La tradición popular india mantiene viva la devoción a un grupo de cinco mujeres legendarias, protagonistas de varios episodios de la narrativa épica del subcontinente.
Tres de ellas - Ahalya, Tara y Mandodari - llegan a nosotros partiendo de los versos del Ramayana. Las otras dos - Kunti y Draupadi - provienen de las páginas del Mahabharata.
Las Panchakanya - pancha: cinco, kanya: virgen -, como son conocidas, siguen siendo hoy veneradas como mujeres ejemplares, más allá de maridos, hijos, padres, poliandrias o adulterios, además de los trágicos acontecimientos de los que son protagonistas.
Estos iconos de la perenne identidad femenina sobrepasan el papel de hijas, esposas o madres de personajes masculinos relevantes y despliegan sus propios destinos individuales, admirables por parte de todos, en todas las épocas.
Ramayana. Impulso centrípeto
Ahalya, por ejemplo, joven esposa de Gautama - uno de los ancianos Siete Sabios de la tradición hindú - es seducida por Indra, personificación del soberano de la jerarquía celestial. Maldita por adúltera y condenada a ser invisible . o, tal vez, a convertirse en guijarro - recupera toda su dignidad debido a su devoción a Rama, una de las encarnaciones de Vishnu, el principio benefactor divinizado.
Las otras dos kanya del Ramayana tienen intervenciones destacadas en los hechos que las rodean.
Tara, la esposa del rey Vali - ambos cónyuges simios humanizados - supuestamente viuda, es forzada a casarse con su cuñado, precipitadamente nombrado nuevo monarca. Cuando Vali regresa, sólo la inteligencia y bondad de Tara evitan, en parte al menos, un venganza bélica literalmente fratricida.
Por su parte, Mandodari, la esposa del demoníaco rey Ravana, el raptor de Sita que desencadena con su delito la guerra emprendida por su legítimo marido. A pesar de no conseguir la liberación de Sita, el amor incondicional de Mandodari por su esposo permanece como ejemplo de afecto conyugal.
Mahabharata. Más arriba, más lejos
A su vez, Kunti y su nuera Draupadi comparten parentesco, escenario literario en el Mahabharata y poliandria, además de destierros y las consecuencias de una guerra de exterminio.
Kunti tiene cuatro hijos naturales, pero permanece inmaculada después de cada fecundación. El primero - ilegítimo - con el dios Surya, es decir el símbolo del Sol, y los otros tres, mientras está formalmente casada con el rey Pandu - condenado a no tener descendencia biológica -, con otros tantos divinizaciones: Dharma (el Deber), Vayu (el Viento) e Indra. Adopta también a los dos gemelos de la segunda mujer del marido, que consta así como padre formal de cinco hijos, conocidos como Pandava.
Draupadi, finalmente, se casa simultáneamente con los cinco hermanos acabados de mencionar y, el igual que su suegra, recupera la virginidad después de estar con cada uno de ellos. Su íntima fidelidad a cada uno de sus maridos y, sobre todo, a ella misma la convierten en objeto de todo tipo de humillaciones y agresiones que no consiguen doblegar su majestuosa dignidad.
En cualquier caso, ambas son, por su sabiduría y autoridad, las verdaderas - aunque secretas - cabezas de familia de sus respectivos hogares y resultan decisivas en las vidas de los hombres que las rodean.
Dignidad imperturbable
Pero por encima de todas estas intrincadas trayectorias personales, las kanya comparten claros rasgos comunes que son, en definitiva, lo que las convierte en arquetipos.
Ninguna de ellas tiene, por motivos diversos, un modelo materno que les muestre el pretendido rol social de las mujeres y todas sufren pérdidas familiares graves (hijos, maridos, padres...) y el maltrato, a menudo físico, de una sociedas ferozmente discriminatoria. Sin embargo, cuestionan el concepto tradicional de matrimonio y maternidad, que confina a la mujer a funciones puramente biológicas, van más allá y se convieten en ejemplos éticos colectivos.
Permanecen vírgenes, puesto que su pureza se asienta en el hecho de no romper ningún código humano, excepto las injustas ortodoxias de las sociedades patriarcales. Esta es la razón por la que nunca pierden su verdadera integridad.
Distinguen lo correcto del error. Persisten en sus convicciones a pesar de todos los obstáculos. Muestran siempre una profunda sabiduría, un conocimiento superior del sentido real de la vida. Demuestran una imperturbable fortaleza espiritual.
Es, sin duda, por este motivo que su testimonio - y su mantra - continúan tan presentes:
El recuerdo de las cinco vírgenes sagradas
- Ahalya, Draupadi, Kunti, Tara y Mandodari -
vence incluso a las mayores dificultades.
miércoles, 15 de octubre de 2014
sábado, 13 de septiembre de 2014
ESTAMENTOS, COLORES, FUNCIONES... OTRO LEGADO QUE TAMBIÉN PERDURA
Ya desde el principio, los pueblos indoeuropeos consideramos que la sociedad está compuesta por diversos estamentos, cada uno de los cuales tiene una función específica, distinta de la de los demás.
El propio Rigveda - la colección de himnos de los indo-arios, recopilada alrededor de 1700 aC, pero que incluye referencias a fenómenos astronómicos ocurridos hacia 4000 aC - recoge este punto de vista.
El poema Purushasukta (Himno de Purusha), que narra la creación del universo por el mítico Hombre Cósmico, proclama:
Su boca se convirtió en el Brahmán,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos formaron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Siervos.
(RV 10.90.12)
Esta división de la sociedad según las funciones - llamadas varna (color en sánscrito) - desarrolladas por los humanos fue codificada no mucho más tarde por el legendario sabio Manu que, a través de sus Leyes, asignó unas tareas determinadas a cada tipo de persona.
El brahmán, es decir, el sacerdote, estudia y enseña las Escrituras, celebra sacrificios y hace y recibe ofrendas; el kshatriya, o guerrero, tiene el deber de proteger a los demás; el vaishya, agricultor o comerciante, debe cuidar el ganado, cultivar la tierra o hacer negocios; por último, el shudra, o criado, tiene como función servir a los tres anteriores.
La doctrina según la cual cada uno nace en uno u otro estamento - y tiene, por tanto, unas obligaciones y no otras - depende de su karma o, dicho de otro modo y simplificando mucho, de las acciones buenas o malas llevadas a cabo durante la existencia, que modelan su consciencia y condicionan sus vidas futuras.
El Bhagavad Gita - uno de los textos más populares del hinduismo y muy leído en todo el mundo, que insta al cumplimiento del propio deber - deja claro qué determina el dharma - o conjunto de cometidos - de cada uno:
Los deberes de los brahmanes,
los kshatriyas, los vaishyias y los shudras
están distribuidos según las cualidades
que surgen de su propia naturaleza.
(BG 18.41)
Las tres estrofas que siguen a la anterior detallas cuáles son las virtudes correspondientes a cada varna:
Serenidad, autodominio, austeridad, pureza,
tolerancia, honestidad, conocimiento, sabiduría y fe.
Estos son los deberes innatos
con los que cumplen los brahmanes.
Heroismo, poder, determinación, destreza en la batalla,
valentía, generosidad y autoridad.
Estos son los deberes innatos
con los que cumplen los kshatriyas.
La agricultura, la ganadería y el comercio
son los deberes innatos de los vaishya,
mientras que el servicio
es el de los shudra.
La estructuración de la sociedad en estamentos es una idea ampliamente compartida. El antropólogo francés Georges Dumézil localizó estos mismos conceptos en, entre otros, los antiguos pueblos iranios, las ideas platónicas sobre la república y en la mitología romana.
Pero no hay porqué ir tan lejos.
La caída del Imperio Romano de Occidente y la subsiguiente eclosión de la sociedad feudal propició la aparición de formas de organización social y política más adaptadas al nuevo estadio histórico y emergieron - ¿o reaparecieron? - colectivos con funcione similares a las desarrolladas anteriormente en distintos lugares del espacio indoeuropeo.
Estas instituciones, o sus equivalentes, permanecen plenamente vigentes ahora mismo: subsisten algunas monarquías, jerarquías religiosas siguen teniendo presencia institucional, peso social y, a menudo, influencia política y cúpulas militares siguen formando parte de las estructuras de muchos estados.
El legado indoeuropeo va más allá de los ámbitos lingüístico y literario. Se trata de un conjunto de valores que ha moldeado nuestra sociedad a lo largo de la historia y que sigue conformándola.
(E incluso, muy probablemente, nuestras propias creencias y comportamientos individuales.)
El propio Rigveda - la colección de himnos de los indo-arios, recopilada alrededor de 1700 aC, pero que incluye referencias a fenómenos astronómicos ocurridos hacia 4000 aC - recoge este punto de vista.
El poema Purushasukta (Himno de Purusha), que narra la creación del universo por el mítico Hombre Cósmico, proclama:
Su boca se convirtió en el Brahmán,
sus brazos fueron el Guerrero,
sus muslos formaron el Pueblo,
de sus pies nacieron los Siervos.
(RV 10.90.12)
Esta división de la sociedad según las funciones - llamadas varna (color en sánscrito) - desarrolladas por los humanos fue codificada no mucho más tarde por el legendario sabio Manu que, a través de sus Leyes, asignó unas tareas determinadas a cada tipo de persona.
El brahmán, es decir, el sacerdote, estudia y enseña las Escrituras, celebra sacrificios y hace y recibe ofrendas; el kshatriya, o guerrero, tiene el deber de proteger a los demás; el vaishya, agricultor o comerciante, debe cuidar el ganado, cultivar la tierra o hacer negocios; por último, el shudra, o criado, tiene como función servir a los tres anteriores.
La doctrina según la cual cada uno nace en uno u otro estamento - y tiene, por tanto, unas obligaciones y no otras - depende de su karma o, dicho de otro modo y simplificando mucho, de las acciones buenas o malas llevadas a cabo durante la existencia, que modelan su consciencia y condicionan sus vidas futuras.
El Bhagavad Gita - uno de los textos más populares del hinduismo y muy leído en todo el mundo, que insta al cumplimiento del propio deber - deja claro qué determina el dharma - o conjunto de cometidos - de cada uno:
Los deberes de los brahmanes,
los kshatriyas, los vaishyias y los shudras
están distribuidos según las cualidades
que surgen de su propia naturaleza.
(BG 18.41)
Las tres estrofas que siguen a la anterior detallas cuáles son las virtudes correspondientes a cada varna:
Serenidad, autodominio, austeridad, pureza,
tolerancia, honestidad, conocimiento, sabiduría y fe.
Estos son los deberes innatos
con los que cumplen los brahmanes.
Heroismo, poder, determinación, destreza en la batalla,
valentía, generosidad y autoridad.
Estos son los deberes innatos
con los que cumplen los kshatriyas.
La agricultura, la ganadería y el comercio
son los deberes innatos de los vaishya,
mientras que el servicio
es el de los shudra.
La estructuración de la sociedad en estamentos es una idea ampliamente compartida. El antropólogo francés Georges Dumézil localizó estos mismos conceptos en, entre otros, los antiguos pueblos iranios, las ideas platónicas sobre la república y en la mitología romana.
Pero no hay porqué ir tan lejos.
La caída del Imperio Romano de Occidente y la subsiguiente eclosión de la sociedad feudal propició la aparición de formas de organización social y política más adaptadas al nuevo estadio histórico y emergieron - ¿o reaparecieron? - colectivos con funcione similares a las desarrolladas anteriormente en distintos lugares del espacio indoeuropeo.
Estas instituciones, o sus equivalentes, permanecen plenamente vigentes ahora mismo: subsisten algunas monarquías, jerarquías religiosas siguen teniendo presencia institucional, peso social y, a menudo, influencia política y cúpulas militares siguen formando parte de las estructuras de muchos estados.
El legado indoeuropeo va más allá de los ámbitos lingüístico y literario. Se trata de un conjunto de valores que ha moldeado nuestra sociedad a lo largo de la historia y que sigue conformándola.
(E incluso, muy probablemente, nuestras propias creencias y comportamientos individuales.)
domingo, 20 de julio de 2014
POSTALES DE RAMA
Leer un buen libro es hacer - literal y literariamente - un gran viaje o, incluso, si así se desea, un Gran Viaje.
Esta afirmación, conocida y reiterativa, es, sin embargo, en el caso del Ramayana - uno de los dos grandes poemas épicos de la literatura sánscrita y objeto de este texto - sorprendentemente exacta: "Rama" es el nombre del protagonista y "ayana", en sánscrito y en este contexto, significa viaje. Ramayana equivale pues a "El viaje de Rama".
La obra describe, básicamente, la historia de Rama - una de las diez encarnaciones del dios Vishnu - y de Sita, su esposa que resulta raptada por Ravana, rey de Lanka. De hecho, el argumento sirve para describir toda la gama de situaciones de la vida de una persona e ilumina sus deberes en distintos cometidos: padre o madre, hijo o hija, esposo o esposa, hermano o hermana, etc.
Desde hace mucho más de tres mil años, los afortunados que escuchamos o leemos este absorbente caudal de historias nos vemos a menudo deslumbrados por versos o incluso estrofas especialmente resplandecientes que se convierten así en mensajes singulares, aparentemente dirigidos a cada uno.
Estas imaginarias postales, enviadas por alguno de los numerosos protagonistas del Ramayana desde los lugares, en los momentos y con los motivos más dispares, podrían contener textos como los siguientes, extraídos de las páginas del propio libro:
- Los pájaros están hechos para volar, los ríos para fluir y cada uno para cumplir con su deber.
- La vida y la muerte, la alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida... Estas dualidades no pueden evitarse... Aprendamos a aceptar aquello que no podemos cambiar.
- Los hombres saludamos la salida del sol con alegría, a causa del retorno de la luz, pero no nos damos cuenta de que cada instante de cada día determina el resto de nuestra vida.
- Sólo los débiles dejan las cosas en manos del destino. Los que confían en sí mismos nunca se fían de la suerte.
- El sabio prevé los infortunios y toma medidas para evitarlos y, si es necesario, para superarlos.
- El tronar de las nubes que ha derramado toda su agua no causa ni una sola gota de lluvia. Los valientes de verdad no hablan en vano; muestran su valor por medio de la acción.
El gran tema del Ramayana es de los valores humanos y, como acabamos de ver, los conceptos que propone siguen plenamente vigentes. Sus páginas muestran la condición humana en toda su diversidad, extensión y profundidad; nos muestra a nosotros mismos.
Los lectores nos convertimos así en viajeros por un universo interminable, en privilegiados receptores de una sabiduría permanente.
Esta afirmación, conocida y reiterativa, es, sin embargo, en el caso del Ramayana - uno de los dos grandes poemas épicos de la literatura sánscrita y objeto de este texto - sorprendentemente exacta: "Rama" es el nombre del protagonista y "ayana", en sánscrito y en este contexto, significa viaje. Ramayana equivale pues a "El viaje de Rama".
La obra describe, básicamente, la historia de Rama - una de las diez encarnaciones del dios Vishnu - y de Sita, su esposa que resulta raptada por Ravana, rey de Lanka. De hecho, el argumento sirve para describir toda la gama de situaciones de la vida de una persona e ilumina sus deberes en distintos cometidos: padre o madre, hijo o hija, esposo o esposa, hermano o hermana, etc.
Desde hace mucho más de tres mil años, los afortunados que escuchamos o leemos este absorbente caudal de historias nos vemos a menudo deslumbrados por versos o incluso estrofas especialmente resplandecientes que se convierten así en mensajes singulares, aparentemente dirigidos a cada uno.
Estas imaginarias postales, enviadas por alguno de los numerosos protagonistas del Ramayana desde los lugares, en los momentos y con los motivos más dispares, podrían contener textos como los siguientes, extraídos de las páginas del propio libro:
- Los pájaros están hechos para volar, los ríos para fluir y cada uno para cumplir con su deber.
- La vida y la muerte, la alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida... Estas dualidades no pueden evitarse... Aprendamos a aceptar aquello que no podemos cambiar.
- Los hombres saludamos la salida del sol con alegría, a causa del retorno de la luz, pero no nos damos cuenta de que cada instante de cada día determina el resto de nuestra vida.
- Sólo los débiles dejan las cosas en manos del destino. Los que confían en sí mismos nunca se fían de la suerte.
- El sabio prevé los infortunios y toma medidas para evitarlos y, si es necesario, para superarlos.
- El tronar de las nubes que ha derramado toda su agua no causa ni una sola gota de lluvia. Los valientes de verdad no hablan en vano; muestran su valor por medio de la acción.
El gran tema del Ramayana es de los valores humanos y, como acabamos de ver, los conceptos que propone siguen plenamente vigentes. Sus páginas muestran la condición humana en toda su diversidad, extensión y profundidad; nos muestra a nosotros mismos.
Los lectores nos convertimos así en viajeros por un universo interminable, en privilegiados receptores de una sabiduría permanente.
sábado, 14 de junio de 2014
PANCHATANTRA. LOS LOROS, LAS GRULLAS Y EL RESTO DE LA FAMILIA
Los loros, como siempre hablan,
atraen al cazador.
Las grullas, que no abren el pico,
viven en libertad.
Estos cuatro versos pertenecen al Panchatantra, una divertida recopilación de fábulas, la gran mayoría protagonizadas por animales con comportamientos humanos, atribuida a Vishnu Sharma y escrita en sásnscrito hacia el s. III aC, pero que bien podría haber sido compuesta en época muy anterior.
Presentado como un manual para instruir a tres príncipes especialmente cortos de mollera, el libro explica en cinco capítulos (de ahí su nombre: pancha, cinco; tantra: en este contexto, libro) y más de doscientas historias como conseguir salir airoso de las situaciones más diversas.
Se trata de una obra muy popular en la India, donde se ha utilizado ininterrumpidamente para educar e instruir, pero también, incluso, en la actualidad, para establecer modelos de gestión empresarial.
Más o menos coetáneo con las fábulas de Esopo, el Panchatantra ha tenido una larga trayectoria, con una primera traducción al persa en el s. IV, con el nombre de Kalila wa Dimna, de la que derivan versiones en árabe que, a su vez, dieron origen a versiones en la mayoría de las lenguas europeas.
Existe también una versión refundida en la propia India en el s. XII con el nombre de Hitopadesha y multitud de resúmenes, selecciones e imitaciones.Ramón Llull recogió su espíritu en su famoso Libro de las Bestias.
Este fecundo proceso queda bien reflejado en otra de sus estrofas:
Quien tiene la mente estrecha
piensa: "ésto es mio, ésto es suyo",
pero, para una persona de gran corazón,
todos son como de la familia.
atraen al cazador.
Las grullas, que no abren el pico,
viven en libertad.
Estos cuatro versos pertenecen al Panchatantra, una divertida recopilación de fábulas, la gran mayoría protagonizadas por animales con comportamientos humanos, atribuida a Vishnu Sharma y escrita en sásnscrito hacia el s. III aC, pero que bien podría haber sido compuesta en época muy anterior.
Presentado como un manual para instruir a tres príncipes especialmente cortos de mollera, el libro explica en cinco capítulos (de ahí su nombre: pancha, cinco; tantra: en este contexto, libro) y más de doscientas historias como conseguir salir airoso de las situaciones más diversas.
Se trata de una obra muy popular en la India, donde se ha utilizado ininterrumpidamente para educar e instruir, pero también, incluso, en la actualidad, para establecer modelos de gestión empresarial.
Más o menos coetáneo con las fábulas de Esopo, el Panchatantra ha tenido una larga trayectoria, con una primera traducción al persa en el s. IV, con el nombre de Kalila wa Dimna, de la que derivan versiones en árabe que, a su vez, dieron origen a versiones en la mayoría de las lenguas europeas.
Existe también una versión refundida en la propia India en el s. XII con el nombre de Hitopadesha y multitud de resúmenes, selecciones e imitaciones.Ramón Llull recogió su espíritu en su famoso Libro de las Bestias.
Este fecundo proceso queda bien reflejado en otra de sus estrofas:
Quien tiene la mente estrecha
piensa: "ésto es mio, ésto es suyo",
pero, para una persona de gran corazón,
todos son como de la familia.
jueves, 8 de mayo de 2014
LOS 108 NOMBRES DEL SOL
Cuando, preocupado por alimentar a los numerosos súbditos que le acompañaban al exilio, Yudhisthira pidió consejo al sabio Dhaumya, éste, habiendo meditado largamente, le explicó como el Sol aspiraba el agua de la tierra y la convería en vapor que luego transformaba en nubes y, posteriormente, en lluvia. La lluvia, a su vez, fecundaba a los vegetales con los que se alimentan todos los seres vivos (1).
Concluyó su respuesta afirmando:
Así pues, en última instancia, el alimento que sostiene la vida es el propio Sol. Él es el padre de todos los seres. Es en él en quien tienes que guarecerte.
A continuación, Vaishampayana, el narrador del Mahabharata, se dirigió al lector y le dijo:
Oh, alma devota, escucha los 108 nombres del Sol (2) tal y como fueron dichos por Dhaumya al ilustre Yudhisthira:
Surya, Aryaman, Bhaga, Twastri, Pusha, Arka, Savitri, Ravi, Gabhastimat, Aja, Kala, Mrityu, Dhatri, Prabhakara, Prithibi, Apa, Tja, Kha, Vayu, Parayana, Soma, Vrihaspati, Shukri, Budha, Angaraka, Indra, Vivaswat, Diptanshu, Suchi, Sauri, Sanaichara, Brahma, Vishnu, Rudra, Skanda, Vaisravana, Yama, Vaidyutagni, Jatharagni, Aindhna, Tejasampati, Dharmadhwaja, Vedkartri, Vedanga, Vedavahana, Krita, Treta, Dwapara, Kali, Kala, Kastha, Muhurtta, Kshapa, Yama, Ikshana, Samvatsara-kara, Aswattha, Kalachakra, Bibhavasu, Purusha, Saswata, Yogui, Vyaktavyakta, Sanatana, Kaladhyaksha, Prajadhyaksha, Viswakarma, Tamounda, Varuna, Sagara, Ansu, Jimuta, Jivana, Arihan, Bhutasraya, Bhutapati, Srastri, Samvartaka, Vanha, Sarvati, Alioplupa, Ananta, Kapila, Bhanu, Kamada, Sarvatomukha, Jaya, Visalia, Varada, Manas, Suparna, Bhutadi, Sighraga, Prandharana, Dhanwantari, Dhumaketu, Adideva, Aditisuta, Dwandasatman, Aravindaksha, Pitri, Matri, Pitamaha, Swargadara, Projadwara, Mokshadara, Prasanatma, Viswatma, Vishwatamukha, Characharatman, Sukshatma y el misericordioso Maitra (3).
El propio Dhaumya complementó esta lista explicando a su interlocutor los beneficios de todo tipo que supone invocar al Sol:
Quien recita con devoción este himno al levantarse el Sol obtiene consorte, descendencia, riqueza y el recuerdo de sus vida anterior. También consigue paciencia y memoria, queda protegido contra toda aflicción y obtiene todo lo que desea tal y como lo desea.
(1) Este episodio figura en el tercer capítulo del Araniaka Parva, que forma parte, a su vez, del tercer libro (Vana Parva) del Mahabharata.
(2) Además de aparecer en el Mahabharata, la cifra 108, está también presente en muchos otros contextos,desde la Odisea la budismo, así como los deportes, el manga, Stonehenge, la numerología hebrea, etc.
(3) Esta relación incluye 113 nombres en lugar de los 108 anunciados. Otras listas presentan otros totales (112, 115...) y algunos nombres de dioses distintos. Se trata, sin duda, de diferencias entre las diversas tradiciones en las que se venera el Sol.
Concluyó su respuesta afirmando:
Así pues, en última instancia, el alimento que sostiene la vida es el propio Sol. Él es el padre de todos los seres. Es en él en quien tienes que guarecerte.
A continuación, Vaishampayana, el narrador del Mahabharata, se dirigió al lector y le dijo:
Oh, alma devota, escucha los 108 nombres del Sol (2) tal y como fueron dichos por Dhaumya al ilustre Yudhisthira:
Surya, Aryaman, Bhaga, Twastri, Pusha, Arka, Savitri, Ravi, Gabhastimat, Aja, Kala, Mrityu, Dhatri, Prabhakara, Prithibi, Apa, Tja, Kha, Vayu, Parayana, Soma, Vrihaspati, Shukri, Budha, Angaraka, Indra, Vivaswat, Diptanshu, Suchi, Sauri, Sanaichara, Brahma, Vishnu, Rudra, Skanda, Vaisravana, Yama, Vaidyutagni, Jatharagni, Aindhna, Tejasampati, Dharmadhwaja, Vedkartri, Vedanga, Vedavahana, Krita, Treta, Dwapara, Kali, Kala, Kastha, Muhurtta, Kshapa, Yama, Ikshana, Samvatsara-kara, Aswattha, Kalachakra, Bibhavasu, Purusha, Saswata, Yogui, Vyaktavyakta, Sanatana, Kaladhyaksha, Prajadhyaksha, Viswakarma, Tamounda, Varuna, Sagara, Ansu, Jimuta, Jivana, Arihan, Bhutasraya, Bhutapati, Srastri, Samvartaka, Vanha, Sarvati, Alioplupa, Ananta, Kapila, Bhanu, Kamada, Sarvatomukha, Jaya, Visalia, Varada, Manas, Suparna, Bhutadi, Sighraga, Prandharana, Dhanwantari, Dhumaketu, Adideva, Aditisuta, Dwandasatman, Aravindaksha, Pitri, Matri, Pitamaha, Swargadara, Projadwara, Mokshadara, Prasanatma, Viswatma, Vishwatamukha, Characharatman, Sukshatma y el misericordioso Maitra (3).
El propio Dhaumya complementó esta lista explicando a su interlocutor los beneficios de todo tipo que supone invocar al Sol:
Quien recita con devoción este himno al levantarse el Sol obtiene consorte, descendencia, riqueza y el recuerdo de sus vida anterior. También consigue paciencia y memoria, queda protegido contra toda aflicción y obtiene todo lo que desea tal y como lo desea.
(1) Este episodio figura en el tercer capítulo del Araniaka Parva, que forma parte, a su vez, del tercer libro (Vana Parva) del Mahabharata.
(2) Además de aparecer en el Mahabharata, la cifra 108, está también presente en muchos otros contextos,desde la Odisea la budismo, así como los deportes, el manga, Stonehenge, la numerología hebrea, etc.
(3) Esta relación incluye 113 nombres en lugar de los 108 anunciados. Otras listas presentan otros totales (112, 115...) y algunos nombres de dioses distintos. Se trata, sin duda, de diferencias entre las diversas tradiciones en las que se venera el Sol.
sábado, 12 de abril de 2014
BHAGAVAD GITA: EL LIBRO QUE LEÍA GANDHI
Los lectores de Gandhi nos encontramos a menudo con esta cita literal de sus palabras:
Cuando las dudas me persiguen y las decepciones me miran fijamente, cuando no veo ni un ápice de esperanza, me dirijo al Bhagavad Gita y siempre encuentro algún verso que me consuela.
Entonces comienzo a sonreir en medio de la tristeza.
Luego, a medida que la lectura continúa, las frecuentes referencias al Gita confirman la predilección del Mahatma por esta breve obra maestra sobre el comportamiento ético que, felizmente, el sánscrito nos ha legado.
En su autobiografía, Gandhi explica cómo el poema se convirtió en su libro de cabecera. Para ilustrar como la obra le ayudó en numerosos momentos cruciales, reproduce diversas estrofas:
Los placeres de los sentidos
se diluyen cuando se les abandona,
pero el deseo continúa.
Ahora bien, incluso el deseo desaparece
para quien ha visto el Absoluto.
2.59
En quien piensa en los objetos de los sentidos
surge la atracción hacia ellos;
la atracción crea deseo
y del deseo nace la cólera.
La cólera lleva al error,
del error nace la incapacidad de razonar;
la incapacidad de razonar
conduce a la muerte.
2.62-63
Otros comentarios de Gandhi confirman que su relación con el Bhagavad Gita fue especialmente estrecha e insisten en que se trataba de su "diccionario de uso cotidiano", de su "infalible guía de conducta".
Los elogios del Mahatma se añaden a las alabanzas de Huxley, Oppenheimer, Thoreau, Hesse, Einstein...
El Gita - que incluye, además, fragmentos de gran belleza poética y una síntesis de las filosofías hinduistas - es una lectura verdaderamente recomendable, tal vez, incluso, imprescindible.
Cuando las dudas me persiguen y las decepciones me miran fijamente, cuando no veo ni un ápice de esperanza, me dirijo al Bhagavad Gita y siempre encuentro algún verso que me consuela.
Entonces comienzo a sonreir en medio de la tristeza.
En su autobiografía, Gandhi explica cómo el poema se convirtió en su libro de cabecera. Para ilustrar como la obra le ayudó en numerosos momentos cruciales, reproduce diversas estrofas:
Los placeres de los sentidos
se diluyen cuando se les abandona,
pero el deseo continúa.
Ahora bien, incluso el deseo desaparece
para quien ha visto el Absoluto.
2.59
En quien piensa en los objetos de los sentidos
surge la atracción hacia ellos;
la atracción crea deseo
y del deseo nace la cólera.
La cólera lleva al error,
del error nace la incapacidad de razonar;
la incapacidad de razonar
conduce a la muerte.
2.62-63
Otros comentarios de Gandhi confirman que su relación con el Bhagavad Gita fue especialmente estrecha e insisten en que se trataba de su "diccionario de uso cotidiano", de su "infalible guía de conducta".
Los elogios del Mahatma se añaden a las alabanzas de Huxley, Oppenheimer, Thoreau, Hesse, Einstein...
El Gita - que incluye, además, fragmentos de gran belleza poética y una síntesis de las filosofías hinduistas - es una lectura verdaderamente recomendable, tal vez, incluso, imprescindible.
lunes, 24 de marzo de 2014
BHAGAVAD GITA; AHORA MISMO, EXACTAMENTE AQUÍ
Para decirlo en contraste con la fórmula inicial de una famosa serie de películas de ciencia ficción (*) - y como sabemos sus lectores -, el Bhagavad Gita no es un libro situado ni en algún momento del pasado, ni en ninguna galaxia.
En realidad, desde las primeras palabras de la primera estrofa ("En el campo del deber..."), queda claro que la narración se desarrolla de manera permanente en el tiempo y está, por lo tanto, dotada de la sorprendente capacidad de activarse y convertirse en pertinente en cada una de sus lecturas:
En el campo del deber,
en el país de los Kuru,
qué hacen, beligerantes,
mis hijos y los Pandava,
pregunta Dhritarashtra a Sanjaya.
(1.1)
En el resto de esta breve pero intensa obra maestra de la literatura sánscrita, y más allá de simbologías efímeras, los valores que el dios Krishna transmite al desorientado héroe Arjuna - que duda si combatir o no contra parientes, maestros y amigos - tienen una validez universal y se revelan especialmente útiles cuando, en cualquier esfera de los quehaceres humanos, hay que elegir entre alternativas aparentemente equivalentes.
En muy somero resumen, para resolver las dudas, el Bhagavad Gita aconseja actuar de manera desinterasada, siendo siempre fiel a uno mismo y teniendo en cuenta que la acción siempre es preferible a la inacción:
Céntrate en la acción,
no en sus consecuencias.
No creas tampoco que eres la causa
de ningún resultado.
(2.47)
Cumple con tu deber.
Nada puede ser más bienvenido
que un acción acorde con la propia naturaleza.
Vacilar ante este dilema es inútil.
(2.31)
Ni por un momento puede un hombre
estar sin actividad.
Todos somos conducidos a la acción
por las fuerzas de la naturaleza.
(3.5)
El propio Bhagavad Gita destaca la utilidad permanente de los valores que preconiza, sobre todo en momentos de crisis:
Cuando la virtud duda
y la incertidumbre reina,
mi espíritu
aparece sobre la Tierra.
(4.7)
Explorar las páginas del Bhagavad Gita es explorar un camino de serenidad y plenitud. Se trata de un camino posible... ahora mismo, exactamente aquí.
(*) La guerra de las galaxias: "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...".
En el campo del deber,
en el país de los Kuru,
qué hacen, beligerantes,
mis hijos y los Pandava,
pregunta Dhritarashtra a Sanjaya.
(1.1)
En el resto de esta breve pero intensa obra maestra de la literatura sánscrita, y más allá de simbologías efímeras, los valores que el dios Krishna transmite al desorientado héroe Arjuna - que duda si combatir o no contra parientes, maestros y amigos - tienen una validez universal y se revelan especialmente útiles cuando, en cualquier esfera de los quehaceres humanos, hay que elegir entre alternativas aparentemente equivalentes.
En muy somero resumen, para resolver las dudas, el Bhagavad Gita aconseja actuar de manera desinterasada, siendo siempre fiel a uno mismo y teniendo en cuenta que la acción siempre es preferible a la inacción:
Céntrate en la acción,
no en sus consecuencias.
No creas tampoco que eres la causa
de ningún resultado.
(2.47)
Cumple con tu deber.
Nada puede ser más bienvenido
que un acción acorde con la propia naturaleza.
Vacilar ante este dilema es inútil.
(2.31)
Ni por un momento puede un hombre
estar sin actividad.
Todos somos conducidos a la acción
por las fuerzas de la naturaleza.
(3.5)
El propio Bhagavad Gita destaca la utilidad permanente de los valores que preconiza, sobre todo en momentos de crisis:
Cuando la virtud duda
y la incertidumbre reina,
mi espíritu
aparece sobre la Tierra.
(4.7)
Explorar las páginas del Bhagavad Gita es explorar un camino de serenidad y plenitud. Se trata de un camino posible... ahora mismo, exactamente aquí.
(*) La guerra de las galaxias: "Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...".
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