en el que todo fue ofrecido,
nacieron los himnos y cánticos del Rigveda,
los versos del Samaveda
y las fórmulas sagradas del Yajurveda.
(9)

Las estrofas recogidas a continuación confirman la adopción de la herencia indoeuropea y su adaptación a las circunstancias de la sociedad védica.

El concepto de fragmentación de un gigante para utilizar sus miembros como otras tantas partes del mundo es característico de Purusha pero también de Ymir, su mítico pariente escandinavo de quién, según su propia tradición, surgieron las nubes, la tierra, las rocas... y el resto de elementos de la Naturaleza.

Por otra parte, como ya se mencionó en otro lugar de este mismo blog (3), la estructuración de la sociedad en estamentos según sus funciones (religiosas, militares o productivas) es compartida por el pueblo védico con otros, como, por ejemplo, el germánico, y está también presente en las ideas platónicas, expresadas en la República.

¿Cuando dividieron al Hombre,
en cuántas partes lo trocearon? 
¿Qué hicieron son su boca? ¿Y con sus brazos?
¿Cómo llamaron a sus muslos? ¿Y a sus pies?
(11)

Su boca se convirtió en el Brahman,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos fueron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Sirvientes.
(12)

La última estrofa completa la descripción del Sacrificio iniciada en la sexta con una sucesión de conceptos también comunes.

Por un lado, mediante un juego de palabras en torno a los diversos significados del sacrificio, reúne en una sola idea ceremonia y ofrenda, rito y Purusha. En segundo lugar, convierte al nuevo ritual en acceso a los Sadhyas, unas divinidades antiquísimas, similares a los Titanes mencionados más arriba. Finalmente, como resultado de este proceso, hace del Hombre el eje de la Creación.

Los dioses sacrificaron el Sacrificio al Sacrifico;
éstos fueron los primeros ritos.
Éstos grandes poderes llegaron al cielo,
donde viven los Sadhyas, los dioses antiguos.
(16)

Las raíces comunes de los pueblos indoeuropeos que este himno pone de relieve, así como el resto de composiciones ancestrales a la que nos invita el Rigveda, son tan evidentes como profundas.

Afortunadamente, su Humanismo y su concepción holística del Universo continúan presentes.

Aunque sea a través de su lectura.


(1) Se trata del artículo "Génesis védica: RV 10.190".

(2) La serie completa incluye los himnos 10.72, 10.81-2, 10.90, 10.121, 10.129, 10.130 y 10.190.

(3) El artículo se titula "Estamentos, colores, funciones... otro legado que perdura". La traducción de la duodécima estrofa que figura aquí es la misma que en aquel texto. 


 
 

 
 


 



domingo, 4 de enero de 2015

¡ EN EL MAHABHARATA... O EN NINGUNA PARTE !

Cuando se hace referencia al Mahabharata, es frecuente citar el verso:

Lo que no está en este poema no se encuentra en ningún otro lugar.

Se ponen así de relieve dos aspectos fundamentales de este extraordinario poema épico de la literatura sánscrita.

Por un lado, se alude a la sorprendente extensión de la obra: doscientos mil versos conforman, mediante un millón ochocientas mil palabras, una narración contenida en dieciocho libros que incluyen, a su vez, un número variables de otros libros menores. El resultado es un volumen gigantesco: diez veces la Ilíada y la Odisea juntas, o bien cuatro Biblias seguidas, una detrás de otra.  

Su contenido es también maravillosamente rico: un núcleo de protagonistas, formado por una veintena de reyes y reinas, guerreros, sacerdotes, sabios y dioses, un centenar de importantes otros personajes y más de un millar de caracteres auxiliares, desarrollan un dramático argumento principal que es acompañado por todo tipo de narraciones secundarias y de tratados sobre las materias más diversas - entre ellos el deslumbrante fulgor espiritual del Bhagavad Gita -, cada uno de ellos merecedores, por separado y méritos propios, de una lectura atenta y placentera.

Pero la cita - que corresponde a la estrofa 53 del capítulo LXIII del Adi Parva (1) - no es completa. El texto íntegro de dicha estrofa afirma:

Todo lo dicho hasta ahora sobre la virtud, la riqueza, el placer y la liberación (2) se puede encontrar en otros lugares, pero... ¡lo que no está en este poema no está en ningún otro sitio!

En efecto, a través de los variadísimos textos que contiene, el poema muestra los conflictos, virtudes, vicios y demás circunstancias y afanes de hombres y mujeres, a lo largo de los tiempos y en todas partes. El Mahabharata nos revela, con todo detalle y crudeza, lo que hemos convenido en denominar la Condición Humana.

Otras estrofa del mismo Adi Parva (la 385 del Capítulo II) lo confirma:

Así como los pensamientos tienen su base en los sentidos, esta narración establece los cimientos de los deberes y virtudes de la Humanidad.


 Pero el Mahabharata tiene un tercer nivel ya que va más allá del relato propiamente dicho y de una primera interpretación de los hechos que describe. Su lectura aclara el sentido profundo de los acontecimientos e incrementa la capacidad para comprender su significado más profundo: 

Así como el Sol dispersa la oscuridad, las palabras de este poema sobre el deber, el provecho, el deseo y las trascendencia diluyen la ignorancia.

Así como la Luna llena,
con su tenue resplandor, abre los capullos del nenúfar, la luz de este poema despliega los pétalos de la inteligencia humana.

(Estrofas 85 y 86 del Capítulo I del ya mencionado Adi Parva.)

La realidad es - sus lectores lo experimentamos una y otra vez - las páginas del Mahabharata abren la mente, templan la sensibilidad, aumentan la capacidad de analizar y comprender y, por lo tanto, ayudan a que la cotidianidad sea más rica, consciente y feliz.

Porque, para decirlo sin duda mejor con palabras del propio Adi Parva (I.84):

En un mundo rodeado por las tinieblas de la ignorancia. este poema - como si fuera un remedio contra la ceguera - abre los ojos al Conocimiento (3).


(1) Buena parte del Adi Parva, o Libro del Comienzo (Adi: Comienzo, Parva: Libro) describe el contenido y la intención del propio Mahabharata; se trata, muy probablemente, del primer ejemplo del metaliteratura, o de literatura sobre ella misma. La citas de este artículo provienen de dicho libro.

(2) Estos cuatro objetivos de la vida de las personas constituyen el "purusharta" (finalidad humanas) : dharma (virtud), artha (riqueza), kama (placer) y moksha (liberación). Son una de las bases del hinduismo. Más abajo, en la versión de las estrofas 85 y 86 del Capítulo I, se proponen traducciones alternativas: deber, provecho, deseo y trascendencia.

(3) ¿Puede haber mejor propósito para el 2015 que leer - o releer - el Mahabharata? Además de la ediciones disponibles en librerías y bibliotecas, el texto también es accesible en internet, ya sea en versiones íntegras o resumidas, en inglés y francés, pero gratuitas.  







        

 


miércoles, 10 de diciembre de 2014

SAPTARISHIS. EL PERMANENTE ANHELO DE SABIDURÍA

Cada vez que miramos la Osa Mayor, además de tener el placer de contemplar las siete grandes estrellas de esta constelación tan conocida, estamos viendo una gigantesca alegoría de los legendarios Siete Sabios de la tradición sánscrita (1).

Los Saptarishis (sapta: siete; rishi: sabio), representados para siempre en el firmamento, son los siete sabios primordiales, de existencia aceptada de manera incuestionable por sus creyentes y con una presencia implícita y más o menos dispersa en la literatura védica y sánscrita, ya desde el temprano Rig Veda.  

Venerados como grandes patriarcas y conocedores de las Escrituras, compositores de numerosos libros e himnos védicos, descubridores de mantras, formuladores del Ayurveda i fundadores de los primeros linajes, los nombres de los Saptarishis se repiten a lo largo de los milenios, como un eco interminable: Gotama, Bharadvaja, Vishvamitra, Jamadagni, Vashista, Kashyapa, Atri...

En realidad, estos nombres son únicamente los del actual y decimocuarto grupo de Saptarishis, ya que, según la desmesurada y abisal perspectiva temporal de la cultura védica, a cada Manvantara, o período de 4.320.000 años en el que reina y legisla uno de los sucesivos Manus - o metafóricos progenitores de las sucesivas Humanidades -, corresponde un grupo de siete rishis específicos.

Sea como sea, se considera que todos y cada uno de los Sabios ha nacido directamente de la mente de Brahma, fruto de su pura voluntad, sin ninguna intervención ajena, y comparte con la gran divinidad que expresa la Creación, su inteligencia creativa.

En el Rig Veda, las tangenciales menciones de los Siete Sabios nos los muestran benévolos, clarividentes y poderosos:

Los sabios abrieron un camino para las vacas que estaban dentro de la cueva; los siete sacerdotes, con la fuerza de sus pensamientos, las obligaron a avanzar... (RV 3.31.5).

Los dioses y los siete sabios, que se establecieron en el ascetismo durante los tempos antiguos, hablaron de la mujer del bramán... (RV 10.109.4).

Y en el Bhagavad Gita, cuando Krishna describe y se identifica con el Universo, proclama su personificación en Bhrigu, un de los Saptarishis más antiguos:

De los grandes sabios, yo soy Bhrigu... (BG 10.12) (2).

Pero rastros literarios a parte, es en el cielo donde quizás se pueda buscar - e incluso encontrar - cada noche, brillando, reflejado en la precisa mecánica de los astros, el anhelo por la sabiduría más serena.



(1) La creencia en los Siete Sabios es compartida en la India por hindús, sijs y jainistas, pero aparece también entre los griegos y los romanos, así como, en ámbitos no indoeuropeos, como el hebreo o el chino e incluso, inesperadamente y ahora mismo, en el popular videojuego Pokemon.

(2) En el décimo libro del Bhagavad Gita, que incluye las palabras citadas, Krishna se describe él mismo como la causa última de todas las realidades materiales y espirituales.

El texto completo de la vigésimoquinta estrofa es el siguiente:

De los grandes sabios, yo soy Bhrigu;
de las vibraciones, yo soy el Om trascendente;
de los sacrificios, yo soy el canto de los nombres sagrados;
de las realidades inamovibles, yo soy el Himalaya.         


sábado, 15 de noviembre de 2014

PURANAS: LO QUE SABEMOS DEL MUNDO

No puede haber creación sin relación entre los opuestos. No puede existir creación impulsada sólo por Shiva o únicamente por la Naturaleza. La unión del perceptor con lo percibido, de quien disfruta y del objeto del disfrute, de un principio activo con otro pasivo es esencial para que la creación tenga lugar.  

Esta cita proviene del Shiva Purana, uno de los libros más antiguos de la cultura védica y, por lo tanto, de la Humanidad, concretamente del que está dedicado al dios del mismo nombre, símbolo divinizado del principio regenerador del Universo.

Los puranas - purana significa antiguo en védico (y en sánscrito) - son textos de carácter religioso, dedicados a las divinidades que supuestamente los han promulgado. Contienen relatos mitológicos, descripciones de cultos y de peregrinaciones y todo tipo de creencias con un trasfondo histórico, de imposible comprobación, y también cosmogonías, metafísica, filosofía, ciencia, música, medicina o gramática, entre muchos otros temas.

Son considerados el quinto veda, ya que completan y complementan la información subyacente o sobreentendida en el Rig Veda - el primer texto conservado en cualquier lengua indoeuropea - y en los otros tres que, de hecho, lo glosan y lo amplían. Los puranas pertenecen a la tradición "smriti", es decir, recordada tal como fue transmitida por los sabios, y no "shruti", o revelada directamente por los dioses.



La composición de los puranas es atribuida a Vyasa, el mismo autor legendario del Mahabharata, y su fijación escrita, hecha sin duda para asegurar su conservación plenamente fiel al original, más allá de su transmisión oral, se inició en el s. IV aC y se prolongó durante diez siglos.

Escritos en rimas de un sánscrito sencillo y directo, son fácilmente memorizables y comprendidos. Su difusión ha ido fundamentalmente a cargo de bramanes ambulantes que los declaman por templos y monasterios, con la intención de estimular la devoción hacia ellos.

Así pues, los puranas son un nexo claro entre las raíces culturales de la India - como la mayoría de sus lenguas, de profunda filiación indoeuropea - y las sucesivas generaciones, ahora ya afortunadamente globales.

Como muestra la siguiente minúscula selección, ofrecen una visión de la realidad, a la vez diversa y permanente.

Del Vishnu Purana (1):

- Vishnu es la mayor y más inmediata energía de Brahma, el Creador. Él es Brahma encarnado, totalmente formado por Brahma. En él está tejido y entretejido todo este Universo. Él es el mundo y el mundo está en él. Vishnu, el Señor que consiste en lo que es mortal y en lo que es inmortal, lo sostiene todo, tanto el Espíritu como la materia, tanto en sus aspectos positivos, como en los negativos.

- Quien habla con sabiduría, moderación y compasión accede a las fuentes de la felicidad perpetua.

- La defensa de la tierra es llevada a cabo por la autoridad de quienes han controlado sus pasiones y se mantienen libres del deseo, de la codicia y de la ira.

Del Garuda Purana (2):

- Nadie debe tener una inclinación excesiva por nadie. Si el propio cuerpo es sólo un sueño, ¿qué es el de los demás?

- Los buenos alimentos tomados por la mañana ya han sido destruidos por la noche. ¿Cómo puede haber permanencia en un cuerpo sostendi por estos alimentos?

Más allá del exotismo de un mundo antiguo y lejano y de la fascinación que puede despertar, los puranas son una verdadera enciclopedia de todo lo que hemos sabido en un momento y en un lugar dados, pero que denota, sobre todo, lo que permanece inalterable.

Son, a fin de cuentas, lo que sabemos del mundo.


(1) Vishnu es la gran divinidad protectora y su purana explica, básicamente, sus diez reencarnaciones.

(2) El Garuda Purana expone el sentido de la vida y de la muerte. Es un diálogo entre Vishnu y Garuda, el rey de los pájaros.

miércoles, 15 de octubre de 2014

PANCHAKANYA. VÍRGENES SAGRADAS, MUJERES LIBRES

La tradición popular india mantiene viva la devoción a un grupo de cinco mujeres legendarias, protagonistas de varios episodios de la narrativa épica del subcontinente. 

Tres de ellas - Ahalya, Tara y Mandodari - llegan a nosotros partiendo de los versos del Ramayana. Las otras dos - Kunti y Draupadi - provienen de las páginas del Mahabharata.

Las Panchakanya - pancha: cinco, kanya: virgen -, como son conocidas, siguen siendo hoy veneradas como mujeres ejemplares, más allá de maridos, hijos, padres, poliandrias o adulterios, además de los trágicos acontecimientos de los que son protagonistas.

Estos iconos de la perenne identidad femenina sobrepasan el papel de hijas, esposas o madres de personajes masculinos relevantes y despliegan sus propios destinos individuales, admirables por parte de todos, en todas las épocas.  


Ramayana. Impulso centrípeto

Ahalya, por ejemplo, joven esposa de Gautama - uno de los ancianos Siete Sabios de la tradición hindú - es seducida por Indra, personificación del soberano de la jerarquía celestial. Maldita por adúltera y condenada a ser invisible . o, tal vez, a convertirse en guijarro - recupera toda su dignidad debido a su devoción a Rama, una de las encarnaciones de Vishnu, el principio benefactor divinizado.

Las otras dos kanya del Ramayana tienen intervenciones destacadas en los hechos que las rodean.

Tara, la esposa del rey Vali - ambos cónyuges simios humanizados - supuestamente viuda, es forzada a casarse con su cuñado, precipitadamente nombrado nuevo monarca. Cuando Vali regresa, sólo la inteligencia y bondad de Tara evitan, en parte al menos, un venganza bélica literalmente fratricida.



Por su parte, Mandodari, la esposa del demoníaco rey Ravana, el raptor de Sita que desencadena con su delito la guerra emprendida por su legítimo marido. A pesar de no conseguir la liberación de Sita, el amor incondicional de Mandodari por su esposo permanece como ejemplo de afecto conyugal.


Mahabharata. Más arriba, más lejos

A su vez, Kunti y su nuera Draupadi comparten parentesco, escenario literario en el Mahabharata y poliandria, además de destierros y las consecuencias de una guerra de exterminio.

Kunti tiene cuatro hijos naturales, pero permanece inmaculada después de cada fecundación. El primero - ilegítimo - con el dios Surya, es decir el símbolo del Sol, y los otros tres, mientras está formalmente casada con el rey Pandu - condenado a no tener descendencia biológica -, con otros tantos divinizaciones: Dharma (el Deber), Vayu (el Viento) e Indra. Adopta también a los dos gemelos de la segunda mujer del marido, que consta así como padre formal de cinco hijos, conocidos como Pandava.

Draupadi, finalmente, se casa simultáneamente con los cinco hermanos acabados de mencionar y, el igual que su suegra, recupera la virginidad después de estar con cada uno de ellos. Su íntima fidelidad a cada uno de sus maridos y, sobre todo, a ella misma la convierten en objeto de todo tipo de humillaciones y agresiones que no consiguen doblegar su majestuosa dignidad.

En cualquier caso, ambas son, por su sabiduría y autoridad, las verdaderas - aunque secretas - cabezas de familia de sus respectivos hogares y resultan decisivas en las vidas de los hombres que las rodean.


Dignidad imperturbable

Pero por encima de todas estas intrincadas trayectorias personales, las kanya comparten claros rasgos comunes que son, en definitiva, lo que las convierte en arquetipos.

Ninguna de ellas tiene, por motivos diversos, un modelo materno que les muestre el pretendido rol social de las mujeres y todas sufren pérdidas familiares graves (hijos, maridos, padres...) y el maltrato, a menudo físico, de una sociedas ferozmente discriminatoria. Sin embargo, cuestionan el concepto tradicional de matrimonio y maternidad, que confina a la mujer a funciones puramente biológicas, van más allá y se convieten en ejemplos éticos colectivos.

Permanecen vírgenes, puesto que su pureza se asienta en el hecho de no romper ningún código humano, excepto las injustas ortodoxias de las sociedades patriarcales. Esta es la razón por la que nunca pierden su verdadera integridad.

Distinguen lo correcto del error. Persisten en sus convicciones a pesar de todos los obstáculos. Muestran siempre una profunda sabiduría, un conocimiento superior del sentido real de la vida. Demuestran una imperturbable fortaleza espiritual.

Es, sin duda, por este motivo que su testimonio - y su mantra - continúan tan presentes:

El recuerdo de las cinco vírgenes sagradas
- Ahalya, Draupadi, Kunti, Tara y Mandodari -
vence incluso a las mayores dificultades.