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sábado, 19 de octubre de 2019

CÓMO VENCER AL CANÍBAL (UNA HISTORIA DEL MAHABHARATA)

El Mahabharata, el poema épico más largo del mundo, es una de las obras fundamentales del sánscrito y un elemento esencial de nuestra cultura. Además de narrar el permanente combate entre el Bien y el Mal, representados por las dos ramas de una misma familia, incluye temas filosóficos y devocionales como, por ejemplo, el Bhagavad Gita, una versión resumida del Ramayana, el otro gran poema épico de la literatura sánscrita, y muchos otros contenidos. 

Esta intención enciclopédica es lo que convierte al Mahabharata en un factor básico de la Civilización.

En él encontramos, entre otros temas, desde la esencia de la ética individual y reflexiones sobre política, religión o vida familiar a la presencia de muy numerosos personajes secundarios - entre los que encontramos mujeres de ejemplar fuerza y poder, impetuosos guerreros y sabios eruditos - y un sinfín de narraciones más o menos autónomas pero conectadas con la trama principal. 


BHIMA, POR EJEMPLO

Una de estas historias laterales del Mahabharata es la de Bhima - el hercúleo hermano segundo de los pandava, los cinco grandes héroes de la obra - y su enfrentamiento con Vaka, un demoníaco y siempre hambriento caníbal.

Selecciono y versiono a continuación las estrofas del Adi Parva (Adi, primero de los dieciocho Parvas, libros, del poema) que encuentro más ilustrativas sobre el episodio: 

Tras atravesar bonitos arroyos y paisajes, los pandava llegaron a Ekachakra y se alojaron en casa de un brahmán.

Un día, Bhima estaba en casa hablando con su madre, la reina Kunti, cuando, de repente, oyeron como alguien lloraba.

Kunti dijo a Bhima: Esta familia ha sido muy bondadosa con nosotros ofreciéndonos su casa cuando no teníamos cobijo. Hemos de ayudarles cuanto podamos. 

Después de hablar con el brahmán, éste explicó a la reina: No muy lejos de esta ciudad vive un demoníaco rakshasa. Su nombre es Vaka y come carne humana.

El tributo semanal fijado por este caníbal es un carro de arroz, dos búfalos y el ser humano que se lo lleva.  Estoy hundido en un océano de pena porque mañana tengo que ir yo.

Kunti le respondió: No te preocupes. Tu sólo prepara la comida que yo me encargaré del resto. Tengo cinco hijos y enviaré a uno de ellos a encontrarse con Vaka.

Cuando Kunti explicó su plan a Bhima, el joven se llenó de júbilo: ¡Madre, imagínate! ¡Un carro lleno de comida! Venceré al rakshasa y me comeré todo lo que lleve... pero asegúrate de que haya muchos víveres y que sean sabrosos.

Al morir la noche, Bhima, el siempre hambriento hijo de Pandu, tomando con él el carro de comida, se dirigió al lugar donde vivía Vaka.

El poderoso pandava, acercándose al bosque donde habitaba el caníbal, comenzó a comerse lo que llevaba en el carro, mientras llamaba al rakshasa por su nombre.

Vaka, hambriento e inflamado por la rabia provocada por los gritos de Bhima, salió y se acercó al lugar donde éste estaba.

Bhima, al verlo, sonrió con desdén y, prescindiendo de su presencia, siguió comiendo con gesto concentrado.

Vaka, inflamado por la ira, arrancó un árbol y corrió hacia Bhima para azotarlo, mientras el pandava, sonriendo con indiferencia, siguió comiendo y, cogiendo el árbol con la mano izquierda, lo lanzó bien lejos.   

El rakshasa arrancó entonces más árboles e intentó pegar a Bhima. Su combate se volvió tan terrible que pronto la región se quedó sin bosques.

Al final, Bhima, viendo al caníbal muy fatigado, empezó a golpearle con fuerza hasta que, poniéndole una rodilla en medio a la espalda, le cogió el cuello con la mano derecha y la cintura con la izquierda y lo dobló hasta romperlo como una rama seca.

Atemorizados por los gritos, los parientes de Vaka salieron de sus escondites y Bhima les hizo prometer renunciar al canibalismo. Ellos dijeron: que así sea.

Y desde ese día los rakshasas se comportaron de manera pacífica y las familias de Ekachakra viven en libertad. 


INGENUIDAD O CAMINOS

Esta narración puede considerarse una banalidad: se trata de un simple cuento propio de mentes ociosas, su sentido - si es que lo tiene - es trivial...

O bien - la elección está en las manos de cada uno de quienes compartimos este blog - podemos leerlo con algo más de atención. Las historias del Mahabharata siempre consiguen lectores interesados en como, en este caso, por ejemplo, encontrar el punto débil del oponente y girarlo en su contra.


En el capítulo de Bhima y Vaka este proceso incluye: perder el miedo al adversario, reírse de su orgullo, comerse los víveres que le estaban destinados, ordenarle que se presente ante él, despreciarlo, ni tan sólo mirarlo, ignorar sus gritos, hacerle perder los estribos, esperar su cansancio, llevarlo a que le domine la rabia, conseguir que pierda el control sobre sus actos...

Las enseñanzas del Mahabharata parecen intemporales.


 

miércoles, 28 de febrero de 2018

KUNTI: DEL FUEGO AL FUEGO, ENTRE LAS LLAMAS

Cuando nos adentramos en las páginas del Mahabharata (el gigantesco poema épico que narra la guerra de exterminio entre las dos ramas de una misma estirpe, epítome del permanente combate entre el Bien y el Mal,y al azar de sus dieciocho libros, sus lectores nos cruzamos a menudo con la Reina Kunti, madre de los heroicos Pandava y tía de los Kuru, sus mortales enemigos.

El trágico destino que la empuja y la persigue y los conflictos que constantemente la acompañan, siempre nos la muestran en inestable equilibrio entre la férrea defensa de su propia identidad, una maternidad con carnales vínculos cósmicos y un permanente encadenamiento de situaciones funestas.

Kunti, sin embargo, siempre consigue continuar. De un modo u otro, siempre sobrevive. Como en este texto, por ejemplo. 


FUEGO 1: ALTAR

Desde el principio, la vida de Kunti está marcada por el fuego. Y por unas condiciones externas - cambio de familia y de nombre, íntima contigüidad con las fuerzas de la naturaleza, virginidad perpetua - que sucesivamente asimila y supera. 

Estas circunstancias quedan claras en desde su primera aparición en el Mahabharata (1):

Sura, el monarca de los Yadu, tenía una hija llamada Pritha. De acuerdo con lo prometido ante el fuego, la dio a su tío, el rey de Kunti que la hizo su hija adoptiva, dándole el nombre del reino.

Uno de los brahmanes que visitó el palacio, complacido con las atenciones de la muchacha, le regaló un poderoso mantra y, tras revelarle la fórmula mágica, agregó: "Úsalo cuando quieras invocar a cualquier ser celestial. Te dejará embarazada, aunque mantendrás tu virginidad."

Kunti, escéptica, quiso comprobar las palabrás del brahman y llamó a Surya, el dios del Sol. La divinidad se encarnó ante ella, quedando en estado. Cuando dio a luz, asustada, puso al bebé en un cesto que soltó en un río cercano. (2)


LLAMAS

La juventud y la madurez de Kunti siguieron siendo una sucesión de obstáculos: un matrimonio estéril, más hijos de origen  sobrenatural,luchas, derrotas, exilios y constantes humillaciones a manos de sus sobrinos...


Un dramático diálogo con Karna, el hijo abandonado en la adolescencia, justo antes empezar la batalla que constituye el núcleo del Mahabharata, culmina este largo periodo y es el amargo preludio de infortunios aún más dolorosos:

Karna - enrolado en las filas de los Kurus, enemigos de los Pandava - dice a Kunti:

¡Oh, madre, me abandonaste en cuanto nací! Esta herida puso en riesgo mi vida y me ha negado desde entonces cualquier gloria    

Me he comprometido a luchar contra los Pandava con todas mis fuerzas. No abandonaré ni mis deberes, ni mis compromisos.

La narración continúa:

Después de estas palabras de Karna, Kunti, temblando de angustia, pero admirando la energía interior de su primogénito, respondió:

"A pesar de tu determinación y esfuerzo, los Kuru serán exterminados. El Destino siempre se cumple." (3)


FUEGO 2: BOSQUE

Después de los dieciocho días de la batalla, la amargura asola el país: la victoria lo ha destruido todo y ya no hay bandos entre sus dispersos habitantes.

El fuego - presente en el nacimiento de Kunti - vuelve a aparecer en su adiós definitivo durante la penitencia que, acompañada por sus familiares más cercanos, emprende tras la guerra:



Dhritarashtra, el rey de los Kuru, cogió el fuego sagrado y con su mujer y Kunti marchó al bosque.

Un día se levantó un viento muy fuerte y se declaró un gran incendio que todo lo quemó.

Manteniéndose firmes como troncos, Kunti, el rey y la reina Gandhari fueron envueltos por las llamas.

Y así fue como los tres se encontraron con la muerte.


RESCOLDOS

Un aspecto de Kunti murió hace miles de años en los bosques del Norte de la India.

Pero nos quedan - muy vivos - sus rescoldos.

Kunti - como siempre - sobrevive.

Aunque sea literariamente.      



(1) Adi Parva (El Libro del Comienzo). LXVII. Versión de estrofas entre la 130 y 
la 142.

(2) Clarísimos ecos bíblicos: fuego sagrado, madre virgen por intervención sobrenatural, recién nacido confiado a un río... ¡Mitos compartidos entre las tradiciones indoeuropea y semita!

(3) Udyoga Parva (El Libro del Esfuerzo). Selección de estrofas de los capítulos CXLV y CXLVI.

(4) Ahsramvasika Parva (El Libro de la Ermita). Selección de estrofas del capítulo XXXVII. 


    

 

miércoles, 15 de octubre de 2014

PANCHAKANYA. VÍRGENES SAGRADAS, MUJERES LIBRES

La tradición popular india mantiene viva la devoción a un grupo de cinco mujeres legendarias, protagonistas de varios episodios de la narrativa épica del subcontinente. 

Tres de ellas - Ahalya, Tara y Mandodari - llegan a nosotros partiendo de los versos del Ramayana. Las otras dos - Kunti y Draupadi - provienen de las páginas del Mahabharata.

Las Panchakanya - pancha: cinco, kanya: virgen -, como son conocidas, siguen siendo hoy veneradas como mujeres ejemplares, más allá de maridos, hijos, padres, poliandrias o adulterios, además de los trágicos acontecimientos de los que son protagonistas.

Estos iconos de la perenne identidad femenina sobrepasan el papel de hijas, esposas o madres de personajes masculinos relevantes y despliegan sus propios destinos individuales, admirables por parte de todos, en todas las épocas.  


Ramayana. Impulso centrípeto

Ahalya, por ejemplo, joven esposa de Gautama - uno de los ancianos Siete Sabios de la tradición hindú - es seducida por Indra, personificación del soberano de la jerarquía celestial. Maldita por adúltera y condenada a ser invisible . o, tal vez, a convertirse en guijarro - recupera toda su dignidad debido a su devoción a Rama, una de las encarnaciones de Vishnu, el principio benefactor divinizado.

Las otras dos kanya del Ramayana tienen intervenciones destacadas en los hechos que las rodean.

Tara, la esposa del rey Vali - ambos cónyuges simios humanizados - supuestamente viuda, es forzada a casarse con su cuñado, precipitadamente nombrado nuevo monarca. Cuando Vali regresa, sólo la inteligencia y bondad de Tara evitan, en parte al menos, un venganza bélica literalmente fratricida.



Por su parte, Mandodari, la esposa del demoníaco rey Ravana, el raptor de Sita que desencadena con su delito la guerra emprendida por su legítimo marido. A pesar de no conseguir la liberación de Sita, el amor incondicional de Mandodari por su esposo permanece como ejemplo de afecto conyugal.


Mahabharata. Más arriba, más lejos

A su vez, Kunti y su nuera Draupadi comparten parentesco, escenario literario en el Mahabharata y poliandria, además de destierros y las consecuencias de una guerra de exterminio.

Kunti tiene cuatro hijos naturales, pero permanece inmaculada después de cada fecundación. El primero - ilegítimo - con el dios Surya, es decir el símbolo del Sol, y los otros tres, mientras está formalmente casada con el rey Pandu - condenado a no tener descendencia biológica -, con otros tantos divinizaciones: Dharma (el Deber), Vayu (el Viento) e Indra. Adopta también a los dos gemelos de la segunda mujer del marido, que consta así como padre formal de cinco hijos, conocidos como Pandava.

Draupadi, finalmente, se casa simultáneamente con los cinco hermanos acabados de mencionar y, el igual que su suegra, recupera la virginidad después de estar con cada uno de ellos. Su íntima fidelidad a cada uno de sus maridos y, sobre todo, a ella misma la convierten en objeto de todo tipo de humillaciones y agresiones que no consiguen doblegar su majestuosa dignidad.

En cualquier caso, ambas son, por su sabiduría y autoridad, las verdaderas - aunque secretas - cabezas de familia de sus respectivos hogares y resultan decisivas en las vidas de los hombres que las rodean.


Dignidad imperturbable

Pero por encima de todas estas intrincadas trayectorias personales, las kanya comparten claros rasgos comunes que son, en definitiva, lo que las convierte en arquetipos.

Ninguna de ellas tiene, por motivos diversos, un modelo materno que les muestre el pretendido rol social de las mujeres y todas sufren pérdidas familiares graves (hijos, maridos, padres...) y el maltrato, a menudo físico, de una sociedas ferozmente discriminatoria. Sin embargo, cuestionan el concepto tradicional de matrimonio y maternidad, que confina a la mujer a funciones puramente biológicas, van más allá y se convieten en ejemplos éticos colectivos.

Permanecen vírgenes, puesto que su pureza se asienta en el hecho de no romper ningún código humano, excepto las injustas ortodoxias de las sociedades patriarcales. Esta es la razón por la que nunca pierden su verdadera integridad.

Distinguen lo correcto del error. Persisten en sus convicciones a pesar de todos los obstáculos. Muestran siempre una profunda sabiduría, un conocimiento superior del sentido real de la vida. Demuestran una imperturbable fortaleza espiritual.

Es, sin duda, por este motivo que su testimonio - y su mantra - continúan tan presentes:

El recuerdo de las cinco vírgenes sagradas
- Ahalya, Draupadi, Kunti, Tara y Mandodari -
vence incluso a las mayores dificultades.