Cuando aquella mañana, Chitragriva (Cuello Irisado), el rey de las palomas, buscaba el desayuno para sus súbditos, descubrió un montón de granos de arroz bajo un árbol.
Se puso muy contento, pero no sabía que se trataba de una trampa: un cazador quería atrapar con sus redes a todos los pájaros que fueran a alimentarse.
Por eso, cuando las palomas comían satisfechas, quedaron aprisionadas por las mallas.
Pero Chitragriva mantuvo el ánimo firme y, tras pensar unos minutos, tranquilizó a su séquito:
Quien, en las dificultades,
conserva la cabeza clara,
con la ayuda de su inteligencia
vence todas las dificultades.
Entonces, cada paloma, al tiempo que las demás, cogió un trozo de hilo con el pico y levantó la red por encima de sus cabezas.
Así, todas juntas, consiguieron escapar.
Las cosas pequeñas, cuando se juntan,
se hacen más fuertes.
Los hilos de algodón, cuando se trenzan,
son imposibles de romper.
Esta historia proviene del Panchatantra, un recopilación de antiquísimas fábulas de animales, recopiladas en la India, en sánscrito, en el siglo III aC.
Traducido y versionado desde entonces en todo el mundo, a veces íntegramente, a veces de forma parcial, el Panchatantra, con éste o con algún otro título, jamás ha dejado de contarse.
Y siempre con los mismos propósitos: distraer, divertir, instruir...
Se trata de una verdadera enciclopedia de sabiduría popular.
¡Incluso las palomas lo saben!
miércoles, 24 de junio de 2015
lunes, 8 de junio de 2015
RV 9.112: MÁS ALLÁ DE LOS ANHELOS
Diversos son los deseos de los hombres
y diversos sus caminos:
el obrero busca trabajo,
el médico, enfermos y el brahmán, devotos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma. (*)
El herrero - con plantas mágicas,
y plumas de los pájaros celestes,
con piedras encantadas
y la danza de las llamas - busca clientes ricos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Yo soy un poetastro,
papá és médico y mamá, molinera.
Nos esforzamos para conseguir riquezas con todo tipo de pensamientos;
vamos tras nuestros deseos como si fuésemos ganado.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
El caballo desea un carro ligero,
el seductor, una sonrisa,
el pene, una abertura velluda
y por el agua suspira la rana.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Los himnos del Rig Veda transmiten una sabiduría profunda y serena, establecida, probablemente, sobre la observación tranquila y continuada de la Naturaleza. Sin embargo, no todos giran en torno a fenómenos astronómicos, geográficos o sociales "serios", más o menos divinizados y/o convertidos en elementos rituales.
Algunos son claramente profanos, dirigidos a la familia, a un pretendiente o a un vecino ruidoso.
Buen ejemplo de ello es el traducido más arriba, dedicado a los deseos humanos más básicos.
Más allá de la precisión - y de la crudeza - de los retratos, sorprende, y hasta produce escalofríos, la actualidad de los rasgos que destaca.
En los aspectos nucleares, entre los indoeuropeos que compusieron y recopilaron este himno, hace tres o cuatro mil años, y nosostros mismos hay una clara identidad.
(*) Indra es el rey de los dioses de la religión védica, previa al hinduismo, y el Soma el licor utilizado en aquella liturgia.
y diversos sus caminos:
el obrero busca trabajo,
el médico, enfermos y el brahmán, devotos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma. (*)
El herrero - con plantas mágicas,
y plumas de los pájaros celestes,
con piedras encantadas
y la danza de las llamas - busca clientes ricos.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Yo soy un poetastro,
papá és médico y mamá, molinera.
Nos esforzamos para conseguir riquezas con todo tipo de pensamientos;
vamos tras nuestros deseos como si fuésemos ganado.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
El caballo desea un carro ligero,
el seductor, una sonrisa,
el pene, una abertura velluda
y por el agua suspira la rana.
Fluye sobre Indra, luz del Soma.
Los himnos del Rig Veda transmiten una sabiduría profunda y serena, establecida, probablemente, sobre la observación tranquila y continuada de la Naturaleza. Sin embargo, no todos giran en torno a fenómenos astronómicos, geográficos o sociales "serios", más o menos divinizados y/o convertidos en elementos rituales.
Algunos son claramente profanos, dirigidos a la familia, a un pretendiente o a un vecino ruidoso.
Buen ejemplo de ello es el traducido más arriba, dedicado a los deseos humanos más básicos.
Más allá de la precisión - y de la crudeza - de los retratos, sorprende, y hasta produce escalofríos, la actualidad de los rasgos que destaca.
En los aspectos nucleares, entre los indoeuropeos que compusieron y recopilaron este himno, hace tres o cuatro mil años, y nosostros mismos hay una clara identidad.
(*) Indra es el rey de los dioses de la religión védica, previa al hinduismo, y el Soma el licor utilizado en aquella liturgia.
martes, 19 de mayo de 2015
BHAGAVAD GITA: UNA CITA CON LA ACCIÓN. Y CON LA VICTORIA
El Bhagavad Gita es valorado como la síntesis de las diversas corrientes de la espiritualidad y de la filosofía de la India.
Pero este famoso fragmento del Mahabharata es, de hecho, primariamente, una guía que ayuda a desvanecer dudas, tomar decisiones y, sobre todo, orientar la acción hacia el triunfo.
Sus contenidos están al servicio de este objetivo prioritario.
Arjuna, uno de los protagonistas del diálogo a través del cual el Bhagavad Gita despliega sus argumentos, deja clara su angustia y, dirigiéndose a Krishna, le pide dramáticamente consejo:
Mi corazón se siente débil y triste
y mi mente no sabe cuál es mi deber.
Te pregunto qué es mejor.
Soy tu discípulo, me he entregado a ti. ¡Instrúyeme!
BG 2.7
A partir de este momento, el poema expone de manera metódica sus razonamientos y establece los fundamentos de una acción profundamente ética, que basa su eficacia - y su aceptación en Occidente - en la atemporalidad y validez universal de los principios que propone.
Krishna - una de las diez mesiánicas encarnaciones de Vishnu, la deidad que simboliza las energías positivas - insta a Arjuna a cumplir con su deber, es decir, de modo congruente con el contexto en el que se sitúa la obra, a luchar:
Si no combates en esta guerra justa,
abandonas tu deber y tu honor
y te conviertes en culpable.
BG 2.33
Después de este llamamiento a cumplir con el deber personal, Krishna ensancha la perspectiva y añade el concepto de orden colectivo. Su regreso a la Tierra - y, por tanto, la reactivación de las energías positivas que Vishnu a través de él expresa - tiene lugar siempre que hay que restablecer el equilibrio roto:
Cada vez que el orden se marchita
y florece el desorden,
me creo a mí mismo.
BG 4.7
Pero no es suficiente. La condición para la recuperación de la armonía es que la acción individual confirme y manifieste la trayectoria cósmica que Krishna simboliza:
Levántate por tanto y cosecha gran gloria;
gobierna el rico reino venciendo a tus enemigos.
Yo mismo los he condenado en el pasado;
sé meramente mi mano en esta ocasión, hábil arquero.
BG 11.33
La última estrofa del Bhagavad Gita ratifica cuál es la clave de la victoria. Para decirlo según la conocida metáfora bíblica, lo que asegura el triunfo - y el gozo, y la alegría - es la "alianza" entre el hombre (Arjuna) y los principios que impulsan al Cosmos (Krishna):
Allí donde está Krishna, el Maestro del Yoga,
y Arjuna, el Arquero,
son seguras la fortuna, la victoria,
la prosperidad y la paz.
BG 18.78
Pero este famoso fragmento del Mahabharata es, de hecho, primariamente, una guía que ayuda a desvanecer dudas, tomar decisiones y, sobre todo, orientar la acción hacia el triunfo.
Sus contenidos están al servicio de este objetivo prioritario.
Arjuna, uno de los protagonistas del diálogo a través del cual el Bhagavad Gita despliega sus argumentos, deja clara su angustia y, dirigiéndose a Krishna, le pide dramáticamente consejo:
Mi corazón se siente débil y triste
y mi mente no sabe cuál es mi deber.
Te pregunto qué es mejor.
Soy tu discípulo, me he entregado a ti. ¡Instrúyeme!
BG 2.7
A partir de este momento, el poema expone de manera metódica sus razonamientos y establece los fundamentos de una acción profundamente ética, que basa su eficacia - y su aceptación en Occidente - en la atemporalidad y validez universal de los principios que propone.
Krishna - una de las diez mesiánicas encarnaciones de Vishnu, la deidad que simboliza las energías positivas - insta a Arjuna a cumplir con su deber, es decir, de modo congruente con el contexto en el que se sitúa la obra, a luchar:
Si no combates en esta guerra justa,
abandonas tu deber y tu honor
y te conviertes en culpable.
BG 2.33
Después de este llamamiento a cumplir con el deber personal, Krishna ensancha la perspectiva y añade el concepto de orden colectivo. Su regreso a la Tierra - y, por tanto, la reactivación de las energías positivas que Vishnu a través de él expresa - tiene lugar siempre que hay que restablecer el equilibrio roto:
Cada vez que el orden se marchita
y florece el desorden,
me creo a mí mismo.
BG 4.7
Pero no es suficiente. La condición para la recuperación de la armonía es que la acción individual confirme y manifieste la trayectoria cósmica que Krishna simboliza:
Levántate por tanto y cosecha gran gloria;
gobierna el rico reino venciendo a tus enemigos.
Yo mismo los he condenado en el pasado;
sé meramente mi mano en esta ocasión, hábil arquero.
BG 11.33
La última estrofa del Bhagavad Gita ratifica cuál es la clave de la victoria. Para decirlo según la conocida metáfora bíblica, lo que asegura el triunfo - y el gozo, y la alegría - es la "alianza" entre el hombre (Arjuna) y los principios que impulsan al Cosmos (Krishna):
Allí donde está Krishna, el Maestro del Yoga,
y Arjuna, el Arquero,
son seguras la fortuna, la victoria,
la prosperidad y la paz.
BG 18.78
lunes, 27 de abril de 2015
HANUMAN. UN SUPERHÉROE EN EL MUNDO REAL
En lo más alto del cielo, se oyó un trueno profundo y potente. Era Indra, el rey de los dioses y también de las tormentas, que decía: "A partir de ahora, Hanuman, el joven hijo de Vayu, el monarca del viento, será invulnerable a mis rayos."
A continuación, Martanda, la resplandeciente divinidad solar entre los hermanos Aditiás, añadió: "Doy a este muchacho una centésima parte de mi inmenso brillar. Y, además, le adiestraré en el arte de la elocuencia."
Mientras tanto, reinando en las aguas, el divino Varuna afirmaba: "Ni en una miríada de años, ni el lazo con el que ahogo ni ninguna de mis aguas le podrán causar la muerte."
"A partir de ahora, será invulnerable a mi cetro y ajeno a toda enfermedad.", añadió Yama, el dios de la muerte, y concluyó: "Con mi poder, le otorgo el privilegio de ignorar para siempre el desánimo en el campo de batalla."
Incluso Dasagriva, el guerrero de las diez cabezas, anunció: "Mi maza no lo abatirá en el combate". A continuación, Shiva, el dios del cambio, rehusó al poder de destruirlo y Vishvakaram, el gran arquitecto de este Universo, dijo: "No morirá golpeado por mis armas divinas y disfrutará de una larga vida."
Por último, Brahma, el Creador, lo confirmó: "Ninguna de mis armas lo destruirá" y, dirigiéndose a Vayu, añadió: "Tu hijo, gracias a su invencibilidad, será el terror de sus enemigos y la tranquilidad de sus amigos; podrá cambiar de forma a voluntad, comportarse como quiera y viajar sin límites, según sus deseos; distinguido como el mayor saltador, esquivará cualquier obstáculo y será célebre hasta el final de los Tiempos. Para destruir a Ravana y satisfacer a Rama, llevará a cabo hazañas que sorprenderán a todos."
Esta serie de profecías, que podemos leer en el último de los siete Libros del Ramayana (*), ya se han ido desplegando anteriormente ante los ojos del lector a través de los hechos que se narran en los seis Cantos precedentes y explican el origen de los sorprendentes superpoderes de Hanuman, uno de los personajes centrales de este gran poema épico de la literatura sánscrita y universal.
En sus páginas, Hanuman, un simio humanizado, valiente y leal, defensor del Bien y enemigo del Mal, llevado por sus impulsos adolescentes, se ha metido en un lío de verdadero alcance cósmico; después - armado con las extraordinarias capacidades enunciadas más arriba por los respectivos dioses, propias de los superhéroes de todos los tiempos y lugares - se convierte en un factor clave en el desarrollo de la narración.
El libro, del que se conocen más de doscientas versiones, todas ellas de la misma validez, y de permanente actualidad durante, como mínimo, los tres o cuatro mil años en todo el Sudeste Asiático y hoy, afortunadamente, en todo el mundo, va más allá de la conocida leyenda indoeuropea de la esposa raptada valientemente rescatada por su marido, que conocemos también a través de la Ilíada.
El Ramayana, además de describir el gran circo de las ambiciones humanas - y todo lo que de sublime y abyecto somos capaces de hacer para conseguirlas - retrata un mundo en el que conviven símbolos perennes en forma de dioses y semidioses, alegóricos seres celestiales e infernales, todo tipo de animales humanizados y hombres y mujeres de toda clase, capacidad y condición. Es decir, una sociedad, salvando las enormes distancias culturales, como la nuestra, ahora.
Se trata pues del mundo real, en su totalidad.
Mientras tanto, nos seguimos dirigiendo - convencidos de que nos entienden y por su propio nombre - a animales domésticos de todas las especies, aunque usamos a otros en humillantes y a menudo crueles espectáculos, algunos, incluso, vergonzosamente sanguinarios.
La diferencia está en que el Ramayana es mucho más divertido y variado, resulta inofensivo para todos y, sobre todo, está admirablemente escrito.
¡Que la Lectura nos acompañe!
(*) Concretamente en el capítulo XXXVI.
A continuación, Martanda, la resplandeciente divinidad solar entre los hermanos Aditiás, añadió: "Doy a este muchacho una centésima parte de mi inmenso brillar. Y, además, le adiestraré en el arte de la elocuencia."
Mientras tanto, reinando en las aguas, el divino Varuna afirmaba: "Ni en una miríada de años, ni el lazo con el que ahogo ni ninguna de mis aguas le podrán causar la muerte."
"A partir de ahora, será invulnerable a mi cetro y ajeno a toda enfermedad.", añadió Yama, el dios de la muerte, y concluyó: "Con mi poder, le otorgo el privilegio de ignorar para siempre el desánimo en el campo de batalla."
Incluso Dasagriva, el guerrero de las diez cabezas, anunció: "Mi maza no lo abatirá en el combate". A continuación, Shiva, el dios del cambio, rehusó al poder de destruirlo y Vishvakaram, el gran arquitecto de este Universo, dijo: "No morirá golpeado por mis armas divinas y disfrutará de una larga vida."
Por último, Brahma, el Creador, lo confirmó: "Ninguna de mis armas lo destruirá" y, dirigiéndose a Vayu, añadió: "Tu hijo, gracias a su invencibilidad, será el terror de sus enemigos y la tranquilidad de sus amigos; podrá cambiar de forma a voluntad, comportarse como quiera y viajar sin límites, según sus deseos; distinguido como el mayor saltador, esquivará cualquier obstáculo y será célebre hasta el final de los Tiempos. Para destruir a Ravana y satisfacer a Rama, llevará a cabo hazañas que sorprenderán a todos."
Esta serie de profecías, que podemos leer en el último de los siete Libros del Ramayana (*), ya se han ido desplegando anteriormente ante los ojos del lector a través de los hechos que se narran en los seis Cantos precedentes y explican el origen de los sorprendentes superpoderes de Hanuman, uno de los personajes centrales de este gran poema épico de la literatura sánscrita y universal.
En sus páginas, Hanuman, un simio humanizado, valiente y leal, defensor del Bien y enemigo del Mal, llevado por sus impulsos adolescentes, se ha metido en un lío de verdadero alcance cósmico; después - armado con las extraordinarias capacidades enunciadas más arriba por los respectivos dioses, propias de los superhéroes de todos los tiempos y lugares - se convierte en un factor clave en el desarrollo de la narración.
El libro, del que se conocen más de doscientas versiones, todas ellas de la misma validez, y de permanente actualidad durante, como mínimo, los tres o cuatro mil años en todo el Sudeste Asiático y hoy, afortunadamente, en todo el mundo, va más allá de la conocida leyenda indoeuropea de la esposa raptada valientemente rescatada por su marido, que conocemos también a través de la Ilíada.
El Ramayana, además de describir el gran circo de las ambiciones humanas - y todo lo que de sublime y abyecto somos capaces de hacer para conseguirlas - retrata un mundo en el que conviven símbolos perennes en forma de dioses y semidioses, alegóricos seres celestiales e infernales, todo tipo de animales humanizados y hombres y mujeres de toda clase, capacidad y condición. Es decir, una sociedad, salvando las enormes distancias culturales, como la nuestra, ahora.
Se trata pues del mundo real, en su totalidad.
Mientras tanto, nos seguimos dirigiendo - convencidos de que nos entienden y por su propio nombre - a animales domésticos de todas las especies, aunque usamos a otros en humillantes y a menudo crueles espectáculos, algunos, incluso, vergonzosamente sanguinarios.
La diferencia está en que el Ramayana es mucho más divertido y variado, resulta inofensivo para todos y, sobre todo, está admirablemente escrito.
¡Que la Lectura nos acompañe!
(*) Concretamente en el capítulo XXXVI.
miércoles, 18 de marzo de 2015
UPANISHADS: ¿DÓNDE ESTÁ LA LUZ?
(ENTONCES)
Nos encontramos en el siglo VII aC, en la India.
Los valores de la civilización védica ya no se corresponden con los modos de vivir de la sociedad. Los feroces pastores transhumantes, llegados hace miles de años desde las estepas del Asia Central, se han ido convirtiendo en ganaderos y agricultores e, incluso, urbanizados, en comerciantes y artesanos. Y se han asimilado con los habitantes autóctonos.
Pero su politeismo de base naturalista se ha mantenido prácticamente igual y, como los fieles están lejos del sentido primigenio de los himnos védicos, las funciones sacerdotales de los brahmanes se han convertido en preeminentes. Hay que aclarar el significado de los textos, interpretarlos, traducirlos a los nuevos tiempos. Lo que luego será identificado como literatura védica ha añadido a los cuatro primeros vedas (el Rig, el Yajur, el Atharva y el Sama), los Brahmanas que los expican y amplian y los Aranyakas (o Libros del bosque; aranyaka significa bosque) que profundizan en sus enseñanzas.
Sin embargo, a pesar de estos intentos de continuidad, la evolución que de todos modos se ha producido ha sido insuficiente. Hay excesiva distancia entre las preguntas vivas de los creyentes y las mecánicas y repetitivas respuestas de la tradición brahmánica. Hay que ir más allá.
(CUMBRES)
Para acomodarse a la nueva situación han surgido, rechazando las doctrinas establecidas, y casi simultáneamente, el jainismo y el budismo. Y, desde dentro del propio brahmanismo, la evolución de los Aranyakas ha cristalizado en nuevas corrientes de pensamiento que pretenden atender plenamente a los anhelos reales de la sociedad.
Los textos que exploran la nueva realidad se llaman "Upanishads" y esta denominación confirma la voluntad de comprensión que, en realidad, expresan. En efecto, la palabra upanishad es un compuesto formado por "upa" (a los pies) y "nishad" (sentarse debajo) y denota claramente el contacto directo entre el discípulo y el maestro. Sin intermediarios.
Unos versos de una de las primeras de estas nuevas obras deja clara la insatisfacción de partida y cuál se pretende que sea la respuesta:
Desde el error, llévanos a la Verdad,
desde la oscuridad, llévanos a la Luz,
desde la muerte, llévanos a la Eternidad.
(Brihadaranyaka Upanishad)
Los nuevos textos desarrollan reflexiones y doctrinas metafísicas, espirituales y filosóficas que preludian el Hinduismo y que continúan, ahora mismo, tan actuales como siempre. Además, los upanishads se agrupan bajo el nombre colectivo de "Vedanta", es decir el fin (anta) de los vedas, de los que son la última etapa y su culminación.
Los más antiguos, anteriores a la aparición de la escritura en la India, son transmitidos oralmente hasta ser transcritos, probablemente, hacia el siglo III aC, de manera definitiva. Y se escriben más. Al terminar el proceso, conforman un corpus de 108 upanishads de aceptación general, a pesar de que su número puede considerarse mayor si no se es ni muy estricto ni partidario de la ortodoxia.
Sea como fuere, se ha convenido en resumirlos en cuatro "mahavakyas" (maha, grande; vakya, frase) que, centrando la atención en el eje Brahma-Atman, es decir, en el reflejo de lo Absoluto en la esencia individual y viceversa, condensan las nuevas doctrinas:
- prajñanam brahma (Brahma es el Conocimiento)
(Aitareya Upanishad)
- ayam atma brahma (Soy la esencia individual, que es Brahma)
(Mandukya Upanishad)
- tat tvam asi (Tú eres eso)
(Chandogya Upanishad)
- aham brahmasmi (Soy Brahma)
(Brihadaranyaka Upanishad)
(CAMINOS)
Los nuevos caminos ya han sido abiertos. Comienza una nueva manera de ver, de buscar, de ir más allá.
En Occidente, la primera edición de los Upanishads se hizo en latín, en Francia, a primeros del siglo XIX. La siguió inmediatamente una traducción parcial en inglés. La versión en alemán se publicó a mediados del mismo siglo. La obra terminó de incorporarse a nuestros cimientos culturales cuando Max Müller, el fundador de la mitología comparada, llevó a cabo una edición en inglés pocos años después.
Pero la sistematización de los intemporales principios upanishádicos vino de la mano de Schopenhauer, que los calificaba de "fruto de la más elevada sabiduría humana" e incorporaba sus conceptos básicos a su obra magna "El mundo como voluntad y representación". Después, otros filósofos, como el también alemán Schelling o los norteamericanos Emerson y Thoreau, continuaron su estudio y su difusión.
En el siglo XX, personalidades tan diversas como T. S. Eliot, en "La tierra baldía", o el premio Nobel de Física Erwin Schrödiger son ejemplos de intelectuales cautivados por los Upanishads.
Las vías hacia la Verdad, la Luz y la Eternidad invitan a la lectura. Y a la exploración.
¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE?
lunes, 16 de febrero de 2015
EL HOMBRE ES EL ORIGEN. Y EL TODO. RV.190 - PURUSHA SUKTA
Aunque encontramos menciones ocasionales a lo largo de los mandalas (libros) dos a nueve del Rigveda, no es hasta su décima y última parte que los lectores podemos disfrutar de textos específicos sobre la Creación del Universo.
Una de estas composiciones ya ha sido comentada en este blog (1). Cada una de las restantes aporta versiones distintas (2) sobre el Génesis. Es obvio que no existe "una" doctrina.
El notable Purusha Sukta (Himno del Hombre Cósmico) demuestra claramente esta riqueza de perspectivas. Las dieciséis estrofas del himno - de las que se incluye aquí una selección - contemplan, desde la óptica védica, algunos de los mitos compartidos con otros pueblos indoeuropeos.
Las primeras estrofas muestran a un Purusha gigantesco, pariente innegable tanto de los Titanes griegos - las colosales divinidades primordiales que precedieron a los dioses en el Olimpo - como del resto de seres de características similares de las mitologías escandinava i báltica.
Purusha tiene mil cabezas,
mil ojos, mil pies.
Cubre la Tierra por todos sus lados
y la sobrepasa diez dedos.
(1)
Él es todo esto,
y todo lo que ya ha sido, y todo lo que será.
Él es el Señor de la inmortalidad
y crece más allá incluso de los alimentos.
(2)
El siguiente grupo de versos introduce el concepto también compartido en el ámbito indoeuropeo del sacrificio, pero, en un gesto integrador de lo humano y de lo trascendente, introduce la singularidad de utilizar al propio Purusha como ofrenda. La eficacia de la ceremonia es absoluta ya que genera las estaciones, convertidas así en elementos del propio sacrificio, y la Sabiduría cristalizada en los tres primeros Vedas.
Cuando los dioses celebraron el Sacrifico
con Purusha como ofrenda,
la Primavera fue la bebida sagrada,
el verano, la tea y el otoño la oblación.
(6)
De este Sacrificio, en el que todo fue ofrecido,
nacieron los himnos y cánticos del Rigveda,
los versos del Samaveda
y las fórmulas sagradas del Yajurveda.
(9)
Las estrofas recogidas a continuación confirman la adopción de la herencia indoeuropea y su adaptación a las circunstancias de la sociedad védica.
El concepto de fragmentación de un gigante para utilizar sus miembros como otras tantas partes del mundo es característico de Purusha pero también de Ymir, su mítico pariente escandinavo de quién, según su propia tradición, surgieron las nubes, la tierra, las rocas... y el resto de elementos de la Naturaleza.
Por otra parte, como ya se mencionó en otro lugar de este mismo blog (3), la estructuración de la sociedad en estamentos según sus funciones (religiosas, militares o productivas) es compartida por el pueblo védico con otros, como, por ejemplo, el germánico, y está también presente en las ideas platónicas, expresadas en la República.
¿Cuando dividieron al Hombre,
en cuántas partes lo trocearon?
¿Qué hicieron son su boca? ¿Y con sus brazos?
¿Cómo llamaron a sus muslos? ¿Y a sus pies?
(11)
Su boca se convirtió en el Brahman,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos fueron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Sirvientes.
(12)
La última estrofa completa la descripción del Sacrificio iniciada en la sexta con una sucesión de conceptos también comunes.
Por un lado, mediante un juego de palabras en torno a los diversos significados del sacrificio, reúne en una sola idea ceremonia y ofrenda, rito y Purusha. En segundo lugar, convierte al nuevo ritual en acceso a los Sadhyas, unas divinidades antiquísimas, similares a los Titanes mencionados más arriba. Finalmente, como resultado de este proceso, hace del Hombre el eje de la Creación.
Los dioses sacrificaron el Sacrificio al Sacrifico;
éstos fueron los primeros ritos.
Éstos grandes poderes llegaron al cielo,
donde viven los Sadhyas, los dioses antiguos.
(16)
Las raíces comunes de los pueblos indoeuropeos que este himno pone de relieve, así como el resto de composiciones ancestrales a la que nos invita el Rigveda, son tan evidentes como profundas.
Afortunadamente, su Humanismo y su concepción holística del Universo continúan presentes.
Aunque sea a través de su lectura.
(1) Se trata del artículo "Génesis védica: RV 10.190".
(2) La serie completa incluye los himnos 10.72, 10.81-2, 10.90, 10.121, 10.129, 10.130 y 10.190.
(3) El artículo se titula "Estamentos, colores, funciones... otro legado que perdura". La traducción de la duodécima estrofa que figura aquí es la misma que en aquel texto.
Una de estas composiciones ya ha sido comentada en este blog (1). Cada una de las restantes aporta versiones distintas (2) sobre el Génesis. Es obvio que no existe "una" doctrina.
El notable Purusha Sukta (Himno del Hombre Cósmico) demuestra claramente esta riqueza de perspectivas. Las dieciséis estrofas del himno - de las que se incluye aquí una selección - contemplan, desde la óptica védica, algunos de los mitos compartidos con otros pueblos indoeuropeos.
Las primeras estrofas muestran a un Purusha gigantesco, pariente innegable tanto de los Titanes griegos - las colosales divinidades primordiales que precedieron a los dioses en el Olimpo - como del resto de seres de características similares de las mitologías escandinava i báltica.
Purusha tiene mil cabezas,
mil ojos, mil pies.
Cubre la Tierra por todos sus lados
y la sobrepasa diez dedos.
(1)
Él es todo esto,
y todo lo que ya ha sido, y todo lo que será.
Él es el Señor de la inmortalidad
y crece más allá incluso de los alimentos.
(2)
El siguiente grupo de versos introduce el concepto también compartido en el ámbito indoeuropeo del sacrificio, pero, en un gesto integrador de lo humano y de lo trascendente, introduce la singularidad de utilizar al propio Purusha como ofrenda. La eficacia de la ceremonia es absoluta ya que genera las estaciones, convertidas así en elementos del propio sacrificio, y la Sabiduría cristalizada en los tres primeros Vedas.
Cuando los dioses celebraron el Sacrifico
con Purusha como ofrenda,
la Primavera fue la bebida sagrada,
el verano, la tea y el otoño la oblación.
(6)
De este Sacrificio, en el que todo fue ofrecido,
nacieron los himnos y cánticos del Rigveda,
los versos del Samaveda
y las fórmulas sagradas del Yajurveda.
(9)
Las estrofas recogidas a continuación confirman la adopción de la herencia indoeuropea y su adaptación a las circunstancias de la sociedad védica.
El concepto de fragmentación de un gigante para utilizar sus miembros como otras tantas partes del mundo es característico de Purusha pero también de Ymir, su mítico pariente escandinavo de quién, según su propia tradición, surgieron las nubes, la tierra, las rocas... y el resto de elementos de la Naturaleza.
Por otra parte, como ya se mencionó en otro lugar de este mismo blog (3), la estructuración de la sociedad en estamentos según sus funciones (religiosas, militares o productivas) es compartida por el pueblo védico con otros, como, por ejemplo, el germánico, y está también presente en las ideas platónicas, expresadas en la República.
¿Cuando dividieron al Hombre,
en cuántas partes lo trocearon?
¿Qué hicieron son su boca? ¿Y con sus brazos?
¿Cómo llamaron a sus muslos? ¿Y a sus pies?
(11)
Su boca se convirtió en el Brahman,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos fueron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Sirvientes.
(12)
La última estrofa completa la descripción del Sacrificio iniciada en la sexta con una sucesión de conceptos también comunes.
Por un lado, mediante un juego de palabras en torno a los diversos significados del sacrificio, reúne en una sola idea ceremonia y ofrenda, rito y Purusha. En segundo lugar, convierte al nuevo ritual en acceso a los Sadhyas, unas divinidades antiquísimas, similares a los Titanes mencionados más arriba. Finalmente, como resultado de este proceso, hace del Hombre el eje de la Creación.
Los dioses sacrificaron el Sacrificio al Sacrifico;
éstos fueron los primeros ritos.
Éstos grandes poderes llegaron al cielo,
donde viven los Sadhyas, los dioses antiguos.
(16)
Las raíces comunes de los pueblos indoeuropeos que este himno pone de relieve, así como el resto de composiciones ancestrales a la que nos invita el Rigveda, son tan evidentes como profundas.
Afortunadamente, su Humanismo y su concepción holística del Universo continúan presentes.
Aunque sea a través de su lectura.
(1) Se trata del artículo "Génesis védica: RV 10.190".
(2) La serie completa incluye los himnos 10.72, 10.81-2, 10.90, 10.121, 10.129, 10.130 y 10.190.
(3) El artículo se titula "Estamentos, colores, funciones... otro legado que perdura". La traducción de la duodécima estrofa que figura aquí es la misma que en aquel texto.
domingo, 4 de enero de 2015
¡ EN EL MAHABHARATA... O EN NINGUNA PARTE !
Cuando se hace referencia al Mahabharata, es frecuente citar el verso:
Lo que no está en este poema no se encuentra en ningún otro lugar.
Se ponen así de relieve dos aspectos fundamentales de este extraordinario poema épico de la literatura sánscrita.
Por un lado, se alude a la sorprendente extensión de la obra: doscientos mil versos conforman, mediante un millón ochocientas mil palabras, una narración contenida en dieciocho libros que incluyen, a su vez, un número variables de otros libros menores. El resultado es un volumen gigantesco: diez veces la Ilíada y la Odisea juntas, o bien cuatro Biblias seguidas, una detrás de otra.
Su contenido es también maravillosamente rico: un núcleo de protagonistas, formado por una veintena de reyes y reinas, guerreros, sacerdotes, sabios y dioses, un centenar de importantes otros personajes y más de un millar de caracteres auxiliares, desarrollan un dramático argumento principal que es acompañado por todo tipo de narraciones secundarias y de tratados sobre las materias más diversas - entre ellos el deslumbrante fulgor espiritual del Bhagavad Gita -, cada uno de ellos merecedores, por separado y méritos propios, de una lectura atenta y placentera.
Pero la cita - que corresponde a la estrofa 53 del capítulo LXIII del Adi Parva (1) - no es completa. El texto íntegro de dicha estrofa afirma:
Todo lo dicho hasta ahora sobre la virtud, la riqueza, el placer y la liberación (2) se puede encontrar en otros lugares, pero... ¡lo que no está en este poema no está en ningún otro sitio!
En efecto, a través de los variadísimos textos que contiene, el poema muestra los conflictos, virtudes, vicios y demás circunstancias y afanes de hombres y mujeres, a lo largo de los tiempos y en todas partes. El Mahabharata nos revela, con todo detalle y crudeza, lo que hemos convenido en denominar la Condición Humana.
Otras estrofa del mismo Adi Parva (la 385 del Capítulo II) lo confirma:
Así como los pensamientos tienen su base en los sentidos, esta narración establece los cimientos de los deberes y virtudes de la Humanidad.
Pero el Mahabharata tiene un tercer nivel ya que va más allá del relato propiamente dicho y de una primera interpretación de los hechos que describe. Su lectura aclara el sentido profundo de los acontecimientos e incrementa la capacidad para comprender su significado más profundo:
Así como el Sol dispersa la oscuridad, las palabras de este poema sobre el deber, el provecho, el deseo y las trascendencia diluyen la ignorancia.
Así como la Luna llena,
con su tenue resplandor, abre los capullos del nenúfar, la luz de este poema despliega los pétalos de la inteligencia humana.
(Estrofas 85 y 86 del Capítulo I del ya mencionado Adi Parva.)
La realidad es - sus lectores lo experimentamos una y otra vez - las páginas del Mahabharata abren la mente, templan la sensibilidad, aumentan la capacidad de analizar y comprender y, por lo tanto, ayudan a que la cotidianidad sea más rica, consciente y feliz.
Porque, para decirlo sin duda mejor con palabras del propio Adi Parva (I.84):
En un mundo rodeado por las tinieblas de la ignorancia. este poema - como si fuera un remedio contra la ceguera - abre los ojos al Conocimiento (3).
(1) Buena parte del Adi Parva, o Libro del Comienzo (Adi: Comienzo, Parva: Libro) describe el contenido y la intención del propio Mahabharata; se trata, muy probablemente, del primer ejemplo del metaliteratura, o de literatura sobre ella misma. La citas de este artículo provienen de dicho libro.
(2) Estos cuatro objetivos de la vida de las personas constituyen el "purusharta" (finalidad humanas) : dharma (virtud), artha (riqueza), kama (placer) y moksha (liberación). Son una de las bases del hinduismo. Más abajo, en la versión de las estrofas 85 y 86 del Capítulo I, se proponen traducciones alternativas: deber, provecho, deseo y trascendencia.
(3) ¿Puede haber mejor propósito para el 2015 que leer - o releer - el Mahabharata? Además de la ediciones disponibles en librerías y bibliotecas, el texto también es accesible en internet, ya sea en versiones íntegras o resumidas, en inglés y francés, pero gratuitas.
Lo que no está en este poema no se encuentra en ningún otro lugar.
Se ponen así de relieve dos aspectos fundamentales de este extraordinario poema épico de la literatura sánscrita.
Por un lado, se alude a la sorprendente extensión de la obra: doscientos mil versos conforman, mediante un millón ochocientas mil palabras, una narración contenida en dieciocho libros que incluyen, a su vez, un número variables de otros libros menores. El resultado es un volumen gigantesco: diez veces la Ilíada y la Odisea juntas, o bien cuatro Biblias seguidas, una detrás de otra.
Su contenido es también maravillosamente rico: un núcleo de protagonistas, formado por una veintena de reyes y reinas, guerreros, sacerdotes, sabios y dioses, un centenar de importantes otros personajes y más de un millar de caracteres auxiliares, desarrollan un dramático argumento principal que es acompañado por todo tipo de narraciones secundarias y de tratados sobre las materias más diversas - entre ellos el deslumbrante fulgor espiritual del Bhagavad Gita -, cada uno de ellos merecedores, por separado y méritos propios, de una lectura atenta y placentera.
Pero la cita - que corresponde a la estrofa 53 del capítulo LXIII del Adi Parva (1) - no es completa. El texto íntegro de dicha estrofa afirma:
Todo lo dicho hasta ahora sobre la virtud, la riqueza, el placer y la liberación (2) se puede encontrar en otros lugares, pero... ¡lo que no está en este poema no está en ningún otro sitio!
En efecto, a través de los variadísimos textos que contiene, el poema muestra los conflictos, virtudes, vicios y demás circunstancias y afanes de hombres y mujeres, a lo largo de los tiempos y en todas partes. El Mahabharata nos revela, con todo detalle y crudeza, lo que hemos convenido en denominar la Condición Humana.
Otras estrofa del mismo Adi Parva (la 385 del Capítulo II) lo confirma:
Así como los pensamientos tienen su base en los sentidos, esta narración establece los cimientos de los deberes y virtudes de la Humanidad.
Así como el Sol dispersa la oscuridad, las palabras de este poema sobre el deber, el provecho, el deseo y las trascendencia diluyen la ignorancia.
Así como la Luna llena,
con su tenue resplandor, abre los capullos del nenúfar, la luz de este poema despliega los pétalos de la inteligencia humana.
(Estrofas 85 y 86 del Capítulo I del ya mencionado Adi Parva.)
La realidad es - sus lectores lo experimentamos una y otra vez - las páginas del Mahabharata abren la mente, templan la sensibilidad, aumentan la capacidad de analizar y comprender y, por lo tanto, ayudan a que la cotidianidad sea más rica, consciente y feliz.
Porque, para decirlo sin duda mejor con palabras del propio Adi Parva (I.84):
En un mundo rodeado por las tinieblas de la ignorancia. este poema - como si fuera un remedio contra la ceguera - abre los ojos al Conocimiento (3).
(1) Buena parte del Adi Parva, o Libro del Comienzo (Adi: Comienzo, Parva: Libro) describe el contenido y la intención del propio Mahabharata; se trata, muy probablemente, del primer ejemplo del metaliteratura, o de literatura sobre ella misma. La citas de este artículo provienen de dicho libro.
(2) Estos cuatro objetivos de la vida de las personas constituyen el "purusharta" (finalidad humanas) : dharma (virtud), artha (riqueza), kama (placer) y moksha (liberación). Son una de las bases del hinduismo. Más abajo, en la versión de las estrofas 85 y 86 del Capítulo I, se proponen traducciones alternativas: deber, provecho, deseo y trascendencia.
(3) ¿Puede haber mejor propósito para el 2015 que leer - o releer - el Mahabharata? Además de la ediciones disponibles en librerías y bibliotecas, el texto también es accesible en internet, ya sea en versiones íntegras o resumidas, en inglés y francés, pero gratuitas.
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