martes, 3 de enero de 2017

IMPULSOS SÁNSCRITOS: EL HATHA YOGA PRADIPIKA, POR EJEMPLO


Más allá de su gramática científicamente perfecta, de su léxico exhaustivo y de una literatura que lo describe absolutamente todo, a lo largo de los milenios, el sánscrito ha difundido una cosmogonía naturalista divinizada, en la que cada mujer y cada hombre tenemos una función primordial.

Esta voluntad de trascender la simple e inmediata condición humana queda patente desde los primeros textos utilizados por su civilización para expresarse: los himnos recogidos en el Rig Veda exploran, fundamentalmente, el papel de la Humanidad en el Cosmos.



Después de este deslumbrante Big Bang metafísico, los Upanishads (VIII-IV aC) y la Bhagavad Gita (III aC) o las propuestas éticas y políticas de Gandhi o las especulaciones filosóficas contemporáneas de, por ejemplo, Krishnamurti, Aurobindo o Nisargadatta siguen avanzando en esta direción.


El Hatha Yoga Pradipika, un paso más

Pero entre un extremo temporal y el otro, disponemos de una notabilísima literatura que insiste en esta búsqueda. Paradigma de este tesoror es el Hatha Yoga Pradipika, un manual de yoga del siglo XV que acerca al lector a los conceptos básicos de esta disciplina y que ya fueron empezados a difundir en el siglo III aC por Patañjali en sus Yoga Sutras.

Y, como muestra esta brevísima selección, lo hace actualizando los conocimientos sobre esta disciplina, con una clara intención didáctica y, sobre todo, desde una perspectiva nítidamente evolutiva:

A todos aquellos que andan perdidos en la oscuridad de la multiplicidad de creencias, incapaces de lograr el Raja Yoga, el compasivo Swatmarama, ofrece la luz de la sabiduría del Hatha Yoga (I.3).

(En este contexto, el Raja Yoga - o Yoga Real (mana = rey) - es el yoga integral que incluye normas éticas, ejercicios físicos y prácticas mentales. Swatmarama es el nombre del legendario autor de la recopilación.)


Con las dos piernas extendidas en el suelo, derechas como bastones, coge los dedos gordos de los pies con las manos, poniendo la frente sobre las rodillas. Hay que persistir en esta posición que se denomina pashimotassana (I.28).

(El Hatha Yoga Pradipika mujer instrucciones detalladas para la realización de 15 asanas - o posturas - a pesar de que, según las creencias tradicionales, el mitológico dios Shiva en reveló 8.400.000, de las 84 son indispensable y 32 las más adecuadas para los hombres. En la actualidad, se practican más de un centenar.)

Este excelente asana hace circular la corriente vital de la espalda por el nadi shusumna, reanima el fuego digestivo, adelgaza el vientre y cura todas las enfermedades (I.29)

(Nadi es el nombre genérico de los canales de energía sutil que, según la medicina tradicional india, recorren el cuerpo humano. Sushumna es la denominación común de los dos conductos situados a lo largo de la médula espinal,)


La realización llega a los que practican con constancia. Como puede acceder la persona inactiva? No es leyendo tratados que se consigue la perfección (I.65)



Mientras la respiración sea irregular la mente será inestable; cuando la respiración se calme la mente permanecerá inmóvil y el yogui logrará equilibrio y larga vida. Por lo tanto, debe controlar la respiración por medio de la práctica del pranayama (II.2).

(Los diversos ejercicios de control de la respiración - o pranayama - son una de las técnicas básicas del Hatha Yoga)


De la misma manera que la sal se vuelve una sola con el agua en la que se disuelve, cuando el Atman y el Manas se fusionan, se produce el Samadhi (IV.5)

(Atman puede traducirse aquí por esencia personal o alma. Manas significa mente y Samadhi significa en este contexto contemplación o unión con la Absoluta. Se trata de términos propios del yoga avanzado).


El fuego que quema un trozo de madera se apaga cuando la ha consumido toda. Así también la mente que permanece concentrada y no busca más pensamientos, se diluye en el nada. (IV.98)

(Según la metafísica clásica india, nada es la sutil vibración sonora del Universo.)


Un yogui que alcanza el Samadhi no está dominado por el proceso del tiempo ni por la muerte, ni tampoco por el karma. Nada ni nadie puede afectarlo (IV.108)


(Karma es la denominación genérica de los frutos de las acciones. El control de los pensamientos merece una atención muy especial en el Hatha Yoga, que en preconiza y describe varios niveles. Todos tienen una sola finalidad, que es también la del Hatha Yoga: el Samadhi o culminación de la evolución humana individual,)

jueves, 17 de noviembre de 2016

RV 10.146: PASEANDO POR EL BOSQUE CON LOS VEDAS, AHORA MISMO.



El bosque siempre nos está llamando. Allí buscamos riquezas y misterios. Y los encontramos.


Cada árbol, cada arbusto, cada matorral es el preámbulo de nuevas sorpresas y, a menudo, como luminosas chispas cruzando la noche, inesperados y fugaces movimientos delatan el paso de sigilosos animales o de veloces pájaros.



Y, en realidad, riquezas y misterios son lo que - según el himno 146 del décimo mandala del Rig Veda y nuestros propios paseos - hemos ido descubriendo:



Arayani, Aliento del Bosque

que pareces inmóvil,

¿porque no buscas morada?

¿no tienes miedo a nada?



Cuando el canto de los pájaros

acompaña al de los grillos,

paseas alegre,

como una Reina al son de los cascabeles.



Pero, en el atardecer,

parece que un rebaño pasta entre las sombras,

o que hay una casa al final del sendero,

y cada crujido intimida,



Se diría que alguien llama a su ganado,

o que corta leña con el hacha.

Quien se demora en el bosque

cree que cada sonido es un grito.



El Aliento del Bosque es benigno

(¡A menos que alguien se oculte!).

Allí se comen los frutos más dulces

y cada rincón es el mejor lecho.



Te alabo Selvática Madre.

¡Perfumada con ricos aromas,

regalas las cosechas

más sabrosas!



Este himno del Rig Veda - único dedicado al bosque y a su divinización entre los 1.028 que nos brinda - preludia el uso de estos parajes por los rishis védicos como lugares para sus búsquedas religiosas y espirituales.



Los resultados de estas especulaciones llevan el nombre de Aranyaka (literalmente, "hecho en el bosque") que, conjuntamente con los cuatro vedas y las meditaciones conocidas con el nombre de Upanishads, conforman los textos "shruti" o escuchados directamente de - o revelados por - las divinidades y empezados a recopilar hacia el 2000 aC.



Desde entonces los bosques (si convenimos en que la literatura, en el fondo, dice siempre la verdad) nunca han dejado de acoger curiosos soñadores de todas las condiciones. Los valores que los vedas identifican se nos revelan permanentes y universales.



Últimamente, por ejemplo, grupos y caminantes solitarios, llenos de expectativas de salud integral, peregrinamos por las numerosísimas arboledas de nuestras para tomar lo que eufemísticamente llamamos "baños de bosque".



¡Que Arayani - la diosa de todos los florestas, de todos los tiempos y de todas partes - nos guíe y nos acompañe en nuestros paseos!



(Y - ya que estamos en ello y si no es pedir demasiado- también en nuestras lecturas...)

miércoles, 19 de octubre de 2016

SHANTI, SHANTI, SHANTI. CANTAR A LA PAZ, EN PAZ



Se  trata de una realidad empírica que - más allá de teorías y de creencias - puede ser comprobada ahora mismo por el lector de este texto: repetir lentamente, tres veces, con plena conciencia, ya sea en voz alta o mentalmente, la palabra "shanti", llena el corazón de paz y la mente de calma.


En efecto, la palabra sánscrita shanti significa paz, y también tranquilidad, serenidad, calma, quietud y el resto de conceptos asociados a estas palabras. Su triple repetición tiene un origen antiquísimo puesto que ya se encuentra recogido, por primera vez, en las upanishads, los tratados filosóficos que, a partir del siglo X aC, desarrollan los vedas y examinan, con máxima profundidad y desde todos los puntos de vista, la unidad entre Brahma (el Absoluto) y Atman (el Ser).

Esta repetición es una práctica que ha llegado muy viva hasta nosotros y que numerosos practicantes de yoga y de meditación recitan en la actualidad, precediéndola o no de la sílaba "om", antes y/o después de sus sesiones.


Convertida así en mantra - es decir, en fórmula sonora considerada capaz de producir efectos tangibles -, ninguno de sus elementos está incluida por azar y, por lo tanto, cada una de las tres palabras de la repetición, a pesar de ser idéntica al resto, tiene como intención superar un ámbito específico de los obstáculos que separan de la serenidad y del equilibrio:

- El primero shanti ayuda a vencer los fenómenos negativos que provienen del exterior, ya sea humanos (guerras, discusiones y otras agresiones ), naturales (tormentas, terremotos, huracanes, inundaciones, etc.) o animales.

- El segundo aleja los daños supuestamente surgidos en áreas sobrenaturales, como la mala suerte, las maldiciones, los malos espíritus y otras manifestaciones negativas con apariencia de inexplicables.

- Finalmente, el tercer shanti permite triunfar sobre las propias limitaciones, ya sean físicas, emocionales o mentales (enfermedades, malos hábitos, desequilibrios...)

Así, una vez pronunciado en su totalidad, el mantra pretende haber establecido un nivel de armonía más profundo e integral.

Sea como fuere, este mantra, parece oportuno en todo momento y también ahora mismo, durante la lectura de este texto.

(Lógicamente aprovecho la oportunidad para desear al lector: ¡shanti, shanti, shanti!)

lunes, 10 de octubre de 2016

ÉPICA SÁNSCRITA: EL ESPEJO QUE NOS REFLEJA



El Mahabharata y el Ramayana - las dos grandes obras de la literatura sánscrita - son enormes monumentos literarios, verdaderos claves de bóveda de la literatura universal.

Tanto sus hilos argumentales, como personajes, situaciones, episodios e incluso convenciones literarias corresponden - básicamente - a los de La Ilíada y La Odisea, pero también a otras narraciones épicas de la tradición indoeuropea de la que es directa heredera la literatura occidental y que conforma, por tanto, nuestro imaginario colectivo y personal de ahora mismo.

La lectura de la épica sánscrita cautiva por la variedad y belleza de los escenarios en los que se suceden una avalancha de episodios de todo tipo, rebosantes de escenas de amor y de extrema crueldad, de amistad y de traición, de violencia y de paz, de vergonzoso egoísmo y de sacrificio heroico y ejemplar.

Pero el interés máximo de estos dos gigantescos poemas está en sus numerosos protagonistas y en la multitud de personajes secundarios. Todos juntos conforman un mosaico detallado y profundo que retrata todas las facetas del alma humana.

Enfrentados a su karma y a su dharma, a su destino y a su deber, entre dudas y certezas, sus sentimientos, sus pensamientos y sus actos son como los nuestros.

Ellos son el espejo en el que nos miramos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

LAS CLAVES DE LA ACCIÓN (OTOÑO EN EL RAMAYANA)



Hoy comienza el otoño y, como todos sabemos, hasta el próximo 21 de diciembre (fecha de inicio del invierno de este año), día a día, la luz irá disminuyendo y el frío será más vivo, pero en la mayor parte del enorme subcontinente indio - escenario del Ramayana y también, modestamente, de este artículo - la nueva estación, que acaba de tomar el relevo a la época de las lluvias, tiene un sentido más general: se supone que las recientes precipitaciones, además de llevarse las partículas de polvo de la atmósfera, también lo han hecho con las nieblas que pueden empañar el intelecto.

En otoño pues el cielo - y los pensamientos - son más claros que en ninguna otra época del año.

Sea como sea, con independencia de la mágica verosimilitud de esta creencia, Valmiki, el legendario autor del Ramayana, describe el transparente paisaje de estos meses con la precisión y el lirismo encendido que ya conocemos (*).

Lavadas por las lluvias de los grandes nubes,
los montes y las llanuras
parecen bruñidos y brillan
como esmaltes bajo la luz de la luna.

El cielo recuerda el reflejo de una espada recién afilada
y han menguado las corrientes de los ríos.
La brisa es fría y mece a los lotos rojos
mientras la oscuridad, liberada de ella misma, luce en todas direcciones.


Es en esta luminosa atmósfera que Laksham, el hermano menor de Rama - que le ha acompañado en sus azaroso exilio -, al verlo paralizado por la añoranza de su esposa, secuestrada por el demoníaco Ravana, le insta a levantarse: 

¿Por qué dejarte encadenar por la debilidad?
¿Por qué permites que se doblegue el temple de tu alma?
Este triste desaliento pretende ser profundo;
sin embargo, a que te lleva retrasar los pasos adelante? 

El hermano de Rama le aconseja entonces con palabras de validez perenne: 

¡Ponte en marcha con firmeza y la mente clara,
concéntrate en la victoria y sus frutos!
¡Prepara bien el camino y haz cada día el tramo de cada día! 
¡Sé siempre tú mismo! 

En este momento, los afortunados lectores del Ramayana estamos justo en el centro del verdadero punto de inflexión del argumento y empezamos a descubrir un nuevo y emocionante territorio narrativo.

Hasta ahora, Rama ha padecido todo tipo de tribulaciones: traiciones, maltratos, engaños, sacrificios inútiles ... A partir de este momento, el héroe - golpeado por la vehemencia y por el poder de convicción de su hermano - sujeta con fuerza las riendas de su propio destino, consigue aliados, encuentra su enemigo, lo vence y alcanza su propósito, en este caso, recuperar su esposa. 

Así es como inicia y nos cuenta su transformación: 

En todo momento tengo presentes trabajo y medios
y mi corazón, ahora gozoso, está lleno de fuerza.
Venceré las debilidades mirando dentro de mí la luz final.
Siempre es buen momento para empezar. 

Se trata de unos consejos (o de una serie de técnicas) que - formulados a menudo con palabras muy parecidas a las del Ramayana - siguen siendo tan válidos y útiles hoy como hace tres mil años: meditación, concentración, análisis, visualizaciones, planificación, trabajo, iniciativa ...

Aparte de ser libro de referencia de numerosos grupos hinduistas de todo el mundo, el Ramayana sigue siendo una obra tanto válida hoy como al momento de ser compuesta. 

Además, naturalmente, de una de las piedras angulares de la cultura universal.

(*) Todas las estrofas citadas en este artículo pertenecen al Sarga (denominación de los capítulos del Ramayana) XXX del cuarto libro de la obra, conocido como Kishkindha Kanda (Kishkindha es el nombre del reino de sus simiescos aliados y Kanda la denominación de los libros de este poema épico),