Los textos sánscritos más conocidos sacralizan a dioses y reyes, guerreros, brahmanes y princesas y teorizan, prolijos y sabios, sobre filosofía, cosmogonía y todo tipo de materias.
Pero, en contraste con estos aspectos, digamos, serios, la vida cotidiana emerge con vívida pujanza mediante una literatura calificable como popular, en la que el humor tiene un papel primordial.
Los chistes recogidos a continuación reflejan un sano distanciamiento de los valores aparentemente más estáticos del pensamiento académico y de la práctica social convencional.
¡Un buen cambio!
Aquel día, un devoto rogaba a Krishna:
- ¡Oh Krishna sublime! ¿Es cierto que para ti un millón de años es tan sólo un segundo?
- Así es. En efecto. - Respondió el avatar de Vishnu.
- Entonces, oh Krishna bienamado, ¿qué es un millón de rupias para ti?
- Apenas una rupia. - Replicó.
- Oh Krishna omnipotente, ¿podrías darme una rupia, por favor?
- Espera un segundo.- Dijo, muerto de risa.
Oh, Doctor - reconocía el enfermo ante su médico - Sois más poderoso que Yama, el dios de la muerte.
¡Él sólo se nos lleva la vida, pero Usted, además, se nos lleva el dinero!
Tres ascetas meditaban en una cueva del Himalaya.
Una mañana se oyeron unos pasos en el exterior.
Seis meses más tarde, uno de ellos preguntó. ¿Habéis oído al oso?
Después de un año de silencio, otro de los ascetas respondió enojado: ¡Era un tigre!
De nuevo, silencio absoluto.
Pero de repente, dos o tres años más tarde, el tercer asceta ya no pudo más y exclamó enojado: ¡Tendré que irme! ¡Con vosotros es imposible concentrarse! ¡No paráis de hablar!
¡Te estoy tan agradecido, Pobreza! Decía un mendigo.
Gracias a ti tengo poderes mágicos.
Yo puedo ver a todo el que pasa ante mi, por las escaleras del Templo, pero ninguno de los fieles me ve a mi!
Cuatro monjes meditaban en el patio del monasterio y, de repente, la bandera del tejado empezó a ondear.
El más joven, aburrido, se levantó y dijo, excitado: ¡Mirad como se mueve la bandera!
Su compañero, que llevaba más tiempo en el convento, le aclaró: Es el viento...
El tercer monje, con más experiencia, instruyó a los novicios: ¡Es vuestra mente la que se agita!
El sacerdote más viejo cerró la discusión: ¡Lo que no para de moverse son vuestras lenguas!
La siguiente cita, atribuida como tantas otras a Gandhi (que, por cierto, parece haberlo dicho todo) no es sánscrita, pero es graciosa y refleja la opinión que merecemos de parte de la cultura que es su continuadora:
"Podría llegar a ser una buena idea" respondió Gandhi, cuando le preguntaron su parecer sobre la civilización occidental.
jueves, 6 de agosto de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
ADITYA HRIDAYAM. EL CORAZÓN DEL SOL
Ahora que tan cerca tenemos al Sol se hacen aún más evidentes las razones por las que despierta tanta devoción, tanto en sacerdotes de todas la creencias como en incautos turistas por tantas y tantas playas de todo el mundo.
Todos estamos de acuerdo: el astro es el origen de la vida y, sobre todo, nos trae, cada mañana, un nuevo día, acabado de terminar. Fresco y limpito, viene acompañado de la posibilidad de poder volver a empezar.
Y así es como, hace miles y miles de años - pero podría ser aquí, ahora mismo - un guerrero se enfrentó a quien le había ofendido gravemente y sus consejeros, a fin de asegurar su victoria, lo armaron con los poderes del Sol.
La hazaña está recogida en el Ramayana, el famoso poema épico sánscrito. La narración nos cuenta como Rama - una de las reencarnaciones de Vishnu, simbólico conservador del orden cósmico - viaja (yana, significa viaje) para recuperar a su esposa y matar a Ravana, su diabólico raptor.
El episodio, conocido como Aditya Hridayam (Aditya es el dios Sol; hridayam significa corazón) figura en el capítulo CV del canto VI de la obra y describe en treinta estrofas la capacidad del astro para generar todo tipo de beneficios.
Cuando Rama invoca al Sol le reconoce todo tipo de méritos, como los siguientes, entre otros:
Saludos al ser trascendental que disipa las tinieblas, aleja todo temor y vence a los enemigos. Saludos también al aniquilador de los ingratos y al Señor de los cuerpos estelares.
Saludos al Señor que brilla como oro fundido, al fuego esencial, a la llama del conocimiento supremo, al arquitecto del Universo, destructor de la oscuridad. Saludos a su fulgor, testigo del Cosmos.
Saludos al Señor que todo lo destruye y que todo lo vuelve a crear. Saludos a Aquél que con sus rayos consume las aguas, la calienta y las devuelve en forma de lluvia.
El final del fragmento describe como Rama se siente listo para el combate:
Mirando al Sol con devoción, Rama recitó tres veces este himno y recibió sus poderes.
Después de purificarse bebiendo agua también tres veces, tomó su arco y al ver a Ravana dispuesto a la batalla, tomó la decisión de destruirlo.
Quizás sí que tomar el Sol sirva para algo más que broncearse...
Todos estamos de acuerdo: el astro es el origen de la vida y, sobre todo, nos trae, cada mañana, un nuevo día, acabado de terminar. Fresco y limpito, viene acompañado de la posibilidad de poder volver a empezar.
Y así es como, hace miles y miles de años - pero podría ser aquí, ahora mismo - un guerrero se enfrentó a quien le había ofendido gravemente y sus consejeros, a fin de asegurar su victoria, lo armaron con los poderes del Sol.
La hazaña está recogida en el Ramayana, el famoso poema épico sánscrito. La narración nos cuenta como Rama - una de las reencarnaciones de Vishnu, simbólico conservador del orden cósmico - viaja (yana, significa viaje) para recuperar a su esposa y matar a Ravana, su diabólico raptor.
El episodio, conocido como Aditya Hridayam (Aditya es el dios Sol; hridayam significa corazón) figura en el capítulo CV del canto VI de la obra y describe en treinta estrofas la capacidad del astro para generar todo tipo de beneficios.
Cuando Rama invoca al Sol le reconoce todo tipo de méritos, como los siguientes, entre otros:
Saludos al ser trascendental que disipa las tinieblas, aleja todo temor y vence a los enemigos. Saludos también al aniquilador de los ingratos y al Señor de los cuerpos estelares.
Saludos al Señor que brilla como oro fundido, al fuego esencial, a la llama del conocimiento supremo, al arquitecto del Universo, destructor de la oscuridad. Saludos a su fulgor, testigo del Cosmos.
Saludos al Señor que todo lo destruye y que todo lo vuelve a crear. Saludos a Aquél que con sus rayos consume las aguas, la calienta y las devuelve en forma de lluvia.
El final del fragmento describe como Rama se siente listo para el combate:
Mirando al Sol con devoción, Rama recitó tres veces este himno y recibió sus poderes.
Después de purificarse bebiendo agua también tres veces, tomó su arco y al ver a Ravana dispuesto a la batalla, tomó la decisión de destruirlo.
Quizás sí que tomar el Sol sirva para algo más que broncearse...
viernes, 10 de julio de 2015
EL TRIDENTE DE SHIVA
En la mayoría de sus representaciones, Shiva - simbólica síntesis de los impulsos renovadores del Universo - exhibe con orgullo su trishula (tri: tres, shula: lanza), es decir su tridente.
Se trata de la máxima muestra de su mítico poder, ya que acoge - y proyecta - un incontable número de tríadas, igualmente simbólicas.
El canon de esta sorprendente confluencia de triplicidades incluye, entre otros:
- El pasado, el presente y el futuro.
- Los gunas, o cualidades de todo lo que nos rodea: sattva (equilibrio), rajas (actividad) y tamas (pasividad).
- Las divinidades Brahma, Visnú y el propio Shiva y sus correlatos: la Creación, la Preservación y la Evolución.
- Los modos de expresión del Universo: físico, sutil y causal.
- Los poderes femeninos: voluntad, acción y sabiduría.
- Los estados de conciencia: vigilia, sueño y sueño profundo.
- Los tres sonidos primordiales, generadores del Cosmos (A, U, M), audibles tal vez durante el Big Bang y, en todo caso, posteriormente millones y millones de veces de los labios de los adeptos más variados.
- Los tres nadis (ida, pingala y sushumna), sutiles canales de energía presentes en la práctica de los yoguis avanzados.
- Las naturalezas cuantitativas y cualitativas del Universo, además del proceso de su emergencia desde lo Inmanifestado.
Y, como colofón y consecuencia de este cúmulo de potencialidades, la capacidad de regenerar los tres mundos: el físico, el de los antepasados y el de la mente.
Es lógico pues que, con ánimo de síntesis y de convertir en tangibles todos estos conceptos, se concluya que el Trishula, el mágico tridente de Shiva, represente la Totalidad, la irresistible potencia de la Realidad Trascendental.
Se trata de la máxima muestra de su mítico poder, ya que acoge - y proyecta - un incontable número de tríadas, igualmente simbólicas.
El canon de esta sorprendente confluencia de triplicidades incluye, entre otros:
- El pasado, el presente y el futuro.
- Los gunas, o cualidades de todo lo que nos rodea: sattva (equilibrio), rajas (actividad) y tamas (pasividad).
- Las divinidades Brahma, Visnú y el propio Shiva y sus correlatos: la Creación, la Preservación y la Evolución.
- Los modos de expresión del Universo: físico, sutil y causal.
- Los poderes femeninos: voluntad, acción y sabiduría.
- Los estados de conciencia: vigilia, sueño y sueño profundo.
- Los tres sonidos primordiales, generadores del Cosmos (A, U, M), audibles tal vez durante el Big Bang y, en todo caso, posteriormente millones y millones de veces de los labios de los adeptos más variados.
- Los tres nadis (ida, pingala y sushumna), sutiles canales de energía presentes en la práctica de los yoguis avanzados.
- Las naturalezas cuantitativas y cualitativas del Universo, además del proceso de su emergencia desde lo Inmanifestado.
Y, como colofón y consecuencia de este cúmulo de potencialidades, la capacidad de regenerar los tres mundos: el físico, el de los antepasados y el de la mente.
Es lógico pues que, con ánimo de síntesis y de convertir en tangibles todos estos conceptos, se concluya que el Trishula, el mágico tridente de Shiva, represente la Totalidad, la irresistible potencia de la Realidad Trascendental.
miércoles, 24 de junio de 2015
"LA UNIÓN HACE LA FUERZA", DICEN LAS PALOMAS DEL PANCHATANTRA
Cuando aquella mañana, Chitragriva (Cuello Irisado), el rey de las palomas, buscaba el desayuno para sus súbditos, descubrió un montón de granos de arroz bajo un árbol.
Se puso muy contento, pero no sabía que se trataba de una trampa: un cazador quería atrapar con sus redes a todos los pájaros que fueran a alimentarse.
Por eso, cuando las palomas comían satisfechas, quedaron aprisionadas por las mallas.
Pero Chitragriva mantuvo el ánimo firme y, tras pensar unos minutos, tranquilizó a su séquito:
Quien, en las dificultades,
conserva la cabeza clara,
con la ayuda de su inteligencia
vence todas las dificultades.
Entonces, cada paloma, al tiempo que las demás, cogió un trozo de hilo con el pico y levantó la red por encima de sus cabezas.
Así, todas juntas, consiguieron escapar.
Las cosas pequeñas, cuando se juntan,
se hacen más fuertes.
Los hilos de algodón, cuando se trenzan,
son imposibles de romper.
Esta historia proviene del Panchatantra, un recopilación de antiquísimas fábulas de animales, recopiladas en la India, en sánscrito, en el siglo III aC.
Traducido y versionado desde entonces en todo el mundo, a veces íntegramente, a veces de forma parcial, el Panchatantra, con éste o con algún otro título, jamás ha dejado de contarse.
Y siempre con los mismos propósitos: distraer, divertir, instruir...
Se trata de una verdadera enciclopedia de sabiduría popular.
¡Incluso las palomas lo saben!
Se puso muy contento, pero no sabía que se trataba de una trampa: un cazador quería atrapar con sus redes a todos los pájaros que fueran a alimentarse.
Por eso, cuando las palomas comían satisfechas, quedaron aprisionadas por las mallas.
Pero Chitragriva mantuvo el ánimo firme y, tras pensar unos minutos, tranquilizó a su séquito:
Quien, en las dificultades,
conserva la cabeza clara,
con la ayuda de su inteligencia
vence todas las dificultades.
Entonces, cada paloma, al tiempo que las demás, cogió un trozo de hilo con el pico y levantó la red por encima de sus cabezas.
Así, todas juntas, consiguieron escapar.
Las cosas pequeñas, cuando se juntan,
se hacen más fuertes.
Los hilos de algodón, cuando se trenzan,
son imposibles de romper.
Esta historia proviene del Panchatantra, un recopilación de antiquísimas fábulas de animales, recopiladas en la India, en sánscrito, en el siglo III aC.
Traducido y versionado desde entonces en todo el mundo, a veces íntegramente, a veces de forma parcial, el Panchatantra, con éste o con algún otro título, jamás ha dejado de contarse.
Y siempre con los mismos propósitos: distraer, divertir, instruir...
Se trata de una verdadera enciclopedia de sabiduría popular.
¡Incluso las palomas lo saben!
lunes, 8 de junio de 2015
RV 9.112: MÁS ALLÁ DE LOS ANHELOS
Diversos son los deseos de los hombres
y diversos sus caminos:
el obrero busca trabajo,
el médico, enfermos y el brahmán, devotos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma. (*)
El herrero - con plantas mágicas,
y plumas de los pájaros celestes,
con piedras encantadas
y la danza de las llamas - busca clientes ricos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Yo soy un poetastro,
papá és médico y mamá, molinera.
Nos esforzamos para conseguir riquezas con todo tipo de pensamientos;
vamos tras nuestros deseos como si fuésemos ganado.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
El caballo desea un carro ligero,
el seductor, una sonrisa,
el pene, una abertura velluda
y por el agua suspira la rana.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Los himnos del Rig Veda transmiten una sabiduría profunda y serena, establecida, probablemente, sobre la observación tranquila y continuada de la Naturaleza. Sin embargo, no todos giran en torno a fenómenos astronómicos, geográficos o sociales "serios", más o menos divinizados y/o convertidos en elementos rituales.
Algunos son claramente profanos, dirigidos a la familia, a un pretendiente o a un vecino ruidoso.
Buen ejemplo de ello es el traducido más arriba, dedicado a los deseos humanos más básicos.
Más allá de la precisión - y de la crudeza - de los retratos, sorprende, y hasta produce escalofríos, la actualidad de los rasgos que destaca.
En los aspectos nucleares, entre los indoeuropeos que compusieron y recopilaron este himno, hace tres o cuatro mil años, y nosostros mismos hay una clara identidad.
(*) Indra es el rey de los dioses de la religión védica, previa al hinduismo, y el Soma el licor utilizado en aquella liturgia.
y diversos sus caminos:
el obrero busca trabajo,
el médico, enfermos y el brahmán, devotos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma. (*)
El herrero - con plantas mágicas,
y plumas de los pájaros celestes,
con piedras encantadas
y la danza de las llamas - busca clientes ricos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Yo soy un poetastro,
papá és médico y mamá, molinera.
Nos esforzamos para conseguir riquezas con todo tipo de pensamientos;
vamos tras nuestros deseos como si fuésemos ganado.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
El caballo desea un carro ligero,
el seductor, una sonrisa,
el pene, una abertura velluda
y por el agua suspira la rana.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Los himnos del Rig Veda transmiten una sabiduría profunda y serena, establecida, probablemente, sobre la observación tranquila y continuada de la Naturaleza. Sin embargo, no todos giran en torno a fenómenos astronómicos, geográficos o sociales "serios", más o menos divinizados y/o convertidos en elementos rituales.
Algunos son claramente profanos, dirigidos a la familia, a un pretendiente o a un vecino ruidoso.
Buen ejemplo de ello es el traducido más arriba, dedicado a los deseos humanos más básicos.
Más allá de la precisión - y de la crudeza - de los retratos, sorprende, y hasta produce escalofríos, la actualidad de los rasgos que destaca.
En los aspectos nucleares, entre los indoeuropeos que compusieron y recopilaron este himno, hace tres o cuatro mil años, y nosostros mismos hay una clara identidad.
(*) Indra es el rey de los dioses de la religión védica, previa al hinduismo, y el Soma el licor utilizado en aquella liturgia.
martes, 19 de mayo de 2015
BHAGAVAD GITA: UNA CITA CON LA ACCIÓN. Y CON LA VICTORIA
El Bhagavad Gita es valorado como la síntesis de las diversas corrientes de la espiritualidad y de la filosofía de la India.
Pero este famoso fragmento del Mahabharata es, de hecho, primariamente, una guía que ayuda a desvanecer dudas, tomar decisiones y, sobre todo, orientar la acción hacia el triunfo.
Sus contenidos están al servicio de este objetivo prioritario.
Arjuna, uno de los protagonistas del diálogo a través del cual el Bhagavad Gita despliega sus argumentos, deja clara su angustia y, dirigiéndose a Krishna, le pide dramáticamente consejo:
Mi corazón se siente débil y triste
y mi mente no sabe cuál es mi deber.
Te pregunto qué es mejor.
Soy tu discípulo, me he entregado a ti. ¡Instrúyeme!
BG 2.7
A partir de este momento, el poema expone de manera metódica sus razonamientos y establece los fundamentos de una acción profundamente ética, que basa su eficacia - y su aceptación en Occidente - en la atemporalidad y validez universal de los principios que propone.
Krishna - una de las diez mesiánicas encarnaciones de Vishnu, la deidad que simboliza las energías positivas - insta a Arjuna a cumplir con su deber, es decir, de modo congruente con el contexto en el que se sitúa la obra, a luchar:
Si no combates en esta guerra justa,
abandonas tu deber y tu honor
y te conviertes en culpable.
BG 2.33
Después de este llamamiento a cumplir con el deber personal, Krishna ensancha la perspectiva y añade el concepto de orden colectivo. Su regreso a la Tierra - y, por tanto, la reactivación de las energías positivas que Vishnu a través de él expresa - tiene lugar siempre que hay que restablecer el equilibrio roto:
Cada vez que el orden se marchita
y florece el desorden,
me creo a mí mismo.
BG 4.7
Pero no es suficiente. La condición para la recuperación de la armonía es que la acción individual confirme y manifieste la trayectoria cósmica que Krishna simboliza:
Levántate por tanto y cosecha gran gloria;
gobierna el rico reino venciendo a tus enemigos.
Yo mismo los he condenado en el pasado;
sé meramente mi mano en esta ocasión, hábil arquero.
BG 11.33
La última estrofa del Bhagavad Gita ratifica cuál es la clave de la victoria. Para decirlo según la conocida metáfora bíblica, lo que asegura el triunfo - y el gozo, y la alegría - es la "alianza" entre el hombre (Arjuna) y los principios que impulsan al Cosmos (Krishna):
Allí donde está Krishna, el Maestro del Yoga,
y Arjuna, el Arquero,
son seguras la fortuna, la victoria,
la prosperidad y la paz.
BG 18.78
Pero este famoso fragmento del Mahabharata es, de hecho, primariamente, una guía que ayuda a desvanecer dudas, tomar decisiones y, sobre todo, orientar la acción hacia el triunfo.
Sus contenidos están al servicio de este objetivo prioritario.
Arjuna, uno de los protagonistas del diálogo a través del cual el Bhagavad Gita despliega sus argumentos, deja clara su angustia y, dirigiéndose a Krishna, le pide dramáticamente consejo:
Mi corazón se siente débil y triste
y mi mente no sabe cuál es mi deber.
Te pregunto qué es mejor.
Soy tu discípulo, me he entregado a ti. ¡Instrúyeme!
BG 2.7
A partir de este momento, el poema expone de manera metódica sus razonamientos y establece los fundamentos de una acción profundamente ética, que basa su eficacia - y su aceptación en Occidente - en la atemporalidad y validez universal de los principios que propone.
Krishna - una de las diez mesiánicas encarnaciones de Vishnu, la deidad que simboliza las energías positivas - insta a Arjuna a cumplir con su deber, es decir, de modo congruente con el contexto en el que se sitúa la obra, a luchar:
Si no combates en esta guerra justa,
abandonas tu deber y tu honor
y te conviertes en culpable.
BG 2.33
Después de este llamamiento a cumplir con el deber personal, Krishna ensancha la perspectiva y añade el concepto de orden colectivo. Su regreso a la Tierra - y, por tanto, la reactivación de las energías positivas que Vishnu a través de él expresa - tiene lugar siempre que hay que restablecer el equilibrio roto:
Cada vez que el orden se marchita
y florece el desorden,
me creo a mí mismo.
BG 4.7
Pero no es suficiente. La condición para la recuperación de la armonía es que la acción individual confirme y manifieste la trayectoria cósmica que Krishna simboliza:
Levántate por tanto y cosecha gran gloria;
gobierna el rico reino venciendo a tus enemigos.
Yo mismo los he condenado en el pasado;
sé meramente mi mano en esta ocasión, hábil arquero.
BG 11.33
La última estrofa del Bhagavad Gita ratifica cuál es la clave de la victoria. Para decirlo según la conocida metáfora bíblica, lo que asegura el triunfo - y el gozo, y la alegría - es la "alianza" entre el hombre (Arjuna) y los principios que impulsan al Cosmos (Krishna):
Allí donde está Krishna, el Maestro del Yoga,
y Arjuna, el Arquero,
son seguras la fortuna, la victoria,
la prosperidad y la paz.
BG 18.78
lunes, 27 de abril de 2015
HANUMAN. UN SUPERHÉROE EN EL MUNDO REAL
En lo más alto del cielo, se oyó un trueno profundo y potente. Era Indra, el rey de los dioses y también de las tormentas, que decía: "A partir de ahora, Hanuman, el joven hijo de Vayu, el monarca del viento, será invulnerable a mis rayos."
A continuación, Martanda, la resplandeciente divinidad solar entre los hermanos Aditiás, añadió: "Doy a este muchacho una centésima parte de mi inmenso brillar. Y, además, le adiestraré en el arte de la elocuencia."
Mientras tanto, reinando en las aguas, el divino Varuna afirmaba: "Ni en una miríada de años, ni el lazo con el que ahogo ni ninguna de mis aguas le podrán causar la muerte."
"A partir de ahora, será invulnerable a mi cetro y ajeno a toda enfermedad.", añadió Yama, el dios de la muerte, y concluyó: "Con mi poder, le otorgo el privilegio de ignorar para siempre el desánimo en el campo de batalla."
Incluso Dasagriva, el guerrero de las diez cabezas, anunció: "Mi maza no lo abatirá en el combate". A continuación, Shiva, el dios del cambio, rehusó al poder de destruirlo y Vishvakaram, el gran arquitecto de este Universo, dijo: "No morirá golpeado por mis armas divinas y disfrutará de una larga vida."
Por último, Brahma, el Creador, lo confirmó: "Ninguna de mis armas lo destruirá" y, dirigiéndose a Vayu, añadió: "Tu hijo, gracias a su invencibilidad, será el terror de sus enemigos y la tranquilidad de sus amigos; podrá cambiar de forma a voluntad, comportarse como quiera y viajar sin límites, según sus deseos; distinguido como el mayor saltador, esquivará cualquier obstáculo y será célebre hasta el final de los Tiempos. Para destruir a Ravana y satisfacer a Rama, llevará a cabo hazañas que sorprenderán a todos."
Esta serie de profecías, que podemos leer en el último de los siete Libros del Ramayana (*), ya se han ido desplegando anteriormente ante los ojos del lector a través de los hechos que se narran en los seis Cantos precedentes y explican el origen de los sorprendentes superpoderes de Hanuman, uno de los personajes centrales de este gran poema épico de la literatura sánscrita y universal.
En sus páginas, Hanuman, un simio humanizado, valiente y leal, defensor del Bien y enemigo del Mal, llevado por sus impulsos adolescentes, se ha metido en un lío de verdadero alcance cósmico; después - armado con las extraordinarias capacidades enunciadas más arriba por los respectivos dioses, propias de los superhéroes de todos los tiempos y lugares - se convierte en un factor clave en el desarrollo de la narración.
El libro, del que se conocen más de doscientas versiones, todas ellas de la misma validez, y de permanente actualidad durante, como mínimo, los tres o cuatro mil años en todo el Sudeste Asiático y hoy, afortunadamente, en todo el mundo, va más allá de la conocida leyenda indoeuropea de la esposa raptada valientemente rescatada por su marido, que conocemos también a través de la Ilíada.
El Ramayana, además de describir el gran circo de las ambiciones humanas - y todo lo que de sublime y abyecto somos capaces de hacer para conseguirlas - retrata un mundo en el que conviven símbolos perennes en forma de dioses y semidioses, alegóricos seres celestiales e infernales, todo tipo de animales humanizados y hombres y mujeres de toda clase, capacidad y condición. Es decir, una sociedad, salvando las enormes distancias culturales, como la nuestra, ahora.
Se trata pues del mundo real, en su totalidad.
Mientras tanto, nos seguimos dirigiendo - convencidos de que nos entienden y por su propio nombre - a animales domésticos de todas las especies, aunque usamos a otros en humillantes y a menudo crueles espectáculos, algunos, incluso, vergonzosamente sanguinarios.
La diferencia está en que el Ramayana es mucho más divertido y variado, resulta inofensivo para todos y, sobre todo, está admirablemente escrito.
¡Que la Lectura nos acompañe!
(*) Concretamente en el capítulo XXXVI.
A continuación, Martanda, la resplandeciente divinidad solar entre los hermanos Aditiás, añadió: "Doy a este muchacho una centésima parte de mi inmenso brillar. Y, además, le adiestraré en el arte de la elocuencia."
Mientras tanto, reinando en las aguas, el divino Varuna afirmaba: "Ni en una miríada de años, ni el lazo con el que ahogo ni ninguna de mis aguas le podrán causar la muerte."
"A partir de ahora, será invulnerable a mi cetro y ajeno a toda enfermedad.", añadió Yama, el dios de la muerte, y concluyó: "Con mi poder, le otorgo el privilegio de ignorar para siempre el desánimo en el campo de batalla."
Incluso Dasagriva, el guerrero de las diez cabezas, anunció: "Mi maza no lo abatirá en el combate". A continuación, Shiva, el dios del cambio, rehusó al poder de destruirlo y Vishvakaram, el gran arquitecto de este Universo, dijo: "No morirá golpeado por mis armas divinas y disfrutará de una larga vida."
Por último, Brahma, el Creador, lo confirmó: "Ninguna de mis armas lo destruirá" y, dirigiéndose a Vayu, añadió: "Tu hijo, gracias a su invencibilidad, será el terror de sus enemigos y la tranquilidad de sus amigos; podrá cambiar de forma a voluntad, comportarse como quiera y viajar sin límites, según sus deseos; distinguido como el mayor saltador, esquivará cualquier obstáculo y será célebre hasta el final de los Tiempos. Para destruir a Ravana y satisfacer a Rama, llevará a cabo hazañas que sorprenderán a todos."
Esta serie de profecías, que podemos leer en el último de los siete Libros del Ramayana (*), ya se han ido desplegando anteriormente ante los ojos del lector a través de los hechos que se narran en los seis Cantos precedentes y explican el origen de los sorprendentes superpoderes de Hanuman, uno de los personajes centrales de este gran poema épico de la literatura sánscrita y universal.
En sus páginas, Hanuman, un simio humanizado, valiente y leal, defensor del Bien y enemigo del Mal, llevado por sus impulsos adolescentes, se ha metido en un lío de verdadero alcance cósmico; después - armado con las extraordinarias capacidades enunciadas más arriba por los respectivos dioses, propias de los superhéroes de todos los tiempos y lugares - se convierte en un factor clave en el desarrollo de la narración.
El libro, del que se conocen más de doscientas versiones, todas ellas de la misma validez, y de permanente actualidad durante, como mínimo, los tres o cuatro mil años en todo el Sudeste Asiático y hoy, afortunadamente, en todo el mundo, va más allá de la conocida leyenda indoeuropea de la esposa raptada valientemente rescatada por su marido, que conocemos también a través de la Ilíada.
El Ramayana, además de describir el gran circo de las ambiciones humanas - y todo lo que de sublime y abyecto somos capaces de hacer para conseguirlas - retrata un mundo en el que conviven símbolos perennes en forma de dioses y semidioses, alegóricos seres celestiales e infernales, todo tipo de animales humanizados y hombres y mujeres de toda clase, capacidad y condición. Es decir, una sociedad, salvando las enormes distancias culturales, como la nuestra, ahora.
Se trata pues del mundo real, en su totalidad.
Mientras tanto, nos seguimos dirigiendo - convencidos de que nos entienden y por su propio nombre - a animales domésticos de todas las especies, aunque usamos a otros en humillantes y a menudo crueles espectáculos, algunos, incluso, vergonzosamente sanguinarios.
La diferencia está en que el Ramayana es mucho más divertido y variado, resulta inofensivo para todos y, sobre todo, está admirablemente escrito.
¡Que la Lectura nos acompañe!
(*) Concretamente en el capítulo XXXVI.
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